Rodolfo Andaur, gestor cultural: «Siempre necesitamos más recursos, pero no olvidemos jamás que si la institucionalidad cultural está llena de artistópatas, seguiremos pateando piedras»
Rodolfo Andaur ha impulsado importantes proyectos transdisciplinares de artes visuales a lo largo del país. Bajo este contexto, su trabajo ha sido destacado por importantes instituciones, principalmente en Latinoamérica y Europa. En entrevista, cuenta que «los artistas, gestores y curadores deben aceptar la transformatividad del planeta, de lo contrario sus proyectos son inviables dentro de la contingencia».
Rodolfo Andaur (Iquique, 1979) es curador de artes visuales y gestor cultural. También, estudió periodismo y tiene una maestría en Historia del Arte. Ha trabajado como director, impulsor y difusión de proyectos transdisciplinares.
Además, ha participado en equipos curatoriales que se enfocan en el análisis crítico y la reflexión sobre el antropoceno, el cambio climático y la ecogeopolítica en América Latina.
– Escuché en recientes entrevistas que has hablado sobre el concepto de transformatividad. Según tu pensamiento curatorial, ¿cuáles serían los artistas o acciones de las artes visuales que se inmiscuyen en ideas transformativas?
– Es preciso señalar que estamos viviendo un instante global bastante particular. Sin duda, la sindemia ha transformado las ideas con las que el arte instala sus discursos. Ahora, si a esto le añadimos la crisis política, automáticamente nos transformamos en testigos de nuevos pensamientos que han quebrado con algunas tradiciones y paradigmas. En este sentido, hay artistas, colectivos y proyectos que han retocado un espacio para desplazar renovadas visiones de sus entornos. La Comunidad Catrileo-Carrión instala no solo una transformatividad no binaria, sino que ideas que me hacen pensar, por ejemplo, en el pensamiento andino de Rivera Cusicanqui cuando nos invita a reflexionar sobre lo Ch’ixi. Por otro lado, también aparecen proyectos transformativos en la escena como Fragua organizado por Galería Barrios Bajos y la residencia navegable Radicante producida por Liquenlab. Ante estos modelos los artistas, gestores y curadores deben aceptar la transformatividad del planeta, de lo contrario sus proyectos son inviables dentro de la contingencia. Cabe recordar que el acto transformativo que todos ellos evidencian deviene en revelar, de manera constante, esos quiebres que están siendo metamorfoseados por la propia contingencia.

– Desde el 2010 has gestionado y difundido viajes de exploración territorial en diversos puntos de Chile y el extranjero. ¿Por qué has desplazado la curaduría hacia esos terrenos?
– Es interesante destacar que la curaduría no es sólo un espacio para producir exposiciones. También la curaduría se expande a reflexiones in situ basadas en la eco-geopolítica o los territorios transfronterizos. En este sentido, y ante la urgencia ecológica en la cual vivimos es que el contexto de las artes visuales en Chile debe alertar acerca de las diversas territorialidades dentro de un país ampliamente fracturado. Esta pluralidad solo puede generar que el relato curatorial no solo sea contaminado desde lo académico, sino que también pueda ser engendrado por otras tantas rutas alternativas. Ahí radica la importancia de generar un pensamiento curatorial a través de los viajes de exploración.
– ¿Crees que ha cambiado el panorama del arte en Chile en los últimos años?
– El arte debe transformarse. Y estos últimos años han sido viralizados renovados imaginarios, a pesar que la industria cultural santiaguina repite una y otra vez a sus viejos estandartes. Pero cabe destacar que hoy, más allá de la capital, se vislumbran otras voces que construyen un diálogo que puntualiza en lo interregional y plural.
– ¿Cuáles son los principales desafíos para producir pensamiento curatorial en Chile?
– Uno de los desafíos principales es que la curaduría pueda ser capaz de movilizar un pensamiento crítico y colaborativo. En esta materia hay algunos ejemplos de producción y acción editorial como Liquenlab (Punta Arenas), Galería Barrios Bajos (Valdivia), Toda La Teoría del Universo y Almacén (Concepción), Letargo (Coquimbo), Encuentro Foto Atacama (Copiapó) y La Tintorera (Ayllú de Solcor) que anudan otros entornos que facilitan el estudio de la práctica curatorial. Insisto que este grupo que menciono ha torcido las añejas cuestiones con las que la curaduría se había instalado. Por lo mismo, todos estos proyectos nos vinculan, actualmente, con nuevas esferas de pensamiento local para comprender la responsabilidad del trabajo curatorial desde las regiones.

– ¿Quiénes serían para ti los curadores que han marcado una tendencia para revelar cuestiones claves de la contingencia en estos últimos meses de pandemia?
– Debo ser bastante sincero a tu pregunta. Después de la revolución del 18 de octubre 2019, un grupo de curadores fueron coaptados por la impunidad con la que algunos medios de comunicación e instituciones suelen actuar. El silencio de ellos me preocupó, pero sobretodo el negacionismo por parte de los colegas. No obstante, en la escena aparecen por fortuna un par de curadoras que han truncado el espacio para la farandulización que ha sufrido, en los últimos años, la reflexión curatorial. Una de ellas es la curadora e investigadora Gloria Cortés quién ha marcado un referente para estudiar las pautas feministas que aparecen en la colección del museo más importante de Chile. Además ella misma ha creado un epicentro que analiza la historia del arte desde una perspectiva no binaria, inclusiva y política. La otra es la iquiqueña Loreto González Barra quién está dirigiendo, actualmente, el proyecto Ruco que será el primer festival de arte contemporáneo de Iquique. Esta plataforma potenciará los discursos y la circulación del arte que durante estos últimos años ha sufrido una drástica censura gestionada por la actual Seremi de cultura.
– ¿Qué opinas del manejo del gobierno en la institucionalidad cultural actual?
– Lo primero que se me viene a la cabeza con tu pregunta son los serios problemas comunicacionales que este gobierno ha instalado. Hemos visto tres ministros y otros tantos en las sombras. Esta conducción ministerial ha debilitado el análisis colectivo sobre políticas culturales y, al mismo tiempo, la credibilidad del trabajo del Estado. Creo que el tiempo ya se les acabo y lamentablemente lo que han dejado es una huella muy profunda de incertidumbre y desidia.
– La ministra Consuelo Valdés ha anunciado en Twitter que los fondos concursables contarán con un presupuesto histórico el 2021. ¿Qué piensas de este anuncio?
– Siempre necesitamos más recursos pero no olvidemos jamás que si la institucionalidad cultural está llena de artistópatas, seguiremos pateando piedras. Por lo que, en primera instancia, el tema no son los recursos, sino más bien como los mismos son focalizados y distribuidos por expertos en materia cultural y no por los políticos del «segundo piso’» Es una pena que el tiempo corra tan rápido y solo veamos meros anuncios para una de las áreas más afectadas por la sindemia.
– ¿Cuáles serán tus proyectos para el año 2021?
– Abril comienza con la itinerancia de hidropoéticas, un proyecto del Colectivo ÚltimaEsperanza por Madrid, Lisboa, Monterrey y Quito. Tengo una serie de exposiciones con los artistas Claudia Müller, Nicolas Grum y Francisco Peró. En agosto estaré en Ruco dentro de la programación del primer Festival de Arte Contemporáneo de Iquique; ese mismo mes participaré en una residencia en el observatorio Paranal junto al artista alemán Julius von Bismarck. A esto sumo dos viajes de reflexión territorial en Magallanes y Aysén. Y por último debo asistir a tres residencias de investigación curatorial en Alemania, Irlanda y Suiza.



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