El viejo carcamal
El viejo carcamal piensa que el cambio no está bien.
“Para qué legitimar así los desórdenes y el caos”, se dice.
Además está el tema de los valores patrios.
No corresponde andar cambiando el nombre de los lugares.
El viejo carcamal
se dio cuenta recién
de que a su bar le cambiaron el nombre
Ya no es el Indianápolis de siempre
en la esquina de los lisiados.
Ahora sirven los mismos completos desorbitados
pero se llama Fuente de Soda La Gente
El viejo carcamal no sabe si es un buen nombre.
Se inquieta y piensa que no es un cambio normal.
Aún así, se asoma por las puertas
para sentir el olor a schop y papas fritas
En esa misma esquina
se dieron mil combates callejeros
entre la policía y los insurrectos
durante la Revuelta de octubre
El viejo carcamal piensa que el cambio no está bien.
“Para qué legitimar así los desórdenes y el caos”, se dice.
Además está el tema de los valores patrios.
No corresponde andar cambiando el nombre de los lugares tradicionales.
Repite en voz baja
«Indianápolis, Indianápolis»
y le viene un hambre por entrar pero se aguanta
y se aleja del lugar
Al viejo carcamal le duele que la Fuente de Soda La Gente esté, justamente, tan llena de gente.
Gente que parece no notar el cambio horrendo que implica para el país la nueva denominación.
El viejo carcamal sacude la cabeza y camina alejándose con prisa.
En su caminar de furia y desengaño
el viejo carcamal pasó al lado de lugares como El Rápido
donde almuerzan los constituyentes
en su pausa entre sesiones de la Convención
El tiempo trajo esto: los lugares cambian de nombre,
se llenan de gente
que quiere seguir en lo mismo de siempre
pero un poco, sólo un poco mejor
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.


