Opinión

Kast y su vidrio antibalas: una estrategia más para alimentar el miedo

Kast es netamente efecto.

En un acto de cierre de campaña, José Antonio Kast dio un discurso con un vidrio antibalas frente a él. Lo hizo como si nada, sin mencionarlo. Era una señal para ser leída por los asistentes y por la prensa. Una manera de decir cosas sin decirlas. De alimentar el miedo sin palabras.

Esto es política, cuestión que nunca hay que olvidar, y en este arte, por lo general, hay “expertos” no sólo en discursos, sino también en imágenes que lleguen al ciudadano para hacer surgir en él todo tipo de sentimientos. Y campañas como la de Kast y Kaiser se centran, con éxito, en convocar a los sentimientos más primarios del sujeto con tal de que éste vote según ellos.

Kast es netamente efecto. El vidrio antibalas es una proyección de lo que él necesita para que un futuro gobierno suyo tenga algo de sentido; es decir, la idea de que es un salvador, un hombre que tiene como objetivo una tarea “urgente” que sería salvar a Chile del horror en el que estaría. Ese vidrio es un chaleco salvavidas, algo a qué aferrarse para que toda su idea de la política pueda sostenerse.

¿Pero es tan cierto todo aquello? ¿Es tan real toda esta urgencia a la que Kast apela para darle un relato a su campaña? Son buenas preguntas. Pero tal vez las respuestas sean menos sexys para quienes ven en este personaje todo lo que está bien.

Las respuestas a los males y deficiencias sociales y políticas de Chile- que principalmente radican en el modelo económico-están en las antípodas de lo que el candidato del Partido Republicano representa: en la acción política compleja, metódica, insistente y reformista.

1-La delincuencia no se combate con discursos ni discursos erotizantes de Carabineros, sino poniendo énfasis en las falencias de la institución y en qué es lo que hace para atacar los focos de conflicto.

2-El Estado, a diferencia de lo que él y sus acólitos creen, no es una máquina inmóvil y pesada que interviene en la vida de los ciudadanos y sus libertades. Menos el Estado chileno, que ha sido desmembrado por años mediante una lógica subsidiaria que lo único que ha hecho es dinamitarlo como eje estructural del funcionamiento de la sociedad.

3-Chile necesita un nuevo modelo de desarrollo hace bastante tiempo y nada de eso se encuentra en el discurso de Kast, ni de nadie realmente en el debate electoral chileno. Y este nuevo modelo de desarrollo no se construye “urgentemente” ni tomando medidas como planes vistosos que creen que terminarán con las controversias sociales, como si esto fuera posible alguna vez. Por el contrario, la política consiste en intentar mitigar aquello en donde las controversias son cada vez más agudas.

José Antonio Kast no entiende nada de esto. Su efectiva simbología electoral, como pasa hace demasiado tiempo en la derecha postdictadura, no se traducirá en una comprensión de la sociedad que pretende gobernar, por una razón bastante lógica: las elecciones y los gobiernos son cosas diametralmente distintas.

Ya lo vimos con la nula capacidad de Sebastián Piñera para entender lo que pasaba el 18 de octubre, y con esta administración en curso que se dio cuenta, al comienzo, de que la gran controversia con el pueblo mapuche escapa a cualquier texto de o relato (cuestión a la que reaccionaron rápidamente).

Pero no solamente eso, y tal vez lo más importante: Kast, Kaiser y los suyos, alimentan aquello que dicen combatir. Mientras José Antonio hace este gesto vistoso del vidrio antibalas, por otro lado, enarbola la idea de la defensa personal como una forma de vida más que como un asunto circunstancial. Una defensa personal que, si se la abraza como una ideología, puede traspasar la mera acción ocasional y convertirse en una defensa de todo lo que molesta. Hasta un candidato. Es decir, con ese vidrio intenta luchar en contra de sí mismo sin darse cuenta.

Por todo esto, creo que la sana manera de oponerse a este tipo de candidatos debería ir más allá de tildarlos de fascistas o recurrir a otro tipo de miedo para que no salgan electos. Lo que habría que hacer es, por el contrario, traspasar la infantil lógica electoral en la que estamos inmersos y ofrecer complejidad ante la simpleza discursiva de estos. Es cierto, no es atractivo ni vistoso como un vidrio antibalas. Pero al menos garantiza una mayor perdurabilidad ética y moral en un futuro proyecto político.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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