Adelanto del libro «La Enviada Especial» de Leo Marcazzolo
Seguir de cerca la última campaña presidencial es el eje del nuevo libro de Leo Marcazzolo, concretando un rastreo extraño, hilarante y muy alejado del periodismo tradicional, creando un personaje ficticio: la “enviada especial”, que describe los momentos más inoportunos de los candidatos.
BORIC
Viernes 3 de septiembre. Vísperas de fiestas patrias. Plaza Inés de Suárez. El joven candidato croata por el izquierdista movimiento, Apruebo Dignidad se reúne con personeros del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS) para experimentar la empática actividad de ser invidente por media hora.
El reloj marca las 9:00 de la mañana en punto, y el joven candidato croata, espera junto a sus asesores de prensa, la tardía pero no por ello menos relevante llegada del reducido contingente periodístico que aún existe. Se rumorea que la temperatura es de 5ºC en la céntrica plaza Inés de Suárez; las más diversas manifestaciones caninas llaman la atención de nuestra enviada. Ella que siempre ha sido tan cercana al mundo animal, se deleita con el avistamiento de cuadrúpedos jugueteando o haciendo sus necesidades sobre el pasto seco.
Luego, una vez que se produce el éxodo de los caninos, intenta maximizar su tiempo, probando las más variadas maneras de empatizar con el aguerrido candidato de izquierda, que la mira con gesto gélido. En esa misma línea, únicamente motivada por romper el hielo, se aproxima a él y sacando ventaja de las bajas temperaturas, intenta departir a su lado, esbozando un pequeño pero no por ello menos ingenioso comentario de naturaleza lúdica. Sin embargo, pese a la calidad y originalidad semántica de este, el candidato se muestra poco proclive a reírse. Nuestra enviada especial le dice: “estoy más helada que canilla de pelícano”, e increíblemente, el joven candidato de izquierda, en vez de retribuirle su humor estableciendo complicidad con ella, se muestra más frío y magallánico que un pingüino.
Las nubes amenazan con tormenta, al tiempo, que el joven candidato del pacto Apruebo Dignidad, una vez más le expone a nuestra enviada especial su emblemático gesto de arrugar ojos y nariz emulando el característico “viejito” de los lactantes (que tanta algarabía produce entre los adultos mayores que son abuelos por primera vez). Los últimos representantes del cuarto poder continúan arribando y, solo una vez que suman alrededor de ocho, el candidato se resigna a que “seremos pocos” y accede a dar inicio a la actividad. Respira hondo y se pone el antifaz que Matías Poblete, presidente de la fundación para la discapacidad (FChD) le ofrece para concretar la pauta de “ser invidente por media hora”. El objetivo es que el joven candidato de izquierda croata viva la experiencia de enceguecerse, con un antifaz negro que lleva su nombre grabado en él, para que, en caso de que se transforme en mandatario, tenga la conciencia de gobernar otorgándole mejores condiciones a los discapacitados.
El reloj marca las 9:15 de la mañana y a pocos segundos de que el joven trepador de árboles comienza a caminar como invidente, casi automáticamente, se empieza a quedar corto de improperios con que enfrentar su desafío. Nuestra propia enviada especial es capaz de oírlo. Es capaz de escuchar al joven magallánico que al comenzar a caminar se tropieza contra una banca y exclama: “¡concha… con mascarilla y venda me voy a sacar la reconcha…!”, felizmente, la buena estrella del joven Boric lo ampara, por lo que finalmente no es escuchado por el presidente de la FChD.
Luego, ya más calmado, da palos de ciego al aire con su bastón, en un claro intento por habituarse a este. Camina con cuidado, intentando agarrarse de cualquier cosa. Eso, mientras nuestra enviada especial corrobora, que viste la misma chaqueta azul que siempre lo ha caracterizado, (la que lleva a cada pauta donde nuestra enviada especial lo ha visto). El joven candidato camina con sigilo mientras comenta, en tiempo real, su experiencia.
—Fíjate que es bien terrible esto. Uno se siente bien vulnerable —le dice al presidente de la. FChD— que intenta guiarlo por el accidentado pasto de la plaza Inés de Suárez.
—Experiencias como estas crean empatía. —Dice Boric siguiendo con su charla sobre la inclusión.
