Cultura B

113 años de la Matanza en la Escuela Santa María de Iquique

El 21 de diciembre de 1907, en la ciudad de Iquique, ocurrió la brutal matanza, por parte del Estado chileno, de obreros del salitre y de sus familias que se movilizaban por mejores condiciones laborales.


En Chile, el siglo XX empezó teñido en sangre. Los sucesos que culminaron en la trágica masacre de la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de 1907, constituyeron unos de los hitos más emblemáticos del movimiento obrero chileno. La mediación del gobierno durante la huelga, su masividad y su fatal desenlace, le dieron una especial connotación al conflicto, además de afectar profundamente la actividad salitrera y de provocar un fuerte impacto en la época, reflejado en la extraordinaria difusión de los acontecimientos en la prensa.

«Las condiciones en que se desarrolla el trabajo en las faenas salitreras, colocan al obrero en situación ventajosa respecto de las demás labores de la explotación agrícola o industrial del resto del país», expresaba con desdén El Mercurio desde su editorial, el día anterior a la catástrofe, extremando las posiciones entre trabajadores y gobierno, poniéndose del lado de los explotadores dueños de las minas.

Que sus remuneraciones eran amplias y que las compensaciones recibidas les daba la posibilidad de ahorro. Que el jornal (salario) alto, la habitación gratuita, la pulpería a precios equitativos y la alimentación abundante compensaban de sobra el trabajo de los obreros de la pampa, y que por lo tanto, no había causa visible que justificara la huelga. La huelga de los 18 peniques.

Foto: Biblioteca Congreso Nacional

La huelga de los trabajadores ferroviarios de las salitreras y de los portuarios de Iquique fue el antecedente directo a la movilización de más de dos mil obreros que caminaron a la ciudad demandando mejores condiciones laborales.

El 10 de diciembre se levantó una huelga en la oficina salitrera San Lorenzo a la que luego se plegaron los obreros de la Alto San Antonio. Se armó una columna de huelguistas en dirección a Iquique, consolidando un movimiento creciente, que incorporó a todos los cantones salitreros y a numerosos gremios del puerto nortino.

En total, fueron más de 15 mil manifestantes que demandaban una respuesta de las compañías salitreras, cuestión que derivó en la paralización de gran parte de la producción en la ciudad del norte.

Las empresas no quisieron negociar y el gobierno de Pedro Montt se alineó con ellas. El ministro del Interior, Rafael Sotomayor, ordenó restringir las libertades de reunión e impedir por cualquier medio el arribo de nuevos huelguistas a Iquique. En tanto, el intendente Carlos Eastman ordenó a los manifestantes a abandonar la ciudad el 21 de diciembre, sin descartar el uso de la fuerza para lograr dicho objetivo.

Foto: Biblioteca Congreso Nacional

Los trabajadores se concentraron en la Escuela Santa María para exigir al gobierno su mediación con las patronales dueñas de las oficinas salitreras. Sin embargo, la respuesta del Estado se concretó cuando el comandante de Ejército Roberto Silva Renard, junto a la Marina, ordenó atacar a la multitud a las 15.30 horas de ese oscuro sábado 21 de diciembre.

No hay claridad sobre el número de muertos a raíz de la masacre. El gobierno reconoció 126, más 136 heridos. La prensa obrera, perseguida luego del fatídico capítulo, hablaba de miles. Específicamente, 3600 obreros asesinados,algunos con sus mujeres e hijos. Hasta hoy, no existe certeza sobre cuantas personas fueron asesinadas. Muchas de ellas jamás fueron identificadas.

En la memoria social del pueblo iquiqueño, los cuerpos tendidos en la Plaza Montt, con sus calles teñidas de sangre, hablaban por si sola del horror, más allá de los números.

«Señoras y señores / venimos a contar / Aquello que la historia / no quiere recordar». Quilapayún y Luis Advis también nos iluminaron sobre esto.

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