Religión versus política: Sobre una pequeña nota sionista en la prensa chilena
Un análisis de la nota publicada en el diario La Tercera intitulada: “Titulada Disturbios en mezquita de Al Aqsa dejan 150 heridos”. ¿Qué se juega en este dar por hecho de que la policía israelí podría entrar a controlar los “disturbios”? Ante todo, la invisibilización del problema histórico y político de la colonización israelí sobre territorio palestino por la cuestión religiosa que vendría a definir todos los contornos del conflicto.
Una pequeña nota en el diario La Tercera del día sábado 16 de Abril del año 2022 da la pauta de la siguiente columna[1]. Titulada Disturbios en mezquita de Al Aqsa dejan 150 heridos la noticia aparece marginalmente en un recuadro hacia la página 41 del mencionado periódico. Pero la brevedad de la nota conserva un asunto decisivo: la narrativa que despliega y las reglas con las que dirime los límites entre lo visible y lo invisible, lo decible y lo que debe permanecer en silencio. El mismo título que acabo de citar aparece descontextualizado: se indica la existencia de “disturbios” (¿por qué habría disturbios?) y, a la vez, los 150 heridos carecen de toda identidad, sin causa ni nombres.
En el primer párrafo algo se aclara: “Más de 150 palestinos y tres policías israelíes resultaron heridos en los enfrentamientos que estallaron cuando la policía antidisturbios de Israel ingresó al complejo de la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén”. La desproporción salta a la vista (150 versus 3 heridos). Inmediatamente se nos dice cómo ello se produjo porque la misma policía israelí habría ingresado en la mezquita. La noticia invisibiliza varios puntos: en primer lugar, no dice porqué habría ingresado la policía (qué sospechaba o qué buscaba en ese lugar) sino que, en segundo lugar, parece dar por hecho que esa policía naturalmente debería estar en esa mezquita ¿por qué? ¿Qué se juega en ese dar por hecho? En tercer lugar, ese dar por hecho invisibiliza una pregunta clave: ¿qué está haciendo la policía israelí en una zona como Al Aqsa si, como se sabe, ésta es parte de los Territorios Ocupados que el derecho internacional no reconoce como territorio israelí?
Todo comienza a aclararse más adelante: “La mayoría de las heridas de los palestinos fueron provocadas por balas de goma, granadas de aturdimiento y palizas con bastones policiales (…) Según una ONG de defensa de los presos palestinos, unas 400 personas fueron detenidas.” Los heridos palestinos lo fueron con el instrumental policial, además de detener a unas 400 personas –dice la nota citando una fuente palestina. Esto último es clave: cita una fuente palestina instalando así el simulacro de objetividad e impedir que el lector se detenga a pensar y catalizar así que el relato desarrollado en los pocos párrafos sea evidente y obvio. La pregunta que cabe, sin embargo, es ¿por qué se detuvo a estas personas, por qué fueron agredidas por la policía? En suma ¿por qué la policía intervino ahí, en un Territorio Ocupado que la nota no dice?
El párrafo siguiente aclara en parte: “Israel dijo que sus fuerzas ingresaron antes de las oraciones del amanecer del viernes para retirar rocas y piedras que, según dijo, habían sido recolectadas en anticipación de los disturbios.” Dos planos se articulan aquí: por un lado, el que la policía israelí ingresa al lugar “antes de las oraciones del amanecer del viernes para retirar rocas y piedras” que, según la misma fuente israelí (ya no palestina), habrían sido “recolectadas” antes que comenzaran los disturbios.
La causa del ingreso policial reside, entonces, en ¿prevenir el uso de rocas y piedras por parte de quienes asisten a la oración? Por otro lado, la narrativa comienza a conducir el texto hacia la cuestión religiosa que, como veremos, progresivamente, copará enteramente la noticia invisibilizando completamente la naturaleza política del conflicto que aquí está teniendo lugar: nunca se hablará de Territorios Ocupados, tampoco de los continuos conflictos con que las fuerzas israelíes (militares, policía y colonos) asedian a la población palestina de dichos Territorios, jamás acerca de las prácticas de apartheid realizadas por Israel sobre la población palestina, prácticas consignadas por diversos organismos internacionales como Human Rights Watch, entre otros.
En cualquier caso, el párrafo aludido subraya cómo Israel aparece “respetuoso” de la “oración” y de la celebración religiosa musulmana: “Según un alto funcionario citado por el diario Haaretz, la decisión de ingresar a la mezquita para realizar los arrestos se tomó en parte para permitir que se rezara al mediodía.” La fuente cita al diario progresista israelí (el Haaretz) a partir de la voz anónima de un “alto funcionario” (¿alto de estatura?, ¿de cargo político, ¿de qué cargo político sería si así lo fuera?) que sostiene que la decisión de los arrestos juega a favor de la libertad religiosa y no en contra: justamente -parece sugerir la nota- para prevenir la protesta de “piedras y rocas” y favorecer la celebración pacífica del Ramadán. En suma, la policía israelí arresta a los palestinos por su propio beneficio, para que puedan orar libremente y no sean interrumpidos por aquellos que traían “rocas y piedras”.
