Claudio Correa, artista descreído: “No es un problema que seamos pobres, el problema es no asumirlo”
Hablar de plata es ponerse en el eje de la política: importa más el Ministro de Hacienda que el Presidente.
¿Qué es el robo de un banco en comparación con fundar uno?
BERTOLT BRECHT.
¿Alguna vez has robado?
-Si, a la Iglesia.
¿De que vives?
-Del arte. Me fui de Chile con quien fue mi pareja, hace 8 años. Decidimos abocarnos a lo que queríamos hacer. Es una buena cuerda de equilibrismo vivir del arte. Al menos te mantiene… ágil mentalmente.
¿Solo trabajas donde las artes visuales tienen valor propio, sin subordinarse a otros campos como artes escénicas, diseño o decoración?
-Hago mis proyectos, no pedagogía. Vivía de eso que algunos artistas llevan bastante bien. Por cuestiones de tolerancia y temas psicológicos, decidí jugármela con un proyecto de vida ilusorio: irme con ella y que todo se fuera al carajo.
¿Qué es para ti estar “cagado de plata”?
-Mi condición natural. La exposición se llama “Plata”. La gente se ufana de lo que le falta, hablar de plata es hablar de carencia.

¿Es “de rotos” hablar de plata?
-No es un problema que seamos pobres, el problema es no asumirlo. La exposición es de monedas, no hay billete. La moneda da cuenta del cotidiano, tiene un desgaste que no tiene el billete; aunque hoy si, por la devaluación. Mientras más alto es su valor, menos se gasta. Nunca he visto un billete de 100 euros, a lo más de 50. El otro es leyenda.
La lluvia nos jugó una mala pasada: nos metimos el esnobismo y la chacota, en la billetera. El bar estaba cerrado, así que partimos paraguas en mano a un boliche en Plaza de Armas que pocos del rubro conocen. Un barbón de lentes sirvió galletas que Correa se zampó en el acto; por pega no había ni almorzado. A pesar de que le ofrecieron vino, el artista pidió un capuchino. No bebe cuando trabaja.
¿Cómo piensas que nos hemos relacionado con el dinero?
-De manera animal. En el período de la postdictadura la marca país era el jaguar.
¿Felinos sudaca luchando por la carne?
-Cuando Estado y mercado asumieron la condición de país depredador –alguien escribió que el Iceberg enviado a Sevilla era del mismo color que los ojos de Pinochet–, también asumieron que debíamos ser egoístas. El chileno no es conocido por su generosidad, como otras nacionalidades que pagan la cuenta de una. Entendieron lo animal de mala forma, podrían haberlo entendido como sistema de colaboración. Lo que imperó fue un darwinismo social: la bestia más grande comiéndose a la más chica y que todos los demás sobrevivan del “chorreo”. Eran las bases que cimentaron nuestra democracia.

¡Extremadamente competitivos! Una sociedad caníbal.
-Si, de depredadores y depredados (amos y esclavos). Cuando comencé como artista hice un trabajo con internos del SENAME. Allí, el ladrón más despreciado era el “doméstico”: quien roba en su propio vecindario. Cuando imagino al jaguar chileno de la postdictadura, pienso a quienes se depredan a sí mismos.
¿Eso no choca con la caricatura del sureño hospitalario? ¿Crees que el individualismo se ha ido al chancho simultáneamente con la inmigración de algunos winner, aunque no todas las personas latinas somos así?
-Ellos asumieron una caricatura que Chile promovió mucho antes. En el reverso de la moneda de diez pesos aparecía la diosa Niké, deidad griega de la competición: un ángel rompiendo cadenas ¡Esa fue la libertad que nos dieron! ¡Libertad para competir!Ocupé ese ícono para una obra llamada “Misión cumplida”, alusiva a la llamada interceptada entre Pinochet y Carvajal, cuando el segundo respondió: “Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto”.
¡Sigan el dinero!
¿Qué harías con la plata si fueras el tirano de este país?
-La haría virtual. Que cada persona se identifique para comprar, regalando sus datos. Pero se me adelantó otro tirano que hizo lo mismo y están todos súper contentos. Aprovechan de sacarse fotos a cada rato, las comparten y son felices: el dictador es ya innecesario; está adentro de cada ciudadano.
¡El perro se pasea solo! Como en el mercado del arte.
-El mercado es deficiente, provoca que los artistas se amolden a una idea que no conocen: es la fantasía de descubrir El Dorado. Genera ansiedad porque producen pensando en una fantasía que no se concreta. Se presta para especular, uno podría hacer un paralelo entre la historia del arte contemporáneo y la virtualización del dinero: desde cuando Estados Unidos dejó de respaldar el PIB en oro. El blufeo acontece en ambos campos. La desmaterialización del arte es directamente proporcional a la del dinero.
¿Cómo llegaste a trabajar con monedas?
-Por falta de lucas trabajé en un equipo con sociólogos dentro del SENAME. Mi remuneración dependía de “objetos de estudio” que estaban tras las rejas: menores de edad. Personas complejas y agudas, algunas con una visión de la sociedad bastante lúcida, cuyo trabajo consistía en pasar dinero de un bolsillo a otro ¡Idéntico a la frase emblemática sobre ladrones y banqueros de Brecht! Después trabajé en otro proyecto: sobre criminales de verdad: quienes prestaron servicios al Estado en dictadura. Para ellos hubo condecoraciones y medallas.
Todavía se les llama “patriotas”…
-Esa relación entre dinero y trabajo sucio queda evidenciada cuando en el escándalo Watergate, Garganta Profunda –el informante– datea al periodista y le dice: “¡Sigan el dinero!” (follow the money) para llegar hasta Nixon.

