Opinión

Portalianismo constituyente

Dos precisiones son importantes para empezar: la primera, es que los tres grandes pactos oligárquicos instaurados en Chile (el de 1833, el de 1925 y el de 1980) han sido tres “soluciones” estrictamente autoritarias que la oligarquía chilena ha utilizado para aplastar los procesos constituyentes chilenos.

Procesos que atestiguan de una crisis estructural que se codifica desde 1833 bajo la figura de Portales y que articula un “fantasma”, esto es, un dispositivo de sugestión por el cual toda la política está reducida al ejercicio oligárquico en la medida que ésta se considera “virtuosa” y prohibida tácita o explícitamente al pueblo chileno en cuanto se considera “viciosa”.

La segunda precisión, es que, el proceso de la Unidad Popular, que cristalizó al proceso constituyente que se compuso afectivamente a lo largo y ancho de todo el siglo XX “desde abajo”, triunfa en la elección de 1970 no como una candidatura más sino como aquella que pretendía canalizar esa potencia constituyente que el proletariado y el campesinado chileno habían abierto durante el siglo XX.

Las tres candidaturas sostuvieron programas políticos que apuntaban a la necesidad de reformar la Constitución de 1925. La de Allende no fue la excepción (hubo un proyecto de Constitución de los “trabajadores” que no alcanzó a proponerse). En cuanto tal, La Unidad Popular gana la elección de 1970 bajo un “efecto metonimia”, es decir, había un proceso constituyente que se canalizó como una simple elección presidencial, un despliegue universal que se cristalizó en una escena particular.

En virtud del “fantasma portaliano” vigente, salvo la propia UP que entendía el reformismo revolucionario, nunca se reconoce al proceso constituyente en curso puesto que dicho fantasma lo invisibiliza y, como tal, lo restringe a un asunto eleccionario donde la oligarquía siempre tiene más chances de sobrevivir, gracias a su guerra imperialista anudada con los Estados Unidos.

Es en esta perspectiva que había que pensar qué ocurrió con el último de los procesos constituyentes expresado en tres momentos e instancias (mecanismos) diversos. Si la oligarquía cerró el proceso desde arriba” este sigue expresándose “desde abajo” puesto que enfrentamos una crisis de orden tanto en su forma económica (estancamiento) como política (ilegitimidad) que no ha sido resuelta.

Tradicionalmente, la oligarquía chilena ha resuelto esta crisis –que es estructural- con una intensificación del autoritarismo. La dictadura de Portales ofrece el primer y más decisivo símil al respecto. El pacto de 1925 fue autoritariamente resuelto por Alessandri y el de 1980 por la dictadura cívico-militar impuesta desde 1973.

Por eso, frente a la impugnación del orden (económico y político, de la máquina Estado-Capital) intensificada con fuerza en la revuelta de Octubre de 2019 como la máxima profundidad afectiva de una multitud que se organiza durante décadas, donde fue precisamente la transición la que termina destituida, son las fuerzas reaccionarias las que capitalizan este proceso y las que, a través de la eventual elección de José Antonio Kast, las que podrían volver a “resolver” la cuestión constituyente.

Nuevamente el “efecto metonímico” al revés: en vez que la izquierda, vía Unidad Popular, pueda “resolver” el asunto democráticamente, es la derecha, la que reeditando el mito de 1973 que, a su vez, reedita el de 1833, pretenderá cerrar “democráticamente” la cuestión constituyente vía la elección de Kast. Una elección “democrática” destinada a dejar atrás la democracia y restaurar el fantasma portaliano para un nuevo ciclo histórico.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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