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Brasil: Lula recupera derechos políticos y se abren nuevos escenarios electorales

El expresidente crece en las encuestas mientras el actual gobierno fracasa en la economía, además se destaca en el mundo como la gestión más catastrófica frente a la pandemia de Covid-19, por su negacionismo, récord de muertes y medidas que fomentaron la generación de nuevas cepas más peligrosas del virus.


Este lunes 8 de marzo, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recuperó sus derechos políticos gracias a una decisión del Supremo Tribunal Federal, la máxima instancia del Poder Judicial de su país.

El ministro Édson Fachin determinó que la Corte de Justicia de Curitiba – la que era comandada por el juez Sérgio Moro antes de este aceptar el cargo de ministro de Justicia del gobierno de Jair Bolsonaro – no tenía competencia para evaluar los casos de la Operación Lava Jato, debido a que se trataban de casos relacionados a la petrolera estatal Petrobras, y por la tanto deberían haber tramitado en instancias judiciales superiores.

Con eso, todas las sentencias proferidas por Moro contra Lula quedaron anuladas, razón por la cual el expresidente recupera sus derechos políticos.

En abril de 2018, seis meses antes de las elecciones presidenciales en Brasil, Lula da Silva fue llevado a la cárcel, lo que impidió que fuera el candidato del PT (Partido de los Trabajadores) en los comicios. Él era el favorito hasta entonces, con cerca de 38% de las intenciones. Con su salida, el ultraderechista Jair Bolsonaro, que tenía 16%, pasó a liderar la corrida, que finalmente terminaría ganando en octubre de aquel año.

Polarización entre Lula y Bolsonaro

La decisión de la Suprema Corte brasileña también se da en un momento político muy especial.

La prisión de Lula da Silva duró poco más de 500 días. Tras su salida, en noviembre de 2019, su popularidad se veía afectada, con un rechazó superior a su nivel aprobación.

Sin embargo, justamente en este domingo (7/3), fue publicada una encuesta realizada por el instituto IPEC que sitúa a Lula como uno de los favoritos para los comicios de 2022, y principal antagonista de Jair Bolsonaro.

Según los números, el expresidente tiene 50% de intenciones de voto si fuera candidato el año que viene, mientras el actual mandatario queda con un 38%.

Las cifras consolidan tendencias al alza de Lula y caída de Bolsonaro en los últimos meses, pero también un escenario de polarización en donde los dos parecen ser los únicos candidatos posibles para al menos un 70% de los votantes.

Los números de Lula da Silva pueden incluso ganar un nuevo salto tras la decisión que le devuelve los derechos políticos, ya que esos números no consideran la repercusión de lo ocurrido este lunes.

Según gran parte de los analistas, el crecimiento de Lula en las encuestas en los últimos meses se debe en parte a los fuertes cuestionamientos sobre la Operación Lava Jato, a raíz de los reportajes del sitio The Intercept Brasil, dando cuenta que el juez Moro y los fiscales tenían un canal propio de comunicación a través de un grupo de Telegram, por el cual se ponían de acuerdo sobre los abordajes durante los juicios y también sobre los testimonios de algunos reos – a los cuales se les ofrecía beneficios de sentencias menos severas si involucraban a Lula da Silva o Dilma Rousseff en sus declaraciones.

El otro factor que ha favorecido al expresidente es el actual escenario económico y sanitario en Brasil. El gobierno de Bolsonaro ha producido un nivel de inflación que el gigante sudamericano no conocía desde mediados de los Años 90, y un desempleo que ya venía en alza desde el gobierno de Michel Temer (2016-2018).

El mandatario brasileño – quien en veranos pasados ha sido citado como modelo por José Antonio Kast y Jacqueline van Rysselberghe – suele defenderse culpando al Covid-19 y sus efectos en la economía.

Sin embargo, ese relato contrasta con el hecho de que su gestión en ese aspecto es considerada por varios expertos internacionales como la más catastrófica que el mundo ha visto hasta ahora.

Con todo eso, los analistas políticos brasileños consideran que los problemas de Bolsonaro quizás pueden estar impulsando las intenciones de voto en Lula da Silva.

Antes de la decisión de este lunes, la opción más aceptada era la de que el expresidente estaría preparando una fórmula en la cual apoyaría la creación de un frente amplio de izquierda, la que fue liderada por Fernando Haddad, su exministro de Educación y considerado su heredero político – de hecho, fue quien lo remplazó en 2018, logrando llegar al ballotage, donde perdió con Bolsonaro.

La propuesta emularía lo realizado por el MAS en Bolivia, en 2020, con la victoria de un Luis Arce apoyado por Evo Morales desde el exilio en Argentina. Para la versión brasileña de esa fórmula, Lula y Haddad pretenden contar al menos con el apoyo del Partido Comunista, cuyas figuras nacionales son la líder feminista Manuela D´Ávila y el gobernador de Maranhão, Flávio Dino, y con el activista social Guilherme Boulos, líder del movimiento por la habitación y principal figura del PSOL (Partido Socialismo y Libertad), la agrupación de izquierda conocida por la figura de feminista Marielle Franco, asesinada en marzo de 2018.

Los problemas del Brasil de 2021

El Brasil de Bolsonaro es el tercer país con mayor número de infectados por el nuevo coronavírus y está a punto de tomar el segundo lugar de la India, un país que tiene 6 veces más de población – actualmente, los asiáticos tienen 11,3 millones de casos oficiales, mientras los sudamericanos registran 11,1 millones.

En cantidad de muertes, Brasil está en segundo lugar del mundo, con 266 mil y con cifras cercanas a 2 mil nuevos fallecimientos diarios, lo que supone que el país no tardaría en superar la marca de los 300 mil, e incluso podría acercarse al récord de los Estados Unidos, que tiene 525 mil víctimas fatales de la enfermedad.

Bolsonaro ha sido directamente responsable por esa situación. En un principio, el mandatario brasileño trató la infección como una “gripecita”, y desde entonces insistió en confrontar a los gobernadores que decretaban cuarentenas en sus provincias, alegando que había que priorizar el cuidado de la economía.

Cuando surgieron las primeras vacunas, el presidente brasileño surgió como el líder mundial que más cuestionó su efectividad, e intervino en los órganos reguladores para poner trabas en la autorización del uso de emergencia en su país.

Tal postura tenía una razón: cuando algunos científicos franceses afirmaron que estaban experimentando con un medicamento llamado hidroxicloroquina (usado contra malaria) para curar casos de Covid, el gobierno de Brasil lo tomó como un estudio ya concluido, y Bolsonaro ordenó que las Fuerzas Armadas produjesen el fármaco en grandes cantidades. Actualmente, el país cuenta con más de 300 mil pastillas de hidroxicloroquina, y no sabe qué hacer con ellas, debido a que la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha publicado diferentes estudios asegurando que este no sirve para el tratamiento de covid-19.

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