De la “primera línea” al Partido de la Gente: Elecciones Presidenciales 2021 y ciclo político en Chile
Foto: Agencia Uno
El proceso de reordenamiento del sistema de partidos, que el estallido social aceleró, sigue su curso, y por lo pronto no hay señales de que hayamos llegado a una estabilización. Lo nuevo aún no termina de emerger, y lo viejo pugna con relativo éxito por quedarse.
Los resultados de la primera vuelta de la elección presidencial del domingo 21 de noviembre fueron sorpresivos para muchos. El candidato de la extrema derecha, José Antonio Kast (Partido Republicano) se impuso en primer lugar con un 27,9% (1.96M de votos), desplazando a el candidato de la izquierda Gabriel Boric (Apruebo Dignidad, la coalición del Frente Amplio y el Partido Comunista), quien debió conformarse con un 25,8% (1.81M de votos). Así las cosas, Kast y Boric se enfrentarán en la segunda vuelta que deberá celebrarse el próximo 19 de diciembre ¿Hasta qué punto, y en que modos, la revuelta social de 2019 ha influido en el actual ciclo electoral? ¿Era realista esperar que estas elecciones replicaran los resultados de la elección para la convención constitucional de mayo pasado? ¿Cuáles son las implicaciones de la primera mayoría de Kast para el proceso de cambio institucional y constitucional?
Las elecciones de diciembre muestran que la derecha ha reaccionado al estallido popular a la defensiva, adoptando una posición de trinchera. El sector, en su mayoría, no cree que el estallido social sea expresión de una inestabilidad inherente al orden vigente –un sistema político con fallas de legitimidad y un sistema económico demasiado desigual–, y siguen siendo pocos quienes defienden que es necesario atender a la base de esos problemas con reformas y política.
El aparente éxito de Kast en aglutinar al sector detrás de su liderazgo, muestra que el sector se ha polarizado, que las pulsiones autoritarias mantienen centralidad, y que los viejos fantasmas históricos la siguen obsesionando. El campo progresista, por su parte, enfrenta la necesidad de aliarse para evitar un mal mayor, pero arriesga que la amplitud de su alianza neutralice el necesario impulso reformista. Es un hecho que la conformación del parlamento no hará fácil la tramitación de iniciativas. La urgencia de cambios puede chocar con la dificultad para darles viabilidad política e implementarlos, mientras la ciudadanía aun no ve reformas de calado en los temas que la llevaron a las calles en octubre de 2019.
El proceso de reordenamiento del sistema de partidos, que el estallido social aceleró, sigue su curso, y por lo pronto no hay señales de que hayamos llegado a una estabilización. Lo nuevo aún no termina de emerger, y lo viejo pugna con relativo éxito por quedarse. No hace mucho, se solía indicar que la Lista del Pueblo (LdP) era el único hijo legítimo de la revuelta de octubre de 2019. A finales de 2021, y desaparecida la LdP, podemos corregir esa observación: hoy ese lugar lo ocupan el PdG y Parisi.
Los hechos más relevantes que se derivan de la elección del domingo 21 de noviembre son los siguientes:
- el electorado está fragmentado. No emerge de la jornada electoral un partido mayoritario o claramente dominante, como en el pasado. Esta segunda vuelta enfrentará a dos candidatos que, sumados, concentran apenas el 54% de las preferencias de la primera vuelta, la cifra más baja desde que se celebran dos vueltas en elecciones presidenciales (1999)[1]. Las tres primeras mayorías fueron ocupadas por candidatos que pertenecen a partidos de creación reciente, mientras que solo uno de cada cuatro electores prefirió a un candidato de las coaliciones “viejas”, que prevalecieron y gobernaron en las últimas tres décadas (Sebastián Sichel por la centro-derecha, y Yasna Provoste por la ex Concertación). A destacar es el caso de Parisi, un outsider que no pisó el territorio nacional, que hizo una fuerte campaña en redes sociales, y cuyos gastos electorales fueron muy inferiores a sus competidores más establecidos. La segunda vuelta se presenta abierta y de resultado incierto. Aunque la ventaja que tomó Kast respecto a Boric en la primera vuelta, de 150 mil votos, parece remontable, el ultraderechista parte con la ventaja de haberse impuesto el domingo 21. Además, y al menos en el papel, éste cuenta con un espacio natural para crecer en parte considerable de los votantes de Sichel y de Parisi, lo que lo aproximaría al 50% necesario para imponerse en la segunda vuelta.
- los partidos políticos tradicionales, de la derecha, el centro y la izquierda, que gobernaron con cómodas mayorías desde el restablecimiento de la democracia en 1990, hoy representan una porción pequeña del electorado. Los liderazgos que le propusieron a la ciudadanía convencieron solo a menos de la cuarta parte de los votantes. Sin embargo, la fotografía es menos amarga en la configuración del parlamento.
