El SIDA nuestro de cada día
El gesto político de Caniulef es muy importante, marcando un antes y después en la visibilidad pública de las personas que vivimos con VIH. Faltan más aguerridos Andrés Caniulef para sincerar nuestra vida sexual.
Hace 40 años el diario La Tercera tituló en portada con grandes letras rojas: «Murió paciente del cáncer gay chileno», desatando pánico y desesperanza, especialmente entre los homosexuales, el colectivo más afectado -hasta hoy- por la pandemia del VIH/SIDA en Chile. Tiempo después, recuperada la democracia electoral, los llamados «temas valóricos» ocuparon la agenda pública, muy particularmente el VIH y las campañas de prevención que -tímidamente- los gobiernos de la Concertación intentaron implementar.


En ese tiempo, un muy enojado Cardenal Jorge Medina escribía al presidente Aylwin reclamando por las campañas de prevención que promovían el uso del condón. Lo peor es que el líder democratacristiano lo escuchaba. Desde un principio la Iglesia Católica -sumando ahora a las iglesias evangelistas- ha representado un fuerte obstáculo en las políticas públicas de salud sexual.
Fue la Iglesia Católica y sus medios afines, como Canal 13, los que rechazaron hablar de sexo seguro y condones en los años 90. El mismo Canal 13, hoy con otros dueños y sin angelito, el que emite en 2025 un polémico reality show donde se habla abiertamente de sexualidad, disidencias y VIH/SIDA.
“La enfermedad rara”
En el reality, el valiente periodista Andrés Caniulef cruzó el río del prejuicio de una sociedad hipócrita para hablar sinceramente de lo que muchos temen, callan y omiten. Sus compañeros y compañeras de encierro lo escucharon y aportaron sus propias experiencias con el examen del VIH y el SIDA. Un bienvenido acierto comunicacional, político y cultural.
Andrés, compañero audaz e inteligente, usó las herramientas y plataformas mediáticas para promover la prevención y la visibilidad de las personas que vivimos -y luchamos- con VIH/SIDA en Chile.
Lo aplaudo y valoro. Su acción es un gesto heroico e invaluable por el poder multiplicador de los medios de comunicación, muy especialmente la televisión abierta. Se lo dije en diciembre 2024 cuando lo entrevisté para el programa Siempre Viva en Vivo de Radio Universidad de Chile. En el cierre de la grabación, fuera de micrófono, Andrés adelantó lo que publicó en portada Las Últimas Noticias el 12 de febrero, el mismo diario que en los años 80 habló del VIH/SIDA como una «enfermedad rara».
Portada de LUN en 1984

Hemos cambiado como sociedad y los «raros» somos -y seguiremos siendo- protagonistas de esa loca transformación. Ojalá Andrés no sea discriminado, ni estigmatizado por ser una persona VIH positiva pública. Ojalá. Porque es verdad, el mismo Caniulef lo afirma: «No se muere de SIDA, se muere de ignorancia». «Muerte social» decimos las personas VIH positivas más viejas porque hemos sido testigos y sobrevivientes de la discriminación social e institucional y del apartheid sexual.

Ruego seguir (sobre) viviendo y conviviendo «normalmente» con VIH como lo plantea Caniulef. Me temo que no existe tanta normalidad debido al carácter biosexual de la pandemia y porque las personas afectadas de VIH debemos enfrentar simultáneamente otras complejas dolencias, algunas provocadas por las mismas terapias contra el VIH.
El aguerrido Caniulef
El gesto político de Caniulef es muy importante, marcando un antes y un después en la visibilidad pública de las personas que vivimos con VIH. Faltan más aguerridos Andrés Caniulef para sincerar nuestra vida sexual.
Muchas gracias Andrés por honrar la vida, sumando tu valioso testimonio a la lucha activista, rompiendo el silencio con estruendosa batahola. Es hora de hablar, gritar, unirnos y batallar juntos y juntas por un mejor vivir, resistiendo malditos estigmas y odiosas discriminaciones. Porque estamos y estaremos vivas, “siempre vivas, nunca invivas”, como decimos en Radio Universidad de Chile.
Las piedras de Sergio Rojas
El audaz testimonio de Andrés Caniulef compartiendo su diagnóstico de VIH por la TV, gesto más significativo que la no campaña de prevención del Ministerio de Salud, significó una bienvenida liberación para él, su familia, sus compañerxs de trabajo y su entorno de amores cómplices pero también -desgraciadamente- una prejuiciosa prisión de otros muchos expresada en condenas y desinformaciones.
El primero en lanzar piedras fue el periodista Sergio Rojas, gay asumido como Caniulef y como otros, entre ellos yo, integrante de la comunidad más directamente afectada por el VIH en Chile. Porque si bien el VIH no es un desafío exclusivo de homosexuales, mucho menos «cáncer gay” o «enfermedad rara» como dijo la prensa cuando murió el primer chileno afectado por SIDA, ahora el VIH e ITS involucran a toda la población, especialmente a las llamadas poblaciones clave como hombres que tienen sexo con otros hombres HSH, jóvenes, mujeres y pueblos originarios, entre otros.
¿Besos con SIDA?
Hace 40 años hubo miedo, terror, persecución y mucha, muchísima desinformación. Tal parece que las palabras del colega Rojas, sugiriendo que el VIH se trasmite por los besos, contacto con la ropa, uso del mismo baño y otros modos de transmisión científicamente descartados, representan a un segmento importante de la sociedad anclada en los 80 que opina y condena a las personas seropositivas, siendo temerario el señalar que las personas VIH estaríamos obligadas a revelar nuestro diagnóstico a las parejas, amantes y amigos.
El señor Rojas no solo demuestra campante serofobia sino también -lo que es grave para un profesional de las comunicaciones- desconocimiento de la Ley de SIDA que protege el diagnóstico y castiga la discriminación.
Lo de Rojas fue estigma y discriminación, mostrándose primero enojado e indignado y después actuando festivo y liviano tomando una cartera y saliendo del set televisivo para correr a realizarse el examen VIH. Las risas grabadas coronaron una escena patética de un canal de TV dirigido a la juventud.
Y como justa respuesta, Andrés Caniulef habló emocionado en el matinal de Canal 13 enviando un mensaje de lucha y esperanza a toda la audiencia, especialmente a las personas VIH que no se atreven a reconocer su diagnóstico seropositivo.
Del mismo modo, Andrés dijo que Sergio nunca fue su pareja sexual y que la relación directa con él, cuerpo a cuerpo, fue un beso de amigos en el reality.
El VIH –insistimos- no se transmite por los besos, ni por la ropa, ni en el baño, ni por el aire, ni por miradas. El VIH se transmite por relaciones sexuales sin uso de condones, sea para el pene o la vagina.
El SIDA no mata como en los años 80 cuando no existían tratamientos antirretrovirales, pero el estigma y la discriminación sí mata y mata mucho más seguido de lo que imaginamos.
Un beso siempre cómplice para Andrés Caniulef y para todas las personas que vivimos -y luchamos- con VIH, asumiendo abierta y honestamente el SIDA nuestro de cada día.
El Cortijo de Conchalí, jueves 13 de febrero de 2025, Día Internacional del Condón.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Gracias VICTOR HUGO ROBLES por sus palabras y apoyo a ANDRÉS CANIULEF y a las «SIEMPRE VIVAS».
Que no tengamos que lamentar más muertes «físicas y sociales» de quienes viven con VIH/SIDA.