Opinión

El Manifiesto Comunista. 176 años después

Jason Read (2023), nos recuerda los nexos entre producción y deseo como un  momento fundamental en el horizonte libidinal de El Manifiesto Comunista (1848).

“(…) Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que, si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra”. F. Engels, 1883. Londres. Discurso de despedida. Cementerio de Highgate.

Hace cuatro décadas Gilles Deleuze sostenía que el pensador de Tréveris (1818-1883) fue quién develó la «contingencia radical» de la formación del capital. Es posible reubicar esta paradigmática aseveración y sostener que Deleuze añadía que se trataba del pensador de la contingencia radical en las formas de expansión, aceleracionismo y sometimiento de los «modos de vida al capital». Ello invoca la extensión del plusvalor, los flujos de producción, circulación y desterritorialización, que exacerban mercados que no reconocen fronteras y han saboteado la religión de los Estados nacionales.

Toda la anarquía del capital consuma una asimetría salvaje (in-gestionable) entre dos tiempos. De un lado, la renta infinita de la acumulación y, de otro, un reparto civilizatorio dislocado, y siempre episódico. Desde un horizonte moderno, Marx fracturó la complacencia schumpeteriana -destrucción creativa del capital- contenida en los proyectos modernizantes. Ya en el Anti-edipo, Deleuze y Guattari, sostenían que el capitalismo determina las condiciones y la posibilidad de una historia universal, en la acepción de Marx, en la medida, “el punto donde el límite aparece [en Marx], incluso en el movimiento que se opone a la tendencia”.

En suma, la historia universal no es tan sólo retrospectiva,«es contingente, singular, irónica y crítica». (Deleuze y Guattari: 1972, 146). Quedaba en evidencia el control cada vez más radical de la producción por el capital, de allí que la definición del capitalismo y la conjunción de todos los flujos descodificados y desterritorializados dan cuenta de un materialismo deseante (p. 233) 

Bajo una perspectiva similar ha sido Jason Read (2023), nos recuerda los nexos entre producción y deseo como un  momento fundamental en el horizonte libidinal de El Manifiesto Comunista (1848). El paso de  la inmanencia (producción deseante) a la producción social en Mil Mesetas (1981), responde a los ensamblajes maquínicos de cuerpos a los dispositivos colectivos de enunciación, cuestión que según Read (2023), constituye un momento gravitacional en los dos volúmenes de Capitalismo y esquizofrenia (Deleuze y Guattari, 1987, 89-113). Punto de encuentro entre producción -no fabril, a diferencia de la tópica Laclau & Mouffe- y momento expansivo del modo de producción, que no se agota en una forma técnica o económica, sino que entiende la producción como una forma particular de vida. Máquina no va a ser entendida como una simple técnica; ni se dice máquina en sentido metafórico, la máquina es siempre deseo.

Lo que produce la máquina, estrictamente hablando, son las conexiones, todas las conexiones que conducen al desmontaje. Podríamos decir que máquina se opone a mecanismo: Una máquina nunca es simplemente técnica (…) los hombres y las mujeres forman parte de la máquina, no solo por su trabajo, sino todavía más por sus actividades adyacentes, en sus descansos, en sus amores, en sus indignaciones. El mecánico es una parte de la máquina, no solo como mecánico, sino también en el momento en que deja de serlo. (Deleuze y Guattari, 2006a: 117)

Contra nuestros Nouveaux Philosophes, la producción es inseparable de un modo de sujeción, que no se añade como suplemento o simple efecto, sino que es inmanente y necesario para su existencia.  De paso Virno suscribe a tal tesis, pues los lugares de identidad entre las prácticas laborales y los modos de vida, son esenciales para comprender los cambios en la producción actual y las formas de la cultura contemporánea”. (Virno 1996a: 14). A la luz de esta comprensión deleuziana, cabe repensar la afirmatividad (articulación ideológica, horizontalidad y verticalidad, el liderazgo) y la post-hegemonía en su deseo de éxodo, o bien, en su rechazo a la “política real” (facticidad, institución y programas) bajo esta imbricación entre producción y subjetividad. 

