Opinión

Volver a escribir

“Si alguna vez, te llego a poner la mano encima, por favor agarra a los perros y a nuestra hija y aléjate lo que más puedas de mí”. Llegó esa vez..

Estuve atada de manos, con las ideas encerradas. Moría de ganas de escribir, pero no podía. No sabía como empezar. ¿Cómo lo hago? ¿Qué escribo? ¿Por dónde empiezo? Pero el constante y cada vez más intenso dolor que tengo el la espalda me ayudó bastante. Es tan cierto que el cuerpo nos habla.

Puedo equivocarme un poco en los días pero era algo así como la semana 28-30 de mi embarazo. Estábamos discutiendo en la cocina. Por algún motivo que no recuerdo, terminó con ella tirando el pollo que estaba comiendo al suelo. No sé si el alcohol o la resaca tenían algo que aportar en esta ocasión. Las salidas de madre se hacían cada vez más recurrentes. Embarazada, sentía mucha culpa por estar exponiendo mi panza a esos entornos. Me quise ir a acostar.

Lo que suelen llamar “anda más hormonal”, yo creo que es una sabia reacción del cuerpo que nos ayuda con lo difícil que es poner límites en esta sociedad, donde hablar de “amor propio” y “autocuidado” todavía es de hippies.

Nunca nadie me lo dijo, pero seguro que embarazada fui bastante más “pesada” de lo que ya soy. Ya era mamá, pero no lo había comprendido aún. Para que mi bebe creciera en el mejor espacio posible, quería cuidarme como nunca antes me lo había propuesto. No quería dejarme pasar a llevar. ahora que eso también afectaba a mi bebe. Es más fácil poner los límites para cuidar tus pollitos, que a una misma. O al menos así fue para mí.

Volviendo a esa noche de agosto, cuando me puse de pie ella pensó que yo iba a limpiar su desastre: “Yo voy a limpiar acá”, me gritó al mismo tiempo que me dio un empujón muy fuerte. Choqué de espalda contra el marco de la puerta de la cocina. “Me voy a acostar, solo quería sacar un chocolate”, respondí mientras lo sacaba del refrigerador.

Todavía en shock llegue a la pieza, me senté en la cama y ésta se rompió. Me sentí pesada, gorda y poco deseable. Partí a dormir al living. Rompí en llanto. Ella llegó al rato pidiendo disculpas y recostándose a mi lado. Fue un largo abrazo. Llorando ella también me dice: “Si alguna vez, te llego a poner la mano encima, por favor agarra a los perros y a nuestra hija y aléjate lo que más puedas de mí”. La frase me hizo ruido al instante. “¿Qué le dirías a una amiga que te cuenta que su pololo o marido le dice esto que me estas diciendo? Yo le recomendaría a mi amiga irse ese mismo día”. Lo pensé y a los pocos minutos se lo dije. No lo hice.

De pequeña siempre escuché la historia en la que mi madre se iba conmigo en brazos después de una pelea y mi abuelo la envió de vuelta a su casa. “Ud ya se casó, vaya a arreglar las cosas con su marido”. Y que gracias a aquel episodio, no se separaron.

Mis progenitores siguen juntos y se nota que se aman y mis abuelos, cumplieron con eso de que “hasta que la muerte los separe”. Y algo me dice que donde estén se volvieron a encontrar. Hoy con muchas horas de terapia y de reflexión, me doy cuenta que crecí con la idea de que era “para siempre”. Y así entendía que iba a ser. Me quedé y me seguí quedando.

“Si alguna vez, te llego a poner la mano encima, por favor agarra a los perros y a nuestra hija y aléjate lo que más puedas de mí”. Llegó esa vez. Meses después, con mi hija de seis meses observando la escena. Una mañana, ella todavía bastante alcohol en el cuerpo, me pego.

Volvió a casa una semana después. “Lo había hecho para calmarme”. La perdoné. Me volví a quedar. Al poco tiempo nada volvió a ser lo mismo. Cuando mi hija cumplió un año, yo había juntado fuerzas. Por fin pude salir. Me fui. La violencia no terminó ahí. Pero esa es otra historia.

De los perros se alejó sola. No he alejado a la niña de su lado. Pero yo intento seguir su consejo y vivir lo más lejos posible.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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1 comentario

  1. «La violencia no terminó ahí. Pero esa es otra historia.»

    La violencia siguió cuando le metiste a tu ex una demanda por VIF. Afortunadamente tuviste que reconocer en el juicio que la denuncia era inventada porque no querías que tu ex fuera la que en persona hiciera los intercambios cuando les tocaba que se fuera a casa de una o de otra.

    Es fácil contar solo la mitad de la historia y tratar de quedar como la buena, cuando el cáncer en esa relación eras tú misma.

    Pero bueno, es el estándar de quienes escriben en este «medio»

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