Opinión

El ataque de Kast a Evelyn Matthei: «si crías cuervos, te sacarán los ojos»

Es un gesto que alerta sobre la vileza de la ultraderecha y sus falsos discursos de unidad y seguridad, y sobre el peligro de una práctica política en que el fin justifica los medios exaltando la violencia social.

Durante la Guerra civil española una de las organizaciones más importantes creada por el falangismo[1] fue la llamada Sección femenina, organización creada en 1934 dirigida por y para mujeres a las que Francisco Franco -dictador español – le dio diversas funciones como, por ejemplo, ser encargadas del Auxilio social y el Servicio social de mujeres y que llegó a tener hasta 1974 (fecha de su disolución) 279. 697 militantes.

De forma transversal, estuvo a cargo de propagar el ideario de género del franquismo basado en una feminidad ultra tradicional de abnegación y sumisión en oposición a la masculinidad asociada a la autoridad y el poder, y también en oposición a otras mujeres (especialmente las mujeres republicanas) consideradas como enemigas del orden social y la moral.

Estos antagonismos e idearios fueron esenciales para la creación de un proyecto nacionalista que se impuso en España con la dictadura de Franco y de corte fascista. Estas autodenominadas mujeres “azules” (en clara oposición a las mujeres “rojas) fueron las principales promotoras de la figura de lo que la historia de las mujeres ha llamado, el ángel del hogar o perfecta dueña de casa que se instaura durante la postguerra: una mujer abnegada, que comulga irrestrictamente con los valores católicos del matrimonio y la sumisión, madre y esposa excepcional, responsable de cada una de las tareas del hogar y dispuestas a sacrificar todos los ámbitos de sus vidas en pro de la familia y el bienestar conyugal.

Pero lo interesante de la Sección Femenina es que a la par que defendía estos valores para todas las mujeres españolas indistintamente su clase social y que las recluía en el hogar, defendía un modelo para sus propias integrantes en que no se hacía mención a su estado civil o su condición de madre, sino a la relevancia de su quehacer cotidiano fuera del hogar, responsable, diligente y disciplinado según los cánones falangistas. La historia de las mujeres ha destacado las fuertes tensiones y contradicciones que habitaban esta organización fascista.

La historiadora Angela Cerrano[2] destaca el esfuerzo de la Falange por mostrarlas como como referentes de autoridad femenina por su contribución “a la marcha de nuestra historia” encarnando de forma excepcional, ideales masculinos junto a los ideales asociados al ángel del hogar.

Esta parte de la historia de las mujeres muestra las contradictorias y problemáticas convenciones que la derecha regularmente  impone las mujeres dentro y fuera de los partidos, en que pareciera que su acceso a la política es bajo la condición de no abandonar su rol domestico de sumisión frente a los varones, rol que sin lugar a dudas, forma parte de un proyecto político conservador que propone de forma explícita retroceder en derechos de las mujeres y bajo los ideales de restaurar el orden y la autoridad.

Por eso, no es de extrañar, que no duden en usar recursos como la caricaturización de sus propias militantes y/o aliadas políticas como el denunciado por la misma Evelyn Matthei -contracampaña en que se señala que sufre de Alzheimer- pues las mujeres para esta ideología supremacista y que encarna fielmente el Partido Republicano no son sino meros objetos de satisfacción y ganancia personal, imagen expresada por su mismo candidato Axel Kaiser en declaraciones tales como el “62% de las mujeres tiene la fantasía de ser violadas y al mismo tiempo salen a la calle a protestar”, o que “ya casi no existen mujeres que quieran quedarse en la casa para servir y dar placer al marido”.

La denuncia de la candidata Matthei evidencia que, cuando las mujeres de derecha ponen en peligro las probabilidades de los varones de ganar elecciones al interior de sus partidos o coaliciones, estos no dudan en usar artimañas para re posicionar a estas mujeres en el lugar secundario que ellos han definido como los correctos, utilizando el insulto y la ofensa no como una error del discurso sino que como estrategia política sistemática y concertada que no solo violenta a las mujeres que participan en la política, sino que a todas las mujeres mayores del mundo,  en una clara alusión de que cuando las mujeres llegan a cierta edad esto no significa sabiduría ni prudencia -adjetivos con los cuales se trata a los políticos varones mayores o ancianos- sino, demencia e irracionalidad.

El gesto de Jeanette Jara de solidarizar con la candidata de derecha es un valioso aporte, aunque insuficiente para una nueva política que asuma el cuidado como su condición y que visibilice los obstáculos que deben sortear las mujeres y las minorías en el espacio público.

También es un gesto que alerta sobre la vileza de la ultraderecha y sus falsos discursos de unidad y seguridad, y sobre el peligro de una práctica política en que el fin justifica los medios exaltando la violencia social. La candidata de izquierda ha abierto el camino para decir con fuerza que es inaceptable recurrir a las múltiples violencias simbólicas de género, hacia los adultos mayores o en salud mental, que usa la caricaturización de condiciones dolorosas como el Mal de Alzheimer, para despejar el camino electoral y sacar a quienes ven como sus enemigas en sus propias filas.

El ataque a Matthei (que no es el primero de parte de sus aliados) nos recuerda que, el derecho de las mujeres de cualquier edad y color político a una vida libre de violencia de género siempre está en peligro de ser debilitado o arrebatado por quienes no lograr asumir los valores de la vida moderna. Por último, nos alerta de que, si crías cuervos, te sacarán los ojos.


[1] La Falange fue un partido político fundado en los años 30 del siglo XX en España, cuya ideología se inspiró en el fascismo italiano y sirvió de base al régimen franquista.

[2] Cenarro, Ángela . (2017). La Falange es un modo de ser (mujer): discursos e identidades de género

 en las publicaciones de la Sección Femenina (1938-1945). Historia y Política, 37, 91-120. 

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Claudia Calquin Donoso
Sobre la autora / el autor
Claudia Calquin Donoso
Académica, Escuela de psicología, Universidad de Santiago de Chile.
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