La cruzada de la derecha global contra la ‘ideología de género’
¿Qué tienen en común estas escenas políticas identificadas con la derecha global?: 1) Se diseñan y despliegan en una esfera política global; 2) A pesar que su diseño es eminentemente un producto de plataformas virtuales, reclaman para sí una “vuelta” a la verdad de la política, una vuelta a la vida de la gente; 3) son programas políticos que se organizan desde la defensa de la identidad nacional o sexual; y 4) Han descrito como su otro antagónico a la “ideología de género”.
Foto: Agencia Uno
La política hoy es impensable sin una transformación radical de nuestras nociones de comunicación y publicidad. En efecto, el paso de una esfera pública nacional a una esfera pública global supone también una transformación del espacio social. Una transformación de las topologías a partir de las cuales la modernidad erigió los conceptos de lo político y la política. Conceptos que suponen siempre a su vez una determinada noción de comunicación y de publicidad.
La llamada “esfera pública global” trastoca los conceptos de soberanía, ciudadanía y democracia, pero de igual modo altera los conceptos y los espacios que solíamos identificar con lo público y lo privado, con la intimidad y la privacidad. Desde esta reconfiguración de la esfera pública global, todo lo que afecta a los sujetos puede ser hecho público. Es más, ese anhelo de existencia pública absoluta parece demandar la mirada de un público anónimo e íntimo que se materializa en las redes sociales. No habría que dejar de mencionar que lo que mueve la esfera pública global son los afectos, el tránsito o el estremecimiento de una inclinación fugaz, momentánea.
De un modo pueril cada una de estas nuevas ciudadanías del mundo global va dejando una marca de gustos y disgustos, miedos y esperanzas. Estas marcas son registradas una a una, y algorítmicamente las plataformas virtuales van constituyendo el mundo de afectos (miedos e inseguridades) que esta ciudadanía desea.
Lo que afecta no es de ningún modo solo el acontecer nacional. Los afectos se organizan en términos planetarios, en una inmensa red virtual, y sus efectos, a no dudarlo, son claramente materiales. Pienso en el llamado “Bus de la libertad”. Este autobús de la libertad comienza su recorrido en el año 2001, con la creación de la organización ultraconservadora española “Hazte oír”. Los ejes que describe la política de “Hazte oír” son valóricos: defensa de la familia, libertad de educación y defensa de la vida humana. Temas que se vinculan a un orden “natural”. Desde el inicio lo que se deja ver es una fuerte molestia contra los acuerdos asumidos por la Cumbre Mundial de la Mujer realizada en Beijing en 1995. En este punto, “Hazte oír” replica la posición de la Iglesia Católica de rechazo a los acuerdos feministas.
Este rechazo a la cumbre de Beijing está asociado, entre otras cosas, a la introducción de la palabra “género” en la agenda global de Naciones Unidas. Siendo reducido el impacto de esta organización, y queriendo expandir su ámbito de influencia, “Hazte oír” se vincula en el año 2013 a la plataforma Citizen Go. A partir de ese momento la posición de “Hazte oír” alcanza un público de cinco continentes, con traducción a 11 idiomas. Puesta a circular en la esfera pública global, “Hazte oír” -ahora transmutada en Citizen go– incorpora a su maletín valórico una posición anti-LGTBI y anti-aborto. Con todo esto en la maleta, el “Bus de la libertad” inicia su recorrido por España, Estados Unidos, Colombia, México y Chile. Recorrido que es presentado como una cruzada contra la «ideología de género».
La mención de este episodio altamente mediático no es casual. Tampoco es casual que el recurso del autobús circulando de modo “real” haya sido también el recurso utilizado por Donald Trump en su campaña electoral.
De algún modo, el recurso del autobús logra poner en acción simultáneamente la idea de la circulación propia del capital financiero y de las redes sociales, el recurso al espectáculo y la vuelta a la verdad de las cosas. A pesar del uso de plataformas virtuales como elemento clave para la difusión de las políticas de ultraderecha, la posición declarada es la inversa: la política se hace en la calle, circulando en la vida de la gente. Se debe advertir que el recorrido del “bus de la libertad” no se ha detenido.
Primera parada. El día 20 de octubre del año 2021 la Cámara baja del Congreso de Chile da a conocer un oficio en el que se solicita a la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago informar “cuántos cursos, centros, programas y planes de estudio se refieren a temáticas relacionadas con estudios de género, ideología de género, perspectiva de género, diversidad sexual y feminismo, detallando sus principales características e individualizando a los funcionarios o docentes que están a cargo de ellos”. Se solicita, a su vez, informar “cuántos recursos destina anualmente la universidad para financiar los cursos, centros, programas y planes de estudio que se refieren a temáticas relacionadas con estudios de género, ideología de género, perspectiva de género, diversidad sexual y feminismo”. Este oficio es ingresado por el diputado del Partido Republicano Cristóbal, Urruticoechea, y por su par independiente por el Partido Republicano, Harry Jürgensen.
El bus sigue su recorrido y llega hasta la Corte Suprema de Estados Unidos. No es un dato al margen que esta Corte esté dominada por conservadores. Con fecha 24 de junio del año 2022, la Corte Suprema revoca la histórica sentencia conocida como «Roe versus Wade» que garantizaba el derecho al aborto en el país desde el año 1973.
Siguiente parada, España. El 21 de septiembre del año 2022, Irene Montero, ministra de Igualdad de España, en el contexto de dar a conocer la nueva Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual (más conocida como la Ley del solo sí es sí) en lo que la ley mandata en lo relativo a la educación sexual, equivoca la formulación en su argumentación dando a entender, sin intención, que el consentimiento sexual no tendría límite de edad. Cabe destacar que el yerro no es parte de la Ley de Garantía Integral de Libertad Sexual. Sin embargo, haciendo real aquello del performativo extendido en el que se dice llueve y comienza a llover, las redes sociales vuelven el equívoco en una tormenta de comentarios que acusan a la ministra Montero de promover la pederastia. El Partido de ultraderecha VOX interpone querella contra Irene Montero, la que es declarada inadmisible por ausencia de delito en la declaración de la ministra. No habría que olvidar que el performativo extendido es el habla del totalitarismo.
Nueva detención en Chile. En los días previos a la Navidad, desde cuentas de Twitter se viralizan portada y páginas iniciales de una tesis para optar al grado de Magister en Estudios de Género y Cultura en América Latina de la Universidad de Chile. El título de la tesis: “Pedófilos e infantes. Pliegues y repliegues del deseo”. Las redes sociales actúan bajo el imperativo del performativo extendido una vez más. La tormenta acusatoria no se deja esperar. Con fecha de 26 de diciembre, el diputado del Partido Republicano, Cristóbal Urruticoechea, oficia al Gobierno y a la Universidad de Chile por dicha tesis acusando una apología a la pedofilia.
Ahora bien, ¿qué tienen en común estas escenas políticas identificadas con la derecha global? En principio, al menos, se pueden señalar cuatro puntos de contacto: 1) Se diseñan y despliegan en una esfera política global, aun cuando su impacto busca ser local y nacional; 2) A pesar que su diseño es eminentemente un producto de plataformas virtuales, reclaman para sí una “vuelta” a la verdad de la política, una vuelta a la vida de la gente, a una especie de realismo juzgado desde la perspectiva de la moralidad; 3) Son programas políticos que se organizan desde la defensa de la identidad nacional o sexual; y 4) Han descrito como su otro antagónico la “ideología de género”.
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