- hay nuevas formaciones emergentes, a derecha e izquierda, y también por fuera del clivaje tradicional de izquierda-derecha, que consiguen atraer a la mayoría del electorado. Esta es una tendencia que ya venía al alza en elecciones presidenciales, al menos desde 2009 cuando Marco Enríquez-Ominami rompió con la Concertación para presentarse como candidato independiente (cosechando un meritorio tercer lugar y 1,4M de votos). En 2017, la independiente Beatriz Sánchez (apoyada por el FA) también obtuvo el tercer lugar. La novedad de 2021 es que, si en el pasado dichas candidaturas de impugnación de los partidos tradicionales se habían planteado solo en el espacio de la centro-izquierda y/o habían tenido efectos limitados (como el mismo Parisi en 2013), hoy esas opciones desafían también a la derecha tradicional y sus efectos son generalizados en el sistema de partidos. Kast es un líder desencantado con los giros centristas y concesiones de los partidos de derecha, en materia valórica y económica. En 2021, presenciamos una reconfiguración del campo político, con actores emergentes a ambos lados del clivaje tradicional.
- en la misma línea del punto anterior, emerge con fuerza un partido y un liderazgo anti-establishment, que desafía el clivaje dominante izquierda-derecha. Franco Parisi arriba en tercer lugar (12,3%, 899 mil votos). El Partido de la Gente de Parisi se plantea como alternativa a los viejos partidos, condena el elitismo y los privilegios de los partidos tradicionales, hace de la lucha contra la corrupción una de sus banderas principales, y se propone como representante fiel del chileno común y corriente que recela de la inmigración y teme a la delincuencia. A diferencia de su aventura presidencial anterior en 2013, cuando cosechó un respetable 10% (666 mil votos), esta vez Parisi construyó un partido que se presentó con éxito a las elecciones parlamentarias y de consejeros regionales, capitalizando la popularidad de su líder. En su primera vez, y casi sin financiamiento, el PdG consiguió 6 diputados y 22 consejeros regionales. Dado el equilibrio de fuerzas entre la derecha y la izquierda en el congreso, esos diputados se anticipan como cruciales en futuras negociaciones parlamentarias. Sin dudas, Parisi intentará aprovechar esa situación para elevar su perfil con vista a futuras citas con las urnas.
- la brecha de participación, entre quienes asisten a las urnas y quienes se quedan en casa, se mantiene en niveles similares a los observados en elecciones anteriores. A nivel nacional, la tasa de participación se sitúa en un 47% (casi medio punto más que en la primera vuelta del 2017), aunque esa cifra esconde importantes diferencias por comuna y región. Si en la Región Metropolitana y la Quinta Región votó casi el 50% del padrón, en las regiones del extremo norte lo hizo poco más del 40%. Los estudios muestran que la brecha de participación tiene también un componente socioeconómico, pues las personas de mayores ingresos y más educación formal votan mucho más que el resto. En Las Condes o Vitacura vota casi el 70%, mientras que en Lo Espejo o Independencia lo hace poco más del 40% del padrón. El auge de candidaturas de outsiders o independientes no se ha reflejado en incrementos de la participación, aunque probablemente haya un grupo relativamente significativo de personas que transiten entre el voto y la abstención.
- las elecciones parlamentarias y de consejeros regionales, resultan en una fotografía más positiva para los partidos tradicionales. Los partidos de derecha como RN y la UDI, y el PDC y el PS en la centroizquierda, retienen importantes cuotas de poder en el congreso. En el senado, los republicanos de Kast consiguieron solo un cupo, mientras que la derecha tradicional (re-nominada Chile Podemos Más) consiguió elegir 12 escaños. La centro-izquierda (Nuevo Pacto Social) eligió 8 senadores, mientras que la coalición Apruebo Dignidad de Boric eligió 4 senadores. Los independientes fuera de pacto consiguieron 2 escaños (destacando aquí la primera mayoría de Fabiola Campillai en la región metropolitana). En la cámara de diputados, a los 15 escaños de los republicanos, se agregan 53 de Chile Podemos Más. Nuevo Pacto Social y Apruebo Dignidad se hicieron con 37 escaños cada uno. El PdG de Parisi consiguió 6 diputados, mientras que otras fuerzas se hicieron con 7 escaños. Estos resultados dan lugar a un relativo equilibrio de fuerzas entre izquierda y derecha, y sitúan al PdG en posición de romper ese virtual empate en cualquier dirección.
¿Cómo interpretar estos resultados?
