Resumen 2020: Cine y series del año en que vivimos en peligro
Difícil hacer el balance habitual, un ranking de lo mejor del año, cuando éste le cambió la cara al mundo y planteó líneas distintas sobre cómo enfrentar lo que viene. Fue muy complejo para el cine adaptarse al cierre de salas, un escenario jamás imaginado y menos previsto, mientras que esa urgencia hizo que la televisión y las plataformas tuvieran su gran oportunidad. Como sea, hemos llegado a diciembre e igualmente el año deja, en el recuento que nos convoca, varios aprendizajes y nombres para destacar.
La industria: innovación a la vista
El cierre de los cines no fue impedimento para que muchos directores consiguieran lanzar buenas producciones estrenadas, muchas de ellas, en plataformas o en las escasas salas que permitió la cuidada “reapertura” en Europa y Estados Unidos.
No hubo Festival de Cannes, por lo que muchas obras del mejor cine de autor se reservaron para 2021, esperando que la situación cambie, mientras que las productoras se animaban a la monetización transaccional, generando, en varios casos, sorprendentes recaudaciones, lo que plantea la pregunta sobre qué nuevos modelos de negocio pueden resultar de este año atípico.
Muchos auguran que las salas tendrán que implementar sistemas de complemento con lanzamientos digitales, surgiendo otra conjetura que refiere a si con esta apuesta, ganarán todos; porque también cabe analizar si la conducta del consumidor está en proceso de ajustes también, hay que revisar si sus preferencias están cambiando.
Los aprendizajes del año aún no se tasan del todo, pero podrían darle una señal a los estudios de decidir, por ejemplo, pasar por alto los cines con películas de nivel medio, y apostar directamente a transmisión.
Como sea, la industria necesitó innovar y el cinéfilo se adaptó. Sin embargo, el ir a las salas es tan impagable que jamás se podrá pensar que un streaming es mejor que ir a la sala. Pero los que ponen el dinero podrían pensar otra cosa.
Las series: dueñas del show
La mayoría ya estaban grabadas antes de iniciarse la pandemia, por lo que pudimos disfrutar sin problemas de un elevado nivel. HBO siguió siendo la reina del contenido y tuvo otro año de lujo con, por ejemplo, Lovecraft Country, una de las mejores apuestas de ciencia ficción del año con este viaje lleno de racismo, monstruos y universos paralelos. Otra bandera de HBO fue Westworld, la nueva Game of Thrones; la tercera temporada trasladó la acción al mundo abierto para contar cómo los androides, ahora conscientes de su naturaleza, trataban de tomar el control.
Por parte de Netflix, hubo un sorpresa gigante, tanto como Michael Jordan, en The Last Dance, un documental increíble sobre la mejor generación de los Chicago Bulls, mostrando las internas, contando un montón de secretos de un equipo mega millonario y que cambió a la NBA para siempre.
Muy desapercibida pasó la excelente The New Pope. Tras desentrañar los caminos del creador y mostrarlos en una de las series más rompedoras de los últimos años (The Young Pope), Paolo Sorrentino quiso llegar a tocar el cielo y se sentó a la izquierda del Padre para juzgar a los vivos y a los muertos con esta serie; el director italiano magnificó su milagro y mostró el estilo de su legado.
Hablando de estilos, algo nuevo y valioso nos dejó I May Destroy You, dura y necesaria, nacida de la propia experiencia de Micaela Coel quien escribe, crea y protagoniza una obra sobre el leve recuerdo de la noche anterior; es una magnífica y concienzuda exploración sobre la sexualidad y el consentimiento.
Y si Micaela Coen nos contó sobre el presente, Mrs. America nos trajo el relato del pasado, pero hecho íntegramente por mujeres, para mostrar las primeras luchas de derechos por parte del feminismo; una crónica de la batalla por la aprobación de la ERA en el Estados Unidos de los 70. Con un reparto de lujo (Cate Blanchett, Margo Martindale, Sarah Paulson, Rose Byrne, Uzo Aduba), se reconoce el compromiso a esas mujeres y se declara cuándo nació la estrategia republicana, usada hasta hoy, para convencer a los electores.
Otra propuesta que no recibió todo el reconocimiento que debiera fue la conmovedora My Brilliant Friend. Basándose en la novela de Elena Ferrante es icónica, y la serie le hace justicia con su increíble fotografía, música y actuaciones llenas de humanidad, mientras que una imperdible en cualquier ranking de series es Better Call Saul, con otra temporada brillante y cada vez más cerca del tiempo de la aplaudida Breaking Bad, esta sesión se dio el lujo de deslumbrar en su lenguaje visual, giros dramáticos y crecimiento de sus personajes, todo en una armonía única que ya acumula puntos por sobre su serie madre.
