¿Duerme tranquila niña inocente?
«Norma puso la denuncia a la PDI porque en Carabineros sabía que no podían hacer nada por ella». Con estas palabras de rabia e impotencia, la hermana de Norma Vásquez enfrentaba a los medios esta mañana. El relato de Mariana se lee y se escucha desde el intestino, ya no de la guata. ¿Cómo entender que la institución a la que pertenecía su hermana no la protegió? Esta columna también viene desde el mismo lugar y, aunque algo de digerido está, le falta procesamiento. Procesamiento que no depende únicamente de quien escribe, sino también de quien lee. ¿Duerme tranquila niña inocente? Sí, claro…
El caso del asesinato de la carabinera Norma Vázquez, presuntamente en manos de su expareja –también carabinero– Gary Valenzuela Ramos, vino a poner en jaque a todas y a todos los que no perdieron tiempo en cambiar sus avatares de sus redes sociales o de clamar por “alerta morada” ante el desafortunado desenlace de Antonia y Ámbar. Porque lo ocurrido a Norma no tiene la misma significancia que lo de cualquier otro caso. ¿La razón? El origen, la dinámica, los responsables y la víctima pertenecen a la institución más podrida, desarticulada, carente de liderazgo y peligrosa que tenemos en nuestro país: Carabineros de Chile.
¿En verdad hace falta enumerar todos los crímenes de los que han sido protagonistas los funcionarios de Carabineros de Chile? Si, hace falta. Violación a los derechos humanos, racistas, responsable de desfalcos, asesinatos, intimidación a menores de edad, secuestro y uso de adolescente como escudo, atropello con resultado de muerte y/o heridas graves con vehículos de gran y menor tamaño, montajes en todo el territorio nacional, cohecho, hurto en propiedad de adulto mayor fallecido, violencia intrafamiliar, adulterio, amenazas en innumerables registros, destrucción y extravío de material de registro de procedimientos, complicidad por encubrimiento y, ahora, femicidio.
Todas y todos nos reímos con el triángulo amoroso de carabineros que tuvo como protagonistas al teniente Cavieres, a Valderrama y a la Belencita. Lo que no alcanzamos a ver, quizás por lo tragicómico del escenario, son parte de las dinámicas relacionales tóxicas que quedaron descubiertas con el registro. La presencia de funcionarios que tuvieron que mediar en el conflicto teniendo a la mujer intentando evitar la carrera de reportero de su marido y a un Cavieres encerrado tras una puerta evidentemente golpeada, no hace más que reflejar el carácter de violencia en el que conviven quienes son parte de esta institución y que trasciende en las paredes de sus propias casas.
En las redes sociales han sido varias las imágenes de carabineras y carabineros posando con sus armas vestidos de civil y en actitud mafiosa. Hemos visto que hace unas semanas un funcionario se hizo “famoso” no sólo por no llevar identificación, sino que también por la amenaza que le profirió a un trabajador en Melipilla que registraba con su celular el procedimiento al que se le sometió. “Podí pasar a ser un detenido desaparecido”, le dijo el enmascarado carabinero.
Para coronar, al General Mario Rozas –nadie se explica cómo aún sigue en su puesto después de tanto– no se le ocurre mejor idea que bautizar una academia de ciencias policiales con el nombre de un miembro de la junta militar cómplice de la dictadura. Rodolfo Stange. Sí, ese mismo que le plantó cara al presidente de turno –Eduardo Frei– rechazando su llamado a renuncia y que se encargó de encubrir la información sobre el “Caso Degollados”, siendo responsables funcionarios de su misma institución.
¿Qué tiene que ver todo esto con el asesinato de Norma Vázquez? Todo. Es cosa del simple ejercicio de cruzar datos. Esa institución es un vórtice de encubrimiento, violencia normalizada, lavado de manos y soberbia que históricamente ha dejado en evidencia que su existencia no se relaciona directamente con ser “protectores del orden y la seguridad” del pueblo, sino que de sus propios intereses, imagen y discurso. Que no han perdido oportunidad de quedar libres de polvo y paja, protegiéndose en inocuos sumarios internos; en el continuo reforzamiento y financiamiento que el gobierno les ha dado –pese a que aún no se resuelve el mayor robo de la historia desde sus filas– y sanando falsas heridas en Dipreca.