Hablar de Plata es conversar de política
En tu muestra se ve una monumentalización al culto que las naciones latinoamericanas rinden al acuñar monedas con íconos inofensivos –animales y vegetales– para simbolizar las virtudes que desean promover entre sus pueblos, distinguiéndose de sus vecinos. Esas monedas estuvieron disponibles en los bolsillos de la mayoría de la población en sus países de origen. Si no fui coherente, puedo pagar la cuenta.
-En esta cultura visual se simplifican tanto los discursos políticos, que terminan desapareciendo. Por ejemplo en el vestuario de una alcaldesa, quien partió abrigada de rojo, pero cuando se sumó la agenda de seguridad nacional prefirió un abrigo verde. La superficie ES la ideología: quienes entendieron la política como mera estética fueron los nazi. Ahora, sucede a nivel estructural y mundial:
Milei propone la imposibilidad de un Estado benefactor y la reduce a que no hay plata. Para que Biden dejara la candidatura, se alertó al Partido Demócrata que los auspiciadores se estaban bajando. Queda claro que hay intereses, no principios. Hablar de plata es ponerse en el eje de la política: importa más el Ministro de Hacienda que el Presidente. No me debes nada.
Leo un pensamiento cínico, o más bien, meta-cínico: como pensó Sergio Rojas algunas piezas literarias y visuales. La diferencia es sutil. En Los Simpson, cuando Homero le agradece al líder de The Smashing Pumpkins, por haber fomentado el pesimismo de su hijo a través de la música depresiva, Rojas lee al cínico que se encuentra en una contradicción ética. El meta-cinismo circularía por otra parte: cuando se exponen las relaciones estéticas y políticas que dan cabida a esa ausencia de pensamiento utópico. ¿Planteaste una crítica así a través de la monumentalización del dinero?
-No necesariamente cuando algo se subraya se monumentaliza. Hace tiempo he expuesto obras donde se cruzan ética y estética, subrayando la forma en que las monedas –como material metálico– oscilan entre brillo y oscuridad. Es ambivalente: nos lleva a zonas grises entre luz y sombra, “el bien” y “el mal”, etc. Como lo pensó Adolfo Couve, para entender La ronda nocturna de Rembrandt: subrayar esos instantes de zonas grises, o de fluctuaciones en los cuales lo brillante se vuelve oscuro, resulta más inquietante y fiel a la vida misma que pensar en valores fijos.
-Mi material es ilusorio: recubrí polímero vegetal con láminas de pan de oro, me resulta fácil ser un descreído. La exposición va de pensar en las monedas no como íconos pasados de moda. Consiste en mirarlas seriamente, cómo una manera descarada en que el Estado diluido en el mercado nos enrostra sus valores reales, de forma tan franca, que la mayoría no quiere entenderlos. ¿Qué expresa la imagen del ícono holográfico de la tarjeta de crédito? Un águila con las garras abiertas. Ese cinismo que planteas se relaciona con mi pretensión de anunciar que el rey está desnudo, cuando éste era un simple y vulgar exhibicionista. En otras palabras: cuando el poder se manifiesta, lo hace sin ninguna pizca de vergüenza y es obsceno.
Para terminar y aprovechando la escenografía del bar donde me trajiste, me despido con la letra de un tango de Santos Discépolo:
Que no hay ninguna verdad que se resista. Frente a dos pesos moneda nacional. Vos resultás, haciendo el Moralista. Un disfrazado, sin carnaval…
Ahora si te aceptaría vino.
¡Tan, tan!



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