Según, Jean-Jacques Lecercle, Deleuze y Guattari, intentaban comenzar a construir una filosofía marxista del lenguaje. Para el marxista, el lenguaje es, en primer lugar, un fenómeno social, en segundo lugar, un fenómeno material, en tercer lugar, un fenómeno político y, en cuarto lugar, un fenómeno histórico.(2005, 17) En suma, las máquinas deseantes comprometen debidamente un análisis del capitalismo, pero en relación con la esquizofrenia, que sería el espectro de Marx sobre los «pensadores de la fuga». 

Esto último mantiene una íntima relación con las características del «capitalismo rizomático», a saber, una formación social que diagrama vectores de desterritorialización y se sirve de los diversos saltos tecnológicos (taylorismo, fordismo, toyotismo) tangibles e intangibles para codificar las disposiciones corporativas de los Estados post-soberanos. Lo anterior se trasluce en la descodificación del socius, que es una de las tesis fundamentales de Mil Mesetas.

Es necesario subrayar que el materialismo no trata de negar la fuga de la imaginación crítica, cultural o política -u otras expresiones de inventividad-, sino afirmar los contextos de producción que hacen posible y trazable ese éxodo del pensamiento o el vuelo indispensable contra el institucionalismo y los dispositivos de biopoder. Lo otro, la imaginación ex nihilo, ha sido sometida a una crítica radical en Arte y Flujo. 

En La Ideología Alemana, Marx se refiere al trabajo artístico. “Sancho se imagina que Rafael pintó sus cuadros -Da Vinci- fuera de la materialidad de la división del trabajo. No se trata de sustituir a Rafael o Leonardo, sin embargo, la idea de los comunistas no es como Sancho se figura, que cada cual pueda trabajar sustituyendo a Rafael, “sino que todo aquel que lleve adentro un Rafael puede desarrollarse sin trabas”.

La presencia fantasmal de la fuerza de trabajo opera permanentemente como una posibilidad de interrupción y subversión de la relación capitalista. De allí la posibilidad del arte para descontextualizar o transportar objetos. Pero acaso el arte no debe interactuar con ciertas materialidades o contextos de producción. No hay que olvidar que este fue el debate de las vanguardias rusas: el del artista ingeniero, el del artista instalador, el del artista que diseña.

Han circulado ríos de tinta, abundan melancolías generacionales, querellas burocráticas y tragedias voluntaristas. El desbande de los revolucionarios, la inercia progresista y el desprecio hacia las políticas afirmativas, forman parte de las distopías del presente.

Contra todo, no está demás invocar un fragmento epocal del Marx shakespeariano (1848),

“La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción un sello cosmopolita. (…) Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y no entraba nada de afuera; ahora la red del comercio es universal y en ella entran unidas por vínculos de interdependencia todas las naciones (…) Territorios antes independientes y apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un gobierno, una ley un interés nacional y una sola línea aduanera” (Manifiesto Comunista)

Deleuze, G & Guattari, F (1972). L’Anti-Oedipe. Capitalisme et schizophrénie Publicado en francés por Les Éditions de Minuit, París.

Lecercle. J.J (2005) Deleuze, Guattari y el Marxismo Historical Materialism, vol 13:3 (35–55

Read, J (2022). The Age of Cynicism: Deleuze and Guattari on the Production of Subjectivity

in Capitalism. La producción de subjetividad en Marx. Remol. Editor: 

Virno, P. (1996a [1990]), ‘The Ambivalence of Disenchantment’, trans. Michael Turits, Radical Thought in Italy: A Potential Politics, eds M. Hardt and P. Virno, Minneapolis, MN: University of Minnesota.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Dr.Mauro Salazar J.
Sobre la autora / el autor
Dr.Mauro Salazar J.
Investigador del Centro internacional de Estudios Frontera y Doctorado en Comunicación, UFRO/UACH.
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