Gabriel Boric tuvo una performance inferior a la que muchos analistas le auguraban. En efecto, su votación sumó apenas 55 mil votos adicionales a los votantes que acudieron a la primaria presidencial de la izquierda de julio pasado. Boric es primera mayoría solo en la región metropolitana, la cuarta, quinta región, y la región de Magallanes (de la que es oriundo y fue diputado). En las regiones del norte, Kast y Parisi lo superan ampliamente, quedando en tercer lugar en todas ellas, y en las regiones del sur del país no consigue ganar en ninguna. Además, en ninguna región supera el 35% de los votos. Hay comunas donde Boric incluso tuvo un desempeño inferior al de la votación del pacto AD en primarias.
La contundente victoria de Boric en las primarias de la izquierda en julio, consolidó su figura entre un electorado de izquierdas y progresista que valoró sus cualidades personales y trayectoria. Sin embargo, ello ocurrió a costa de asimilarle a un político de partidos de corte más tradicional. Las tendencias populistas, anti-partidos y anti-institucionales que anteceden el ciclo electoral actual y afectan a todo el sistema político, afectaron también al candidato de AD. Tener solvencia y popularidad entre el electorado progresista no es lo mismo que ejercer liderazgo en los sectores populares que se han formado las décadas más recientes. Ello puede explicar el modesto desempeño de Boric, especialmente en aquellos lugares donde Parisi entró con fuerza.
Con todo, cabe también precisar que no es efectivo que Kast ha sobrepasado las fronteras de la derecha tradicional, o que los sectores populares urbanos han visto en él una solución a la inseguridad y precariedad de sus barrios (como sectores asociados a esa candidatura se apresuraron a declarar), o que se esté instalando un ánimo de “ley y orden” generalizado.
En una columna de Pablo Argote y Giancarlo Visconti, los autores muestran con datos de un estudio pre-electoral que Kast representa al votante derechista tradicional, que votó rechazo y tiene una opinión positiva de Pinochet. Argote y Visconti desmienten la existencia de un fenómeno masivo de votante no derechista que se hubiera inclinado por Kast en búsqueda de una figura fuerte que restituyera el orden perdido tras el estallido social de 2019. Así, el desafío de Boric con vista a la segunda vuelta no consiste en recuperar votantes “robados” por Kast, sino más bien en recuperar a porciones significativas de los sectores populares, especialmente en el norte del país (pero no solo allí), que se han visto seducidos por la figura de Franco Parisi. Su propio desempeño, como también el de otras candidaturas independientes como Fabiola Campillai en la senatorial, indican que los discursos anti-establishment son relevantes para porciones significativas del mundo popular.
Para una parte significativa de la sociedad, de los sectores medios y populares –votantes y potenciales votantes–, Gabriel Boric se les presenta como otro ejemplo de un sistema político que se rechaza o se teme. Para esas personas, el lenguaje de la izquierda urbanita y bien educada (territorios, disidencias, todes, etc) le resulta ajeno. Muy probablemente, estos son sectores que votaron masivamente por el Apruebo en el plebiscito constitucional de octubre de 2020, y que no son necesariamente de derecha ni pinochetistas. Seguramente muchos votaron por candidaturas independientes en las elecciones de constituyentes de mayo pasado (incluyendo a candidatos de la Lista del Pueblo), y otros transiten entre el voto y la abstención. Este grupo da valor a la independencia política, no adscribe a ideologías fuertes, y se siente atraído por figuras y liderazgos no convencionales o del mundo independiente.
El PdG de Parisi es una expresión de esto. Si hubiera que buscar un símil, diríamos que el PdG se parece al Movimiento 5 Estrellas italiano. En ambos casos, líderes poco ortodoxos fueron cruciales en la irrupción exitosa de esos partidos en el sistema político. En ambos, la activa presencia en redes sociales fue funcional a un crecimiento que nadie pudo anticipar. Y ambos casos, esos partidos fueron capaces de aglutinar a una coalición muy heterogénea, que incluye a anti-vacunas y esotéricos de diverso tipo, pero también a individuos progresistas pero desencantados de los partidos tradicionales. Todo ellos, unidos por una ideología anti-establishment y una profunda desconfianza hacia la política institucional.
La votación de Kast refleja un pinochetismo latente al interior de la derecha (y de algunos sectores de la sociedad chilena) en búsqueda de una oportunidad para recobrar centralidad. La oportunidad se la ofrece el contexto de una crisis social, de una crisis de la derecha tradicional, y la difusión de una visión de debilidad antes los avances de la izquierda desde el estallido social. En el plebiscito de 1988, Pinochet obtuvo 3,1 millones de votos. Durante toda la década de 1990 y hasta los 2000, la UDI fue un partido pinochetista, cuyo rol durante la transición fue defender el legado del dictador a toda costa. En ese período, Kast fue militante y figura destacada de dicho partido. Importantes figuras de primera línea de la dictadura fueron congresistas y líderes partidarios tanto en la UDI como en RN (por ej., Cardemil, Jarpa, Arancibia, et), y ambos partidos se jugaron por Pinochet cuando éste estuvo detenido en Londres. Kast deja la UDI en 2016, cuando percibe que el legado de Pinochet empezaba a perder centralidad, a medida que la demografía de la derecha cambiaba, surgían grupos más liberales y que el sector tenía que recurrir a líderes ajenos al sector (el mismo Sebastián Piñera, o el candidato Sebastián Sichel en 2021, ambos con pasado en el PDC) para competir en elecciones presidenciales. Los componentes de esta visión ultraconservadora (anticomunismo, integrismo católico, elitismo) pueden trazarse también en la derecha chilena pre-1973. Kast es un emprendedor político que ha atizado el fuego en esas tendencias latentes, reactivándolas y actualizándolas a partir de nuevos problemas y temas.
