Cultura B

“Dignidad”: A medio camino entre la denuncia y un espectáculo para TV

Corrupción y traición son parte de este thriller basado en hechos reales y que está escrito por Andreas Gutzeit, María Elena Wood y Patricio Pereira. Si bien posee un buen elenco, tiene algunas fallas que opacan el trasfondo de la denuncia.


Colonia Dignidad fue una comunidad alemana liderada por Paul Schäfer (Götz Otto) que se asentó al sur de Chile y en la cual se encontraba el único hospital. Al mismo tiempo, este asentamiento germano sirvió como centro de tortura para los opositores a la dictadura de Pinochet. Durante el nazismo, Schäfer formó parte de las juventudes hitlerianas y hacia finales de los 50 dirigió hogares para niños, pero fue denunciado por abuso sexual por lo que huyó a Chile instalando este centro que tenía el aval de los vecinos de la zona, los que eran atendidos de manera gratuita. Desde hace años, Dignidad y Paul Schäfer han sido parte del interés cinéfilo, creando relatos que nos permiten enarbolar la frase de que estos visionados cumplen con el rol de mostrar hechos terribles para “que nunca se vuelva a repetir”.

Julio Jorquera investigó la vida de Schäfer y la utilizó en Dignidad para contar la historia de un fiscal que hace de todo para poder llevar a ese hombre a la justicia, aun cuando un sector de la opinión pública, los medios y la política elegían defender al criminal. La serie de Amazon Prime se desarrolla en dos épocas, una a finales de los 70, donde se muestran los vínculos con la dictadura y donde los niños son los protagonistas. La otra, más actual, ocurre en 1997, con un Leo abogado, a quien un juez le encomienda regresar a la comunidad germana para capturar a Schäfer.

Desde el comienzo, la serie contiene imágenes fuertes en relación al abuso de menores, siendo esa una decisión de dirección y que el guión y actuaciones deben sostener durante todo el metraje; hay una delgada línea en cómo no dejarse llevar por el morbo y ser eficaz con el horror mostrado. Al ser una serie para televisión, estas escenas deben ayudar al espectador, pero cuidando no traspasar ese margen tan sutil, hecho que en Dignidad no está bien logrado.

Está claro que no es sencillo filmar el horror de ese proceso, por eso, el tomar distancia de esos abusadores podría ser la única forma de observarlos, como lo hizo Spielberg en La Lista de Schindler (1993) cuando acercaba la cámara para revelar la peor cara del asesino. En Dignidad, el director ensaya siempre cuál podría ser la forma más adecuada de acercarse a Götz Otto, mientras la trama se propone como un thriller para evidenciar la complicidad política que existió alrededor de la Colonia, el apoyo de gran parte de la sociedad y las dificultades que encontró el abogado al enfrentarse a un sistema legal que aún contenía resabios de la dictadura. Pero cuando esperábamos que la serie nos llevara a ese desenlace, la trama se remite a un paralelo entre el reencuentro del protagonista con su pasado, mientras lidia con una investigación que le trae amenazas por parte de gente afín a Schäfer. La pregunta, entonces, es cuál es el objetivo de Julio Jorquera con esta historia, porque el equilibro de mostrar las atrocidades que sucedían en ese lugar versus el pasado del abogado, no encuentra un completo acople. 

Otro límite delgado que la serie no logra controlar es el del espectáculo morboso como vehículo de denuncia. Mostrar exageradamente imágenes de ejecuciones o torturas (y si es a niños, más difícil aún) es una decisión que puede volverse en contra de la propuesta. También hay algunas debilidades en ese ítem, junto a ciertas fallas técnicas como planos genéricos reiterativos, cambios en la fotografía y errores de ambientación del Chile de fines de los 90 (algo que solo los televidentes nacionales vamos a percibir, para el resto pasará inadvertido). Dignidad apuesta por escenas explícitas y que causan tal impacto que dejan la trama política relegada y en dudas de si es la denuncia lo que pretende estampar.

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