Otra no tan conocida pero que fue deslumbrante y la deja dentro del listado de lo mejor del año fue El Colapso, cuya virtud fue presentar un formato en plano secuencia. Son ocho episodios usando esa estructura, en el que vemos estampadas las consecuencias que tendría un colapso económico. A nivel técnico es magistral.
Y en el top debía estar Unorthodox. Una miniserie intensa, emocional y que jugó con los ingredientes de la historia real en la que se basa. Es pura valentía, porque no es una historia sobre la existencia de Dios, sino sobre el derecho de la mujer de tener voz propia. Uno de los grandes aciertos de Netflix, plataforma que con Gambito de Dama también hizo una reelectura de la supervivencia femenina.
Y para terminar, Perry Mason obtuvo el veredicto a favor cuando el caso de la década llamó a su puerta. El abogado más famoso de la tv norteamericana en la década 50 y 60, fue mostrado por HBO en una versión que actúa como precuela de aquella serie que muchos vieron. Protagonizada por un enorme Matthew Rhys, fue la incesante búsqueda de la verdad la que reveló una ciudad fracturada, y esa lucha fue también, la única forma de redención para él mismo.
Las películas: contra la marea
Ya comentamos que al contrario de las series, las pelíulas la tuvieron muy difícil. Así todo, hay muchas producciones que se estrenaron con éxito y que destilaron calidad, como la gran performance de Riz Ahmed en Sound of Metal, tanto así que debería ser un favorito para el Oscar. Es una película con uno de los diseños de sonido más espectaculares de los últimos años y que te hace entrar en la cabeza de una persona con problemas auditivos.
En Borat, Sacha Baron Cohen demostró que, a veces, la cuestión es sobre riesgo y talento; se ríe de todos sin perder de vista su objetivo: atacar a la administración Trump. También hay que dedicarle unas líneas al vilipendiado Christopher Nolan, quien sofistica hasta la extenuación, la historia de Tenet; esta juega a la inversión temporal con escenas de acción espectaculares, nunca vistas. Sí, es difícil de entender, pero no importa, incluso te lo dicen desde el comienzo así que, ¡disfruta!
Y a uno que esperábamos con ganas era a Aaron Sorkin. Y todo se resume en que está desatado en El Juicio de los 7 de Chicago. El creador de The West Wing dirige su film más político, donde habla de democracia, del poder del pueblo y de la necesidad de salir a la calle cuando el resto no funciona.
¿Y qué hubo en animación? Pixar lo hizo otra vez con Soul. Su última película es otra joya de la animación y del cine. Su respuesta al «qué hay después de la muerte» se convierte en un “qué hay antes de la vida”, siendo mucho más madura y adulta de lo que acostumbra la compañía, y además tiene música de Trent Reznor.
Otro que salió a flote a pesar de las críticas dispares fue David Fincher. Ha sido Netflix la que le dio libertad para realizar una de sus obras más personales, Mank, a la vez que es homenaje al cine a través de una buena cachetada a la época de oro de Hollywood, sin entrar en el debate sobre quién fue dueño de Ciudadano Kane.
¿Y Charlie Kaufman? Simplemente uno de los guionistas más reputados del cine volvió a ponerse tras de cámara para jugar con la mente del espectador en I’m Thinking of Ending Things. Y a los 89 años, Don Clint Eastwood, una leyenda viviente, un mito que en el peor año del mundo, nos dio un golpe al mentón con su mejor película desde Million Dollar Baby; gran historia la de Richard Jewell. Con su tranquilo y sabio estilo sacó a relucir las vergüenzas de su país mediante otra historia de un héroe anónimo, donde Paul Walter Hauser está insuperable.
Y Latinoamérica también lanzó obras interesantes, como la colombiana Monos, premiada en cuanto festival participó y con una puesta en escena a lo Apocalypse Now; no propone moralejas, pero sí revuelve la conciencia del espectador. Y la mexicana Vivos es una oda a los 43 estudiantes desaparecidos en el país azteca, pero aún más, es un recordatorio de cómo el crimen organizado y las autoridades se unen para proteger sus intereses.
Y la producción nacional, a pesar de tanta dificultad, también destacó con Mujeres Arriba y Las Cruces, en temáticas muy distintas. Mientras, Tengo Miedo Torero vendió 50 mil entradas en dos días y su visionado online no tiene precedentes.
¿Cambio cultural entre los chilenos? Luis Alejandro Pérez triunfó con su película debut, Piola, al contar la historia de tres jóvenes que ven sus vidas entrelazadas por eventos que parecieran no tener relación. Las películas chilenas acumularon cerca de medio millón de espectadores, cifra totalmente inesperada, donde también aportan Pacto de Fuga, estrenada entre estallido y pandemia, y El Agente Topo, que tiene una premisa de espionaje mezclada con una humanidad abrumadora. Maite Alberdi utilizó sensibilidad, humor y empatía para crear un acertado comentario sobre el trato que reciben los adultos mayores



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