Outsider insider: Algunas contradicciones sobre los feminismos actuales
La discusión que me interesa plantear, retoma la corrección epistemológica dilucidada por la interseccionalidad, al evidenciar el vacío que se produce cuando se percibe al género y la raza como categorías separadas (Lugones, 2008). De igual forma, considero que las definiciones identitarias sobre el feminismo reproducen una controversia similar, pues ¿qué elementos se requieren para auto-identificarse en alguno de los movimientos feministas actuales, vale decir, ¿cómo y quién es feminista?
Patricia Hill Collins (1999) señala el término outsider insider para describir la condición de estar y sentirse atrapada entre diversos grupos de poder desigual, haciendo referencia a su propia identidad como mujer negra y a la intersección que se produce entre racismo y patriarcado.
Mi utilización de este concepto es con el propósito de evidenciar las fronteras identitarias que se generan en los distintos movimientos feministas, márgenes que actúan en dos sentidos contrarios. Por un lado, le otorgan visibilidad y complejidad a las diversas maneras en que se experimentan las exclusiones hacia las mujeres y por otro, construyen límites que difuminan la identificación de una lucha común políticamente imbricada a todos los feminismos.
En 1989 Kimberlé Crenshaw publica el texto “Demarginalizing the intersection of race and sex”, donde expone la necesidad de visibilizar y analizar la simultaneidad de opresiones a las que están sujetas las mujeres (Combahee River Collective, 1977). Esta interrelación de las diversas formas de exclusión es materializada por la teórica feminista estadounidense, mediante el empleo de una metáfora que trata sobre un choque de autos en un cruce de cuatro vías.
Crenshaw plantea a la discriminación como el tráfico a través de este cruce, el cual puede fluir desde distintas direcciones. Si ocurre un accidente en una intersección (vale decir, un acto discriminatorio), éste puede ser causado por automóviles (sistema de dominaciones y sujetos que ejercen la discriminación) que viajan desde cualquier dirección y, a veces, desde todas ellas (Crenshaw, 1989:149). Con otras palabras, una mujer puede ser discriminada solo por su género, o -la gran mayoría de las veces-, por la combinación de varias o de todas las categorías de raza, clase, género, religión, etnia, orientación sexual.
En este sentido, la interseccionalidad se ha transformado en una teoría clave, marcando un hito en las epistemologías feministas (Gandarias Goikoetxea, 2017). Sin embargo, esta forma de analizar las distintas opresiones de las cuales son sujetas las mujeres, también tiene críticas provenientes desde algunos sectores del feminismo (Werneck, 2005, Bidaseca y Gigena, 2012, Bidaseca, 2012), por su incapacidad de sopesar -en la práctica-, las exclusiones de raíz afrodescendientes e indígenas.
Las controversias entre la teoría interseccional y la práctica feminista tiene bastante asidero, pues si analizamos la historia del feminismo tanto en Europa como en América Latina, se evidencia una marcada huella de clase, raza y sexo, toda vez que han sido las mujeres blancas, de clase alta y heterosexuales quienes se han instalado como referentes de la historiografía feminista (Lavrin, 2005) y quienes además consiguieron los primeros derechos civiles y políticos, como es el caso del derecho a voto (Vitale, s/f).
La discusión que me interesa plantear, retoma la corrección epistemológica dilucidada por la interseccionalidad, al evidenciar el vacío que se produce cuando se percibe al género y la raza como categorías separadas (Lugones, 2008). De igual forma, considero que las definiciones identitarias sobre el feminismo reproducen una controversia similar, pues ¿qué elementos se requieren para auto-identificarse en alguno de los movimientos feministas actuales, vale decir, ¿cómo y quién es feminista?
La pregunta va enfocada en el sentido de que hoy podemos reconocer ampliamente la condición heterogénea del feminismo, es decir, no existe el feminismo en singular, sino la presencia de una diversidad de enfoques, entre los que podemos nombrar el feminismo comunitario, feminismo descolonial-antirracista, feminismo marxista, feminismo anarquista, feminismo liberal, feminismos indígenas, feminismos islámicos, entre varios otros.
Cada uno de estos feminismos expresan principios y prácticas acordes a las identidades y características propias de los territorios que habitan distintas sujetas, con las cuales se espera generar alianzas para llevar a cabo la liberación de la opresión sexista hacia las mujeres (hooks, 2017).
Sin embargo, en esta diversificación de perspectivas y luchas identitarias de cada grupo, surge la pregunta de ¿dónde se posiciona una mujer que no pertenece a estos colectivos o no se siente parte de la identidad que pregonan?
Lo cierto es que la identidad es una variable compleja, que está en constante movimiento, y si bien muchas mujeres se pueden distinguir invariablemente como mujeres, otras inmodificablemente como lesbianas o indígenas, también es cierto que muchas mujeres no son lo suficientemente lesbianas, ni lo suficientemente indígena, ni tampoco lo suficientemente académicas o intelectuales para conformar o ser parte identitaria de los colectivos y enfoques feministas que actualmente se enarbolan.
