“Alias Grace”, una serie del presente vestida de época

La miniserie da cuenta de un orden patriarcal que se va transparentando sin escatimar en la crudeza y realismo con la que transcurren algunas de sus escenas. Esto es logrado gracias a un equipo femenino de lujo: Sarah Gordon en el rol protagónico, Sarah Polley en el guión, la dirección de Marry Harron, y la escritora de la novela original en la que se basa Alias Grace, Margaret Atwood.
Alias Grace

La miniserie da cuenta de un orden patriarcal que se va transparentando sin escatimar en la crudeza y realismo con la que transcurren algunas de sus escenas. Esto es logrado gracias a un equipo femenino de lujo: Sarah Gordon en el rol protagónico, Sarah Polley en el guión, la dirección de Marry Harron, y la escritora de la novela original en la que se basa Alias Grace, Margaret Atwood.

Hace poco más de una semana, las redes sociales desataron una verdadera inquisición tras un desafortunado tweet publicado por la usuaria Soledad Brinck. “Llevo 6 meses sin nana, el ahorro q he tenido es tan Grande q es inevitable plantearse un cambio d modelo” (sic). Su declaración epifánica no encontró mejor espacio que los 280 caracteres. Desobedeciendo totalmente a su propia biografía –donde se puede leer claramente que “este no es mi diario de vida”– y sin tomarle ningún peso al contexto en el que estamos viviendo, provocó que sus declaraciones fueran al banquillo de los acusados, casi sin mediar juicio, pasando directamente a la sentencia, que es precisamente lo que le ocurrió.

Desde la opinión pública, el escarnio no tuvo tregua. Dejando entrever, no solo en las declaraciones de su autora, sino que en las interacciones de algunos de sus pares, un clasismo exacerbado. Un desprecio por la labor de la empleada doméstica que se manifestó en frases indirectas (muy directas) respecto a su remuneración, al cuidado de los recursos de limpieza y hasta deslizando que había objetos desaparecidos tras su presencia. Más rápido de lo que se demoró en compartir su reflexión, se sometió al tribunal implacable de las redes sociales. Y es en un escenario de estas características, pero en el siglo XIX, donde transcurre Alias Grace (2017).

Alias Grace

La serie se basa en la exitosa novela de ficción de Margaret Atwood, llevada a nuestras pantallas vía Netflix. Es dirigida por Marry Harron, escritora y directora canadiense, que además de entrar al sondeo cinematográfico por la película American Psycho (2000), fue una de las fundadoras de la revista Punk Magazine. Un background interesante que sirve para entender –en parte– el universo creativo desde donde se originan sus trabajos.

La novela, que cobra vida en la serie, se inspiró en el histórico asesinato de Thomas Kinnear y de su ama de llaves (y amante), Nancy Montgomery. Las implicancias que tuvo el hecho al tratarse de un crimen que tuvo a un señor de un alto estatus social y el vínculo amoroso con alguien que estaba bajo sus órdenes, generó un antes y un después en lo seductoras que serían este tipo de historias para el público. Vale decir que ambos fueron víctima de asesinato (estando ella embarazada), teniendo como únicos culpables a los empleados de casa: James Dermontt (algo así como un capataz) y la señorita Grace, encargada de las labores de casa.

Serie y novela deben su nombre a Grace Marks, quien, desde una muy temprana edad, sufre las inclemencias de una vida llena de contrariedades y sinsabores por su condición social. En plena adolescencia, debe migrar junto a su familia desde Irlanda a Canadá en búsqueda de mejores oportunidades. En ese viaje, su madre enfermó fatalmente, debiendo ser brevemente velada para luego ser lanzada por la borda del barco. Si esto fuese poco drama, su destino se ve comprometido por deber quedarse junto a sus pequeños hermanos bajo la tutela de un padre abusador y alcohólico, quien la obligó a dejar su casa para conseguir sustento. Hasta este punto, la serie conserva las bases históricas del caso, permitiéndose la autora de la novela la libertad de elaborar personajes que le dieran mayor profundidad y conexión al lector/espectador con la vida de la protagonista.

