El retorno de Cleopatras y su visión de la belleza del paso del tiempo
El retorno de Cleopatras y su visión de la belleza del paso del tiempo
Una de las manifestaciones artísticas que tuvieron vida en los años ochenta, y que ha alcanzado la categoría de culto con el paso del tiempo, está de regreso. Patricia Rivadeneira, Cecilia Aguayo, Jacqueline Fresard y Tahía Gómez retornaron con su colectivo Cleopatras, donde, a través de la performance presentada en el Museo de Bellas Artes, El cuerpo como tiempo —basada en el texto Modos de ver, del crítico de arte británico John Berger—, ponen sobre la mesa aspectos relacionados con el cuerpo femenino y con lo que se ha construido en torno a él a lo largo de los siglos.
¿Qué es estar desnudo? ¿Significa lo mismo para el hombre y para la mujer? ¿Cómo esperamos que los hombres nos vean? ¿Qué esperan los hombres que veamos de ellos? ¿Qué percibimos en el espejo al envejecer?
Estos son los temas en los que profundiza la desafiante obra El cuerpo como tiempo, en la que una serie de artistas plásticos observa los cuerpos desnudos de Patricia Rivadeneira y Tahía Gómez. Ellas, a lo largo del relato, son las encargadas de cuestionarse y reflexionar sobre lo que constituye el cuerpo para la mujer, amparadas por obras que cuelgan en las paredes, que demuestran cómo el cuerpo femenino ha sido retratado sin ropa por distintos artistas en diferentes épocas de la historia de la humanidad.
El público puede deambular, sentarse en el suelo o quedarse quieto donde está. Lo importante es sumergirse en la experiencia, que invita a abrir los sentidos y el pensamiento también a través de la música, original de la compositora Entrópica y de su histórico colaborador Jorge González, fundador y líder de Los Prisioneros.

Entre la gente está Cecilia Aguayo, quien, de pie y a cargo de un computador, hace las veces de DJ e interviene con reflexiones que repite con voz teatral. Un poco más allá, sentada frente a un atril, Jacqueline Fresard trabaja en un lienzo ya comenzado. De alguna manera, las cuatro Cleopatras están ubicadas para esta obra en posiciones acordes a cómo se han desarrollado profesionalmente —en parte o a lo largo de sus vidas—: utilizando el cuerpo y la voz, Tahía y Patricia; comunicando a través de una obra plástica, Jacqueline; y de pie detrás del computador, evocando la época en que fue tecladista de Los Prisioneros, Cecilia, quien pasó a la historia como la única integrante femenina que formó parte del grupo.
Mientras somos testigos de este retorno artístico, viajamos en una especie de cápsula del tiempo que nos lleva hasta mediados de los años ochenta, hasta esa vanguardia en la que cuatro mujeres jóvenes, creadoras y audaces, pusieron sobre la mesa temáticas feministas y con perspectiva de género.
Casi cuatro décadas después, son ellas quienes nos invitan a experimentar el mito de asistir a una performance de Cleopatras. Pero eso no es todo: no es una obra que busque reproducir lo que fueron, sino que nos recuerda que estamos frente a las Cleopatras del 2025, con una mirada actual, que aborda sentires femeninos y masculinos recientes, y subraya que no es en vano el paso del tiempo: que las marcas que llevan nuestros cuerpos al envejecer son una bella parte de la vida.
Sólo fueron cuatro años y las Cleopatras dejaron su huella. Crearon un precedente para las feministas del futuro, influenciando —posiblemente— a colectivos contemporáneos como LasTesis.
Nacidas artísticamente en los circuitos underground de 1986, cuando Chile transitaba el último período de oscuridad inherente de la dictadura, estas cuatro artistas irrumpieron en la penumbra de esos años, encarnando la resistencia en un país disciplinado por el silencio.
Lo que ofrecieron entonces no dista de lo que nos entregan hoy: sus cuerpos como territorio de expresión y rebeldía. La voz, el movimiento, la música y el lienzo como herramientas de lucha se reúnen en una puesta en escena donde lo íntimo se hace político, y lo político encuentra un vehículo en la piel.
Cecilia, Patricia, Jacqueline y Tahía: cuatro mujeres con cuatro perspectivas. Cuatro cuerpos, cuatro voces y cuatro formas de ser, de sentir y de expresar. Desde la voz, desde la desnudez, desde la música y desde el silencio de quien se comunica a través del papel.
Desnudas no sólo ante el público, sino también ante la historia, en El cuerpo como tiempo, las Cleopatras continúan desafiando las formas del arte desde la vereda femenina, imponiendo el derecho a crear, a sentir, a decir y a visibilizar aquello que la historia pretende borrar. Su obra es un manifiesto lleno de verdad y una oportunidad para hablar de la amistad que las ha mantenido unidas a través de los años.
Es un gesto de belleza y de una lucha constante: la exhibición de una herida que hoy es cicatriz, y que, a través del arte, ha encontrado una manera de sanar.



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