Esta mañana, y en presencia de Zenén Vásquez, padre de Norma, se tomó contacto con la General Pamela Olivares, Directora de Bienestar de Carabineros. No, no es irónico su cargo. Sus declaraciones no hacen más que dar cuenta de la tesis desde la que se sostiene esta columna.
Ante sus respuestas, impresiona ver como todo el verdadero “ejército de apoyo” de Carabineros acabó en un nuevo femicidio. Pero transcribiré la parte donde, según mi humilde opinión, se va todo al carajo.
“Imagínese, yo como mujer, como la carabinero más antigua de la institución, le puedo señalar que siento un profundo dolor. Empatizo además con todas las víctimas de este año y que con esta pandemia han estado sufriendo VIF. Y mire, se nos suma una funcionaria nuestra”. La generala Olivares no recibe más contrapreguntas. Pero antes de abandonar la conversación, le dice a los conductores: «un placer haber hablado con ustedes y que conozcan la parte institucional». Y así sin más, a minutos de entrar a la misa en honor a Noma, no realiza ni la más mínima señal de autocrítica. Ni por su parte ni de a quienes representa.
Resulta ofensivo que sea “la mujer más antigua en la institución” quien insista en que este crimen debe ser tratado del mismo modo que otros. No, Pamelita, no. Perdiste tu oportunidad de sumarte a la sororidad. Este no es un caso como cualquier otro. Este caso deja en evidencia la fragilidad del sistema de protección para con la mujer violentada, que en un número preocupante terminan en asesinatos. Muestra que no sirven de nada “todo el apoyo” de una institución y de cada uno de los niveles que señaló. Y desnuda la vulnerabilidad en la que viven todas las mujeres de este país que sufren algún tipo de abuso, amenaza y/o agresión. Que una mujer de sus propias filas termine muerta en la maleta de un auto dice demasiado. Si ella no tuvo protección, ¿qué queda para el resto?

Posteriormente a la intervención de la oficial de carabineros, tras despedir al padre de Norma Vázquez, Montserrat Álvarez se da el tiempo para una declaración:
“¿Sabes qué? Antes quería hacer una reflexión que no alcancé a hacerle (sic) la pregunta a la general. Lo que pasa es que hay una sensación: la orden de alejamiento todo sabemos que sirve bastante poco. Y yo quedé super inquieta con lo que dijo la general, porque la orden de alejamiento, por lo que ella dijo, es algo que se le informa a en este caso a Gary Valenzuela, pero el que está encargado, el que debería estar encargado de que esa orden se cumpla sabemos que es Carabineros.
Por eso este caso muestra tantas paradojas porque, cuando carabineros decide apartarlo de la institución, uno también lo puede interpretar (como) “ya, eso es el protocolo”, pero también es lavarse las manos de una situación que deja más vulnerable aun a Norma Vázquez, porque ya ni siquiera este hombre está bajo la tutela de la propia institución. Entonces lo que uno siente es que carabineros está para dar protección, y al dar de baja y al apartarlo y no tomar otra medida, finalmente Norma Vázquez queda más desprotegida aun siendo carabinera. Y eso es lo que a uno le parece que es una paradoja muy triste.”
Lo que uno espera de casos como éste es que se termine destapando toda la toxicidad que decanta en la vida cotidiana de las relaciones entre funcionarios de Carabineros. De cómo se tratan los hechos de violencia. De cómo encubren todas y cada una de sus faltas y crímenes, de cuál es la legitimidad que tienen los vínculos entre superiores y subalternos. De cómo opera la lógica de esta institución desde la cama hasta la calle. Porque finalmente, los patrones se reproducen. No tengo pruebas, tampoco dudas.




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