¿Por qué ver Alice Grace? Porque a nivel de producción de época, actuaciones, dinámica y secuencia de la historia, resulta un producto muy bien logrado. A ratos da la impresión de estar leyendo el libro y eso genera esa satisfacción de poder combinar lo que se puede ver y echar a volar la imaginación con cada silencio argumentativo. Además, la estructura que tienen los diálogos invoca desde expresiones de época, con esa picardía con la que se construye al personaje de Grace, hasta la forma en que los soliloquios van separando las distintas líneas de pensamiento que hay que distinguir para entender la historia. Ese entrecruzamiento de lo que parece cierto y lo que no, genera un atractivo que secuestra la atención no sólo por las palabras, sino por cada gesto, cada mirada y cada tono con que se montan las escenas.

Desde un punto de vista más reflexivo, Alias Grace da cuenta de elementos que, gracias al cuarteto femenino conformado por su protagonista (Sarah Gordon), guionista (Sarah Polley), escritora (Margaret Atwood) y directora (Marry Harron), se transparentan sin escatimar en la crudeza y realismo con la que transcurren algunas escenas. La posición de la mujer en la sociedad en cada rol y sus límites; a su vez, cómo los hombres operan bajo estas circunstancias, desde el ejercicio de sus posibles horizontes aspiracionales, hasta las maneras en que satisfacen sus deseos sexuales. Las desigualdades, el desequilibrio de la justicia y la situación política del momento. ¿Acaso Alias Grace cuenta una historia contemporánea? No, la miniserie se ambienta en el siglo XIX.

Por otro lado, y de acuerdo a estas mismas circunstancias socioculturales descritas, se construyó al personaje discurriendo en esa delgada línea entre lo demoníaco y lo angelical. Se puso en duda que Grace haya sido parte de este macabro crimen solo por el hecho de que se trataba de una mujer joven y hermosa, por lo que se le atribuyó la autoría del hecho directamente a James Desmontt. Aunque ambos fueron inicialmente condenados a la horca, solo él fue ejecutado.

Alias Grace

“Durante el siglo XIX, el 10% de la población activa se empleó en el servicio doméstico. Debido a su informalidad, este trabajo fue asociado a la criminalidad y a la prostitución”. Este fragmento pertenece a un artículo llamado “El servicio doméstico en Chile (1830-1931)” (disponible en la página de Memoria Chilena). Como consecuencia del criticado intercambio de tweets clasistas y denostativos, la historiadora y escritora feminista María José Cumplido, compartió a través de su cuenta de Twitter una serie de documentos históricos donde se apreciaba la relación prejuiciosa con la que desde siempre se ha castigado a la servidumbre. Incluso, podemos encontrar algunos casos similares al que se presenta en la serie, en el Chile de fines del siglo XIX. Destaca el caso de la muerte de Sara Bell, donde se puede tener acceso al informe de la defensa y a la novela histórica que expuso el caso en detalle.

Resulta fascinante –y a la vez lamentable– visualizar cómo costumbres heredadas por la aristocracia fueron consolidando un modelo de trato al empleado, un perfil predominantemente femenino para las tareas domésticas (siendo nodrizas, inclusive) y un nivel de precarización del rubro, que hasta nuestros días hacen tristemente célebres a personajes como el del viralizado tweet. Este tipo de intervenciones revelan como siguen latentes hoy cada uno de los puntos señalados.

Mientras no tengamos una adaptación criolla de lo ocurrido a Sara Bell, la invitación es a ver Alias Grace. Con certeza, el misterio tras este caso que nunca logró descifrarse del todo podrá sostener ese magnetismo, que en palabras de María José Cumplido se explica perfecto: “A raíz de este caso (asesinato de Sara Bell), las personas del servicio doméstico se configurarán como testigos, guardadores de secretos e, incluso, cómplices de los crímenes. Lo que los hace personajes atractivos para la novela policial y muchas teleseries donde los criminales son parte de la élite.”

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