Eso, mientras nuestra enviada especial se ve contrariada por más de alguna contingencia en el empeño de su ejercicio periodístico. En especial por dos representantes del medio audiovisual, que no claudican en sus intentos de alejarla del joven y poco experimentado candidato en su paso por la invidencia. Uno de gruesas extremidades y mascarilla del hombre araña es el que más se empeña por hacerla retroceder. Recurre a los más fieros apelativos con el propósito de gatillar su huida. Clavando sus pequeños y rasgados ojillos en ella, le grita:
—¡Salte del mono que no soy vo´ a la que queremos ver! —la increpa, y nuestra enviada especial, inevitablemente, rememora aquellos tiempos en que era muchísimo más joven e iletrada y debía presenciar cómo los reporteros gráficos se valían de los términos más soeces para sacarla del plano. Seguía a Guido Girardi por ejemplo, cuando un día en plena feria, un avezado colega le gritó:
—¡Carne de burro no es transparente! —y como respuesta, nuestra enviada especial, en un gesto que aún se reprocha, le mostró su dedo garabatero y se dio a la fuga.
Ha visto demasiada vileza nuestra enviada. Y hoy, que sigue al joven candidato croata en su arduo camino hacia la presidencia de Chile, no es menester recodarlo. Trasciende además, que otro de sus colegas, repentinamente, emite un peculiar comentario. Guarecido tras un árbol y mirando cara a cara a una de sus colegas, exclama:
—Yo también ando ciego pero de otras cosas (se ríe)— y, nuevamente, solo por la buena estrella que lo acompaña, el presidente de la FChD, que caminaba a un par de centímetros de ese poco noble profesional, no logró escucharlo.
Nuestra enviada especial, en tanto, continúa con su empeño de tratar de aproximarse al candidato, pero infelizmente en su afán se acerca en demasía a las cámaras y vuelve a encender la alarma de otro de los reporteros gráficos.
—¡Salga de encima pues! —le gritan, y nuestra enviada especial no sabe qué decir. Opta por reservarse su dedo garabatero para otro improperio más fuerte.
Finalmente, la actividad culmina. El joven candidato magallánico croata, luego de haber caminado por cerca de media hora con la venda puesta, se la quita con dificultad a la par que confiesa que su experiencia fue infinitamente más tremenda de lo que imaginó.
—Debo decir que fue una experiencia definitivamente desgarradora… mi gobierno, hablo de mi gobierno porque definitivamente vamos a ser gobierno, se comprometerá a salir de la sociedad del “capacitismo” e introducirse de lleno en la sociedad de la inclusión. Destinaremos fondos especiales para ello. —Declama Boric, y nuestra enviada especial que lo escucha con el tipo de atención que solo ella sabe propinar, no puede evitar formularle una sencilla, pero no menos importante interrogante. Le pregunta:
—Señor candidato ¿cuál será el origen de esos fondos? —mientras el joven candidato recién de vuelta de la invidencia, velozmente le replica que tiene planeada hacer una reforma tributaria destinada especialmente a la “redistribución de la riquezas”.
Es de especial relevancia política que nuestra enviada, dentro de todo el contingente periodístico, es la única que trata al diputado de “señor candidato”. El resto le dice “Gabriel” y algunas(os) más osadas(os) hasta “Gabrielito”. En especial una no tan joven colega, que no solo abusa de los diminutivos, sino también de la proximidad para con el joven croata.
Se le acerca, sonriéndole, con una actitud que nuestra enviada —de inmediato identifica— como de “mujer aleonada” y, luego lo conmina a hacer una autocrítica a raíz del atraso que mostraron los partidos políticos de Apruebo Dignidad para inscribir sus listas de parlamentarios en el Servel. La colega de nuestra enviada lo mira directamente a los ojos e intenta intimidarlo.
—Según el Servel —lo interroga con inquina— casi todos tus candidatos se inscribieron tarde y ahora resulta que no están inscritos, ¿Es verdad eso? —le pregunta y Boric le responde con la frialdad propia de su región.
—No fue así. Se inscribieron a tiempo, solo que la plataforma se cayó y los sacó del sistema — es la réplica del joven candidato croata con una risilla de corte pícaro que, por primera vez, nuestra enviada especial le detecta.
—¡Pero Gabriel admite que se inscribieron demasiado al límite!
—Era imposible preverlo.
—Se te ve muy tranquilo, ¿deberías estar más nervioso o no?
—No lo estoy.
—¡Así veo! —Le dice la periodista, mientras le manda un codazo que lo deja prácticamente fuera de la Plaza.
—Calma —le responde Boric, reincorporándose apenas del empujón, con una carcajada muda. Se ríe, aunque la aleonada periodista, vuelve nuevamente a la carga.
—Sabi qué, yo que tú le pido la renuncia a todos tus presidentes de partido po´ hueón. —Le dice a Boric dejándolo sin respuesta.



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