“Vestir para Contar”: El bastón de las historias

El libro “Vestir para Contar”, escrito por el periodista Claudio Abarca y la diseñadora de vestuario Gabriela Tapia, se centra en el vestuario para cine y televisión nacional, para así comprender cuánto aporte hay allí al desarrollo de una industria completa. Además resalta el valor de las telas, los cortes y colores dentro del proceso de construcción de nuestras principales producciones dramáticas del cine y la televisión.
vestir para contar

El libro “Vestir para Contar”, escrito por el periodista Claudio Abarca y la diseñadora de vestuario Gabriela Tapia, se centra en el vestuario para cine y televisión nacional, para así comprender cuánto aporte hay allí al desarrollo de una industria completa. Además resalta el valor de las telas, los cortes y colores dentro del proceso de construcción de nuestras principales producciones dramáticas del cine y la televisión.


La moda siempre ha sido asociada a lo frívolo. Sin embargo, cuando los registradores de la historia se han detenido a desmenuzar lo que hay detrás de cada tejido, se han logrado extraer los valores, los procesos y los cambios experimentados por una sociedad completa. En Chile, han existido autores que han hecho ese exquisito análisis, revisando cómo y qué han vestido los chilenos y chilenas en distintas épocas. Desde ahí, han concluido el cambio social. Están, por ejemplo, el segundo tomo de Historia de las Mujeres de Chile (2014), donde la historiadora Pía Montalva se refirió a la elegancia y distinción que se posicionó en la sociedad entre 1900 y 1940; está también su libro Tejidos Blandos (2013), en el que abordó la relación entre la indumentaria y la violencia política entre 1973 y 1990. Un recorrido tan impresionante como abrumador.

Vestir para Contar propone otra mirada, más acotada, pero igualmente rica en conclusiones. Se focaliza en el diseño de vestuario para cine y televisión, para así comprender cuánto aporte hay allí al desarrollo de una industria completa. Esta publicación no busca develar la identidad social del vestuario, pero sí quiere resaltar el valor de las telas, los cortes y colores, dentro del proceso de construcción de las principales producciones dramáticas del cine y la televisión chilena. Escrito por el periodista Claudio Abarca y la diseñadora de vestuario Gabriela Tapia, la investigación  abordó reconocidas obras audiovisuales nacionales, revisionadas desde la ropa y a través de conversaciones con quién diseñó, quién usó y quién solicitó esas prendas.

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Vestuario “Subterra”

Los autores son inteligentes al asestar un golpe visual inmediato con su portada, la que lleva a la familia Herrera de la serie Los ‘80. Ese detalle lo diferencia con respecto a otros libros sobre moda, donde las portadas han sido reservadas para prendas de vestir o una imagen estereotipada. En Vestir para Contar, la portada son personas de la clase media chilena, y esto surte un efecto en querer mirar lo que hay dentro.

En la presentación, los autores reafirman que la narrativa se ha afirmado en ciertas vestimentas y colores que han perdurado más allá de las obras, y se han transformaron en símbolos de la época que recrean. Lo que el viento se llevó, Casablanca y Desayuno en Tiffany’s, entre otras, son ejemplos de que dejaron para la posteridad más que su libreto; pero también lo hicieron –y con mucha sofisticación– obras como La Quintrala, Estúpido Cupido, Machuca y Romané. Por eso, Vestir para Contar se afirma en un valioso archivo fotográfico que hace más llevaderas las 394 páginas del libro digital (disponible para descarga gratuita).

La primera fuente son entrevistas y eso es bueno y malo. Ese es el método que ofrece el libro como forma de abordar la revisión. Son conversaciones largas con diseñadores y diseñadoras de vestuario que han sido parte de las áreas dramáticas de los canales de televisión y que han acompañado a diversas producciones de películas. Tras estos diálogos, transcritos al detalle, son casi 120 ficciones que pasaron por la creatividad y estética de estos profesionales.

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Vestuario “Pampa Ilusión”

Las entrevistas son en profundidad, por lo que hay que estar preparado para leer bastante. Esto puede bloquear el interés de todo tipo de público al ver tantas hojas de texto. Las historias de estos profesionales son contadas como apoyo al descubrimiento del proceso de perfeccionamiento al que se sometió cada uno; desde la Escuela de Diseño, pasando por sus primeros trabajos, hasta llegar a lo más actual. En ese sentido, estas entrevistas son de gran valor para los futuros diseñadores, porque son muy técnicas y hacen un relato pormenorizado del proceso creativo.

Es así como Monserrat Catalá habla de “crear una vida”, y Antonietta Moles refiere a que el proceso de inspiración viene de todas partes. Las preguntas están enfocadas con claridad y obtienen respuestas que resaltan la confianza en el trabajo, la responsabilidad, la investigación, el presupuesto y el manejo del tiempo. Para el lector común será una interesante revisión de nuestra historia fílmica y televisiva, a través de las telas y de quiénes las contextualizan dentro de una obra. Sin embargo, puede que esto canse a quienes no hayan visto algunas de las películas o series mencionadas; o a quien no se identifique con estos profesionales porque siempre están detrás de cámara.

Para contrarrestar aquello, el contexto de esta revisión la completan actores y actrices protagonistas de las series y películas antes mencionadas y sus directores, como una forma de expandir la visión y salir de lo técnico. La perspectiva de las páginas anteriores se suma a la mirada global del director, quien es el “dueño del circo”; es así como para Silvio Caiozzi el vestuario es parte de la psicología de la puesta en escena, o para Vicente Sabatini es la búsqueda de lo orgánico, sobre todo cuando la obra es de época. Conversar con un director siempre será sumamente provechoso y estas páginas son oro puro por la cantidad de detalles, anécdotas y sensaciones que esbozan al recordar el proceso de obras que filmaron hace 20 o más años.

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Vestuario “Sudamerican Rockers”

La visión de los actores y actrices también aporta, pues la mayoría se reconoce no experto en el tema y ejemplifican, a través del recuerdo de ciertas escenas, cómo se pusieron en los pies del personaje una vez listo el vestuario. “Es impresionante cómo un buen diseño te ayuda a definir tu personaje. Yo le tengo muchísimo respeto a los buenos diseñadores… En general, los diseñadores con los que a uno le ha tocado participar, dentro y fuera de Chile incluso, son bien abiertos a las sugerencias”, dice, por ejemplo, Luis Gnecco.

Quién solicitó, quién propuso y creó, y quién vistió. Esta es la mirada en tres partes que sostiene el objetivo de Vestir para Contar, donde lo entrañable, lo crítico, lo realista de cada historia ficcionada no podría ser entendida como lo quiere el director, si no se considera la arista del vestuario. Es cierto que las entrevistas se hacen largas a ratos y es un libro que se lee en varios días. También hay algunas conversaciones más aclaratorias que otras, pero finalmente el libro se transforma en una interesante revisión estética de los últimos 40 años en la televisión y cine chileno, y cumple con ese objetivo de una suerte de homenaje a las prendas. La estética como bastón que, también, sujeta la historia. 

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