Pienso que la heterogeneidad del movimiento feminista es una fortaleza indiscutible que entrega verdad y realidad a las múltiples características de las mujeres. No obstante, también es un elemento que agrega complejidad para la identificación de la causa feminista en sí misma.
Es decir, si bien las mujeres son evidentemente diversas, viviendo en contextos sociales, económicos, políticos y culturales que hacen imprescindible el análisis situado de las diferentes opresiones y de la manera en que éstas se deben resolver (Haraway, 1995); también es cierto que hay una condición común: todas, por la obligatoriedad hegemónica de la categoría género, hemos sido instaladas en el escenario público, privado y/o íntimo bajo ciertas condiciones de inferioridad. Puede que algunas más, otras menos o incluso varias ni siquiera se reconozcan en este histórico trato vejatorio, sin embargo, es y ha sido una realidad en todo el mundo (CEDAW, 2007).
Ahora, ¿cómo se puede aglutinar este reconocimiento de una causa común, global, que atañe a todas y cada una, bajo consignas tan diversas que no logran abarcar de manera generosa al género oprimido? (Crenshaw, 1991). Al mismo tiempo, de no perder de vista que solo distinguir la discriminación de género conlleva procesos de aislamiento que no aportan al avance del feminismo (Anzaldúa y Moraga, 1984).
¡Qué las trans no tienen vagina y por ende no son mujeres! ¡qué las mujeres de clase alta no entienden la opresión de las que han vivido la marginalidad! ¡qué las blancas están sesgadas por sus privilegios! ¡qué las feministas institucionales están compradas por el neoliberalismo! En fin, ¿cuál limitación resulta más agotadora que otra? No lo sé, puede haber razón en algunas de ellas, pues es innegable que los privilegios marcan diferencias y muchas veces invisibilizan las realidades de las más desventajadas, no obstante, mi pregunta es ¿cómo se genera una práctica feminista que abra y no clausure? ¿qué integre y no excluya? ¿qué sea identitaria, pero que no se delimite por la raza, la clase, el género, ni el sexo? para que de una vez por todas terminemos con este sistema patriarcal violador de los derechos humanos de mujeres, niñas y sujetas plurales. En este sentido, creo necesario repensar los márgenes identitarios que se materializan en las fronteras de los feminismos actuales, para que verdaderamente se posibilite un feminismo(S) donde quepamos tod@s.
Referencias citadas
Anzaldúa, Gloria., & Moraga, Cherrie. 1984. THIS BRIDGE CALLED MY BACK: RADICAL WRITINGS BY WOMEN OF COLOR. Sunny Press.
Bidaseca, Karina. 2012. “Voces y luchas contemporáneas del feminismo negro. Corpolíticas de la violencia sexual racializada”. Afrodescendencia. Aproximaciones contemporáneas de América latina y el Caribe. Pp. 1-11.
Bidaseca, Karina & Gigena, Andrea. 2012. “Negritud, esclavitud y racismo en el mundo poscolonial. Aportes de los estudios africanos”. Revista Intersticios de la política y la cultura. (1):31-39.
ONU: Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW), Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer : Respuestas a la lista de cuestiones y preguntas relativas al examen del informe inicial y los informes periódicos segundo y tercero combinados : Pakistán, 1 Marzo 2007, CEDAW/C/PAK/Q/3/Add.1, disponible en https://www.refworld.org.es/docid/4ef994922.html
Collins, Patricia Hill. 1999. “Reflections on the outsider within”. Journal of Career
Development, 26 (1), 85-88.
Combahee River Collective. 1977. “A Black feminist statement”. Reprinted in Nicolson L
(ed) The Second Wave: A Reader in Feminist Theory, New York: Routledge.
Crenshaw, Kimberlé. 1991. “Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and
Violence Against Women of Color”. Stanford Law Review, 43(6): 1241-1299.
Crenshaw, Kimberlé. 1989. “Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine, Feminist Theory and Antiracist
Politics”. The University of Chicago Legal Forum, pp 139-167.
Haraway, Donna. 1995. Ciencia, cyborgs y mujeres. Madrid, Cátedra. Feminismos.
hooks, bell. 2017. EL FEMINISMO ES PARA TODO EL MUNDO. Traficantes de sueños.
Gandaria Goikoetxea, Itziar. 2017. “¿Un neologismo a la moda?: Repensar la intersec- cionalidad como herramienta para la articulación política feminista”. Revista de Investigaciones Feministas, 8 (1): 73-93.
Lavrin, Asunción. 2005. MUJERES, FEMINISMOS Y CAMBIO SOCIAL EN ARGENTINA, CHILE Y URUGUAY 1890-1940. Colección Sociedad y Cultura: Chile.
Lugones, Maria. 2008. “Colonialidad y género: hacia un feminismo descolonial”. Género y
descolonialidad, pp 13-54.
Vitale, Luis. s/f. “La mujer latinoamericana y el derecho a voto”. Centro de estudios Miguel Enriquez.
Werneck, Jurema. 2005. “De lalodes y feministas. Reflexiones sobre la acción política de las mujeres negras en América Latina y El Caribe”. En Curiel, Falquet y Masson. Nouvelles Questions Féministes. Vol 24 (2):27-42.



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