Dark 3: El nudo entre Einstein y Shakespeare
Con un guión complejo, Netflix corrió el riesgo con la serie alemana, que descolló por presentar un puzzle milimétricamente hilvanado y contado en pocos episodios. Algunos piensan que escoger ser tan enreadado es, a la vez, ser poco original, pero hay que reconocer que toda la historia estuvo bien llevada gracias a un equipo de guionistas que se la jugó por mezclar elementos de la física con la filosofía, junto a un casting escogido al dedillo para lograr una coherencia notable para un final que aclara que el sacrificio por los otros siempre será la solución al acertijo de la vida.
Esos días en que Mikkel y Michael eran la misma persona, eran fáciles en la historia de Dark. La producción alemana le sacó lustre a aquella máxima que dice que los germanos «no dan puntada sin hilo» y estructuran todo el plan antes de tirarse al abordaje. En sólo 26 episodios, la serie original de Netflix exploró el drama de cuatro familias (y uno que otro habitante de Winden) a través de cuatro épocas diferentes y, en sus últimos episodios, incluso en mundos paralelos. Este tramo de la propuesta creada por Baran Bo Odar y Jantje Friese no estaba en los cálculos de nadie, pero funcionó como satisfactorio punto final.
La clave para entender esta propuesta está en la física. Así es, en la disciplina de Einstein y en el experimento del gato de Schrödinger, el cual se explica al inicio del penúltimo episodio. En Dark, el profesor Tannhaus se hace la misma pregunta que el físico austríaco Erwin Schrodinger se planteó en 1935 a un nivel micro, pero ahora a un nivel de un macrocosmos, de épocas, de mundos. Para muchos críticos, esto ha sido pura ambición del guión, algo que ha arruinado a otras series, pero la verdad es que incluir elementos de la física para explicar por qué decidimos creer tal o cuales realidades, y de la filosofía, para comprender por qué hacemos algunos sacrificios dolorosos, dibuja esta jugada como simplemente hermosa.
En Dark somos, literalmente, los espectadores del «experimento» del gato al ver las dos realidades que están sucediendo, al mismo tiempo, en un cosmos mayor. Lo que ocasiona estas dos realidades en loop eterno, es la creación de la máquina del tiempo de Tannhaus, lo que provoca los viajes al pasado y futuro, y que las relaciones parentales se distorsionen.
Pero en esta temporada final, el guión agregó el giro del «mundo paralelo» al que siempre nos mostró la serie, en donde Martha es la protagonista y aprenderá que su vida depende de que todo el pasado se reproduzca tal cual ha sido. Es ahí donde estaba el error de la matrix. Nadie se había percatado que, al no modificar el real origen de estas dos realidades, no se podía cortar este loop infinito descubierto por Claudia, quien había aportado por siglos a que todo siguiera igual pensando en que así su hija dejaría de sufrir el cáncer en alguno de los dos mundos.
Claudia Tiendemann siempre fue un personaje manipulador, pero el viaje al futuro en el cual contempló la enfermedad de su hija, la hizo cambiar de giro de manera radical. Fue este deseo inmenso de salud y felicidad de su hija que la hizo inferir la existencia del mundo original, ese donde ocurrió el acontecimiento de origen que desencadenó la creación de la máquina del tiempo y las dos probabilidades del gato de Schrödinger.
Otro detalle bien cuidado para señalar la diferencia entre los mundos fue que las cicatrices cambiaban de lado cuando un personaje viajaba, o que las localizaciones y fechas estuvieran escritas al revés. También sirvieron los pelos teñidos, un Mikkel más grande y las canciones, para que la producción pudiera sostener adecuadamente este castillo de naipes.
The end is the beggining
En el final, Shakespeare pareciera haber dibujado el sacrificio del amor entre Jonas y Martha, el cual es imposible una vez modificado el error original, pero que a pesar de «no poder existir», sería eterno. La escena bajo la lluvia y la satisfacción triste de haber deshecho el nudo, pareció un momento escrito por el autor inglés; por otro lado, está la conclusión de que la trama de la serie no era solamente la huida de un destino ya escrito, sino que era la necesidad de evitar la pérdida de nuestros seres queridos, porque ese terror nos mueve a estar dispuestos a todo, con tal de la mínima posibilidad de evitarlo.
Junto a este giro sorpresivo del guión final, la serie se destacó por su elevado nivel de diseño de producción, maquillaje y casting soberbio, más una banda sonora que acompaña a la perfección lo que vemos a través de la pantalla. La selección musical de Dark ha sido impecable desde el primer tráiler. Desde el primer minuto, donde los acordes de Apparat nos encrisparon los pelos con ‘Goodbye’.
La música de esta temporada final es imprescindible para crear atmósfera. Para su banda sonora regresa el australiano Ben Frost, cargado de partituras misteriosas. Resaltan los violines de ‘Alles ist miteinander verbunden’ (Todo está conectado), más una selección de éxitos de los ochenta (pasando por Cher, Dead or Alive y Survivor). También está el nuevo milenio, donde incluye a los ingleses Bloc Party, Hozier – nominado al Grammy– y hasta material recientemente estrenado, como las nostálgicas melodías de la cantante danesa Agnes Obel. El score de Ben Frost nos recuerda el trabajo de la compositora islandesa y ganadora del Óscar, Hildur Guðnadóttir (Joker, Chernobyl), por esa melancolía con la que aceita el tono oscuro de la serie. Especialmente hermoso es el tema de Jonas y Martha, ‘Ich dachte, ich haette mehr zeit’ (Pensé que tenía más tiempo).
Dark resultó mucho más profunda que la también popular Stranger Things, con varias referencias a películas como Donnie Darko, Volver al Futuro y cercana al tono de Twin Peaks (la obra maestra de David Lynch), rescatando la redención y el sacrificio por un bien mayor, como elementos que desenredan la historia. Este sentimiento genuinamente humano fue transmitido casi al final, y permitió que los protagonistas ganaran en el universo seriéfilo esa empatía con el amor que jamás existiría, pero que igual nació de «el uno para el otro». Paradojas.

Los principales portales de calificación de series ya la tienen por las nubes, como la mejor producción original del catálogo de Netflix. No es exagerado ni producto del hype, es resultado de un guión novedoso y que estaba armado desde 2017, con cada pieza incorporada con absoluta precisión en un momento determinado, para ser contado en poco tiempo y para culminarla en su mejor momento. Distintos tiempos, distintos mundos. Y en esa aparente confusión de épocas, Dark transmitió el mensaje de que nuestros propios intereses deben quedar atrás, en aras de un bien mayor. Dos mundos. Luz y oscuridad. Shakespeare y Einstein. Y, en el centro de todo, una trágica historia de amor de dimensiones épicas. Para muchos, el cierre ha sido conflictivo, pero realmente es redondo para la propuesta, porque lo que queda claro aquí es que lo que sabemos es una gota y lo que ignoramos, un gigantesco océano.



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