Cultura B

«Soul»: La solidez de una película atemporal

Lejos de enfocarse en el público infantil, “Soul” fue el último golpe emanado por Pixar, cuya  historia es capaz de interpelar a cualquiera. La trascendencia, el sentido de la vida y el amor en todas sus formas el arte incluido–, son máximas de un film que clava banderas para un nuevo estándar del cine de animación.


Una exquisitez que se plantea las preguntas más profundas que cualquier otra película del 2020. Bajo la dirección de Pete Docter, Soul entronca con algunas antiguas producciones de Pixar, pero supone un paso gigante en una definición de estilo. A primera vista, es fácil compararla con Coco (2017) y detectar parecidos con Up (2009) e Inside Out (2015); pero lejos de creer que la película iba por ese mismo lado, estamos frente a la constatación del punto más alto de un concepto de cine. De una manera de contar historias.

«La vida después de la muerte» podría ser el resumen principal del film. También lo es cuando la describimos como un paseo por “lo que ocurre antes de la vida”; cuando Joe se encuentra con un alma nonata que no encuentra la “chispa” que le dará sentido a su futura vida, desarrollándose una serie de acontecimientos bien trabajados y con mucha filosofía detrás. Aunque el argumento suena grave, Pixar lo llena de humor, uno que es más detectable para los adultos. Así, la película cuaja como lo más maduro que ha creado la compañía.

Los conceptos ancla que maneja, posiblemente sean difíciles de abordar para el público infantil, aunque la ligazón con el prólogo de Up (otra de Docter) y el sentido de pérdida presente en Coco, podrían ser aspectos más digeribles para los menores porque ya las vieron. Pero en Soul no hay un sentido de lo efímero ni de lo festivo, como en las películas nombradas; la verdad, es que ninguna de las antiguas Pixar planteaba una situación así para su protagonista. Un diálogo  abierto acerca de la organización del universo a la hora de nacer y morir.

Artísticamente, el estándar de la película es muy alto, con un apartado visual que hubiera sido una belleza sublime apreciar en pantalla grande. Todo el aspecto terrenal dio un paso adelante en la animación. La recreación de Nueva York es sencillamente espectacular, con un impresionante detalle de los diseños a nivel; un híperrealismo técnico nunca visto, permitiendo expresividad y mucho dinamismo. Docter experimenta con soluciones fantásticas, logrando que la película mantenga un gran nivel de estímulo visual que aporta un nuevo concepto narrativo.

En el elemento sonoro, Pixar se gradúa de grande al combinar los eximios talentos de Jon Batiste (colaborador de Prince, Stevie Wonder y Lenny Kravitz), con el de Trent Reznor y Atticus Ross. Estos últimos, regalándonos una de sus mejores composiciones con sensacionales temas oníricos, musicalizando las escenas más emocionantes de la película enlazando una serie de canciones impactantes. De lo mejor que han hecho para el cine.

Soul es una muestra de madurez fílmica, una propuesta plástica única, un goce sensorial nunca visto; lo anterior, sumado al increíble uso del jazz y el diseño de los personajes, generan la sensación de un cambio de timón en estas películas. De amplitud de giro dramático hacia temas más complejos, lo cual puede marcar un antes y un después en estas piezas de cine cada vez más sofisticadas. Pixar ha elaborado un estilo de cine que iba dirigido a los niños, pero que ya que se ha hecho imprescindible para el público adulto.

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