Párrafo seguido, la nota aclara al lector el porqué se da ahí la oración y porqué, a veces, se producen conflictos: “El lugar (se refiere a la mezquita de Al Aqsa) que es sagrado para judíos y musulmanes a menudo ha sido escenario de disturbios entre israelíes y palestinos y las tensiones ya aumentaron.” El pasaje es clave. En él, la nota consolida el desplazamiento temático que ha venido desarrollando: el problema policial parece explicarse, entonces, por el problema religioso. Sobre todo, cuando el mismo párrafo establece la analogía respectiva entre el par “judíos y musulmanes” con el par “israelíes y palestinos”. Como si estos últimos funcionaran bajo la lógica de los primeros y, entonces, todo el problema policial se redujera a un problema de naturaleza religiosa.
El lector puede estar tranquilo. Era obvio que Israel resguardase la celebración de la oración en la mezquita, toda vez que Israel representa la “civilización” en la región que se identifica con la libertad religiosa que todo Estado debe garantizar. Por supuesto, “como si” ese territorio fuera parte incuestionable del Estado israelí y no un Territorio Ocupado. Pero, sobre todo: los conflictos que aquí tienen lugar no tendrían otra naturaleza más que el arcaísmo religioso, en que el par “israelíes y palestinos” actualiza el histórico par “judíos y musulmanes”. Los dos pares se superponen entre sí y así el segundo es leído con el sentido del primero: más allá de ser “israelíes y palestinos” la clave es la dimensión religiosa que causan los “disturbios” acontecidos. No hay política sino religión y, por eso, la policía debe “ingresar” para garantizar su adecuada realización. Pero, cuando la policía ingresa para garantizar la oración, la nota sitúa tácitamente a Israel en continuidad con la tradición liberal que sería característica de “Occidente” (con mayúscula porque se supone una “sustancia” muy bien definida). Sin decirlo, pero generando sus condiciones, la nota marca la pertenencia de Israel a la esfera occidental en desmedro de los palestinos musulmanes que deben ser cuidados por la propia policía para que ellos mismos puedan celebrar Ramadán. Israel respetaría la libertad religiosa. He ahí la justificación del ingreso policial a la mezquita de Al Aqsa.
Hacia el último párrafo, la nota consolida su narrativa: “La violencia llega en un momento especialmente delicado. El Ramadán de este año coincide con la Pascua, una importante fiesta judía de una semana que comienza el viernes al atardecer, y la Semana Santa cristiana, que culmina el Domingo de Pascua. Se espera que las festividades atraigan a decenas de miles de personas a la Ciudad Vieja de Jerusalen, hogar de importantes sitios sagrados para las tres religiones.” Aparición del término “violencia” pero asociada al devenir religioso. Entre la Pascua judía, el Ramadán y la Semana Santa cristiana, todo se resuelve en la guerra religiosa. La nota se dirige a un lector. Aquél que experimenta los días de Semana Santa (la fecha de la noticia es el 16 de abril de este año) donde el elemento religioso –justamente en la tierra de donde proviene Jesús- viene a funcionar como una suerte de confirmación de la naturaleza religiosa del problema.
Al principio preguntábamos ¿qué se juega en este dar por hecho de que la policía israelí podría entrar a controlar los “disturbios”? Ante todo, la invisibilización del problema histórico y político de la colonización israelí sobre territorio palestino por la cuestión religiosa que vendría a definir todos los contornos del conflicto. La invasión israelí sobre los Territorios Ocupados donde precisamente se ubica la mezquita de Al Aqsa, el hecho de la política de asentamientos ilegales se haya promovido de manera incesante por parte de Israel y, sobre todo, que el apartheid exprese el racismo de Estado israelí en que existen carreteras para palestinos y otras para israelíes, derechos para palestinos y otros para israelíes, apoyo militar para los colonos israelíes y desprecio y asedio permanente de fuerzas israelíes para los palestinos de dichos Territorios, eso parece no existir. Los “disturbios” en la mezquita de Al Aqsa –que el año pasado fue uno de los epicentros de protestas por parte de los palestinos dispersos en Israel, los Territorios Ocupados y Gaza- , son reducidos a una dimensión religiosa que invisibiliza el problema político de fondo: que el colonialismo israelí asedia con su policía y sus militares en los mismos Territorios Ocupados precisamente para promover la expulsión de palestinos de sus casas y así potenciar la construcción de asentamientos ilegales.
Podemos advertir que, la instalación del paradigma religioso como el paradigma explicativo de los procesos, tiene el efecto inmediato de despolitizar el problema y reproducir lo que el orientalismo no ha dejado de repetir hace más de 300 años: que, como habría dicho Ernst Renan en el siglo XIX, los “semitas”, esos pueblos inventados por el imaginario europeo del siglo XVIII, serían pueblos “religiosos” y que, por tanto, ninguno de los conflictos que ahí tienen lugar podrían ser considerados propiamente políticos.
Con ello, la impunidad internacional sobre la colonización sionista se profundiza y el pueblo palestino nuevamente aparece totalmente a merced de las garras del proyecto colonial. Sin decirlo, pero generando sus condiciones, la nota le da razón al sionismo no solo porque justifica el actuar de la policía israelí en virtud de causas religiosas, sino, además, porque invisibiliza el problema político del proyecto colonial sionista vigente por 74 años tras un asunto puramente religioso, despolitizándolo. La nota no es neutral pues (re) produce efectos de poder muy claros: hasta el día de hoy la prensa globalizada insiste sobre la naturaleza “religiosa” del conflicto en curso, tal como acabamos de analizar a propósito de esta pequeña nota que condensa la gran narrativa racial y propiamente “orientalista”, desarrollada por el mundo europeo durante siglos, justamente para dominar al “resto” del mundo con sus respectivas empresas coloniales.
[1] Diario La Tercera 16 de abril p. 41.
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