En la izquierda, se instaló una interpretación unidimensional del estallido social. La revuelta popular tuvo muchos significados, superpuestos, y algunos opuestos entre sí. Una lectura ortodoxa de izquierda supone que una revuelta popular moviliza únicamente visiones de izquierda. Sin embargo, varias investigaciones han demostrado que sentimientos anti-establishment y anti-sistémicos son compatibles con visiones menos ideologizadas o populistas, y que la demanda por redistribución y protección estatal también conecta con visiones comunitaristas, republicanas o liberales que hablan a diversos grupos sociales en el mundo popular. En efecto, a pocas semanas del estallido popular, ya había señales de que la revuelta abría un espacio para fuerzas y tendencias no alineadas con la interpretación dominante que la izquierda hacía de éste. El fracaso del Estado, en su rol de garante y regulador de relaciones sociales en todo el territorio, tocaba también a una izquierda que no distinguió adecuadamente entre fracaso del Estado y fracaso del gobierno de Piñera. La encuesta Criteria de noviembre de 2019, la misma que mostraba una desaprobación récord para Piñera del 84%, ya indicaba que Kast y Parisi aparecían como figuras con proyección presidencial, en las menciones espontáneas de los entrevistados.
La combinación de estallido+pandemia, por su parte, incrementó la incertidumbre y la precariedad, impulsando un deseo por recuperar certezas o restablecer un orden. No se ha calibrado en toda su magnitud el que la pandemia tuvo un impacto social y económico de gran envergadura, generando una crisis solo comparable a la de 1983-84. Al día de hoy, el país todavía no recupera los niveles de empleo de febrero de 2019, justo antes del inicio de la pandemia mundial. La sensación de que hay que salvarse solo (y que está a la base también de la demanda por los retiros AFP) es muy fuerte y alimenta decepción, retraimiento y voto anti-establishment.
El mundo de Parisi, del electorado anti-establishment, y que circula entre el voto y la abstención, no tiene demandas totalmente contradictorias por el programa de Boric. Sin embargo, es un electorado que reclama mayores certezas y al que convendría dirigirse con otro lenguaje. En el norte, esos votantes se perciben como perdedores de la globalización, sufren con la delincuencia y recelan de la inmigración. Cabe recordar que el norte fue, por décadas, una zona donde la izquierda y centro-izquierda fueron tradicionalmente fuertes.
Hoy, de Coquimbo al norte, el voto combinado del espectro amplio de candidaturas del centro a la izquierda, apenas suma un 40%. Además, el clivaje grandes centros urbanos vs. ciudades pequeñas y zonas de transición urbano-rural se ha consolidado. Estos datos sugieren que el estallido social no ha sido visto del mismo modo en los centros metropolitanos y las zonas vinculadas al trabajo agrícola, ganadero, y en general, en las ciudades sin centros universitarios. Estos son cambios de gran profundidad que tienen reflejo en el voto.
Si algo tienen en común esta elección con la de convencionales constituyentes de mayo pasado, es que ambas muestran una gran fragmentación del campo popular, una preferencia persistente por candidaturas y líderes independientes, y aspiraciones y demandas de distinto tipo y señal. Estas no son siempre coherentes entre ellas, pues emergen de grupos sociales distintos, expuestos a problemáticas distintas, y con visiones distintas sobre el ciclo de agitación social abierto en 2019. Más allá de ello, lo cierto es que la derecha recobra la iniciativa, re-emergiendo después de sus pésimos resultados de mayo pasado, y que el campo progresista vuelve a mostrar su fragmentación. Ello confirma que el proceso de reconfiguración del sistema de partidos sigue su curso, sin señales de estabilización. El PdG y Parisi reclaman con éxito su lugar en el nuevo equilibrio de fuerzas, reclamándose como una vocería calificada de las demandas de 2019.
*Texto elaborado para la Fundación Heinrich Böll.
[1] Porcentaje del total de votos de la primera vuelta de los dos candidatos que pasan a segunda vuelta: 1999: 95%; 2005: 71%; 2009: 74%; 2013: 72%; 2017: 59%; 2021: 54%.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Deja una respuesta