¡Contra el León!
Lagos, quien percibió la revuelta cívica como “caos y anarquía” debido a la cual brindó apoyo a Piñera para salir del atolladero que ponía en crisis al Estado, quizá olvida que al León, además de recordársele por el cambio constitucional y por haber terminado con la “anarquía social y el caudillismo”, se le recuerda también por la matanza de los estudiantes nacionalsocialistas del Seguro Obrero y el debilitamiento de la candidatura de Carlos Ibáñez del Campo. Carlos Droguett, narró la crueldad de este episodio de sangre en la novela Los asesinados del Seguro Obrero (1940).
Foto: Agencia Uno
Los pingüinos (estudiantes secundarios) irrumpieron en el escenario callejero para manifestar el malestar de los resultados en el plebiscito a tan solo unos días de haber sido rechazada la carta magna propuesta por los 155 miembros de la Convención Constituyente. Es conocido el entusiasmo en la lucha contra las injusticias de este sector de la sociedad civil. A pesar de que no tiene aún derecho a votar en las urnas, ha sido protagonista de grandes procesos de desestabilización de los gobiernos denunciados por la consigna “no son $30 pesos, sino 30 años”, detonante de la revuelta del 18 de octubre de 2019. Los estudiantes secundarios han sido un actor político importante en los impulsos que han tenido las luchas sociales.
En los estudiantes Violeta Parra vio y cantó a las pasiones libertarias que históricamente los han movilizado. A lo largo de los “30 años” los pingüinos, lejos de ser el sujeto del caos y de las pulsiones incendiarias, han mostrado más conciencia cívica que muchos de los militantes que forman parte de la clase política. Esta fuerza constitutiva de la sociedad civil reaccionó contra el lucro y la privatización de la educación. En el 2006 desató enormes y masivas movilizaciones conocidas como la “Revolución Pingüina”. En el 2011 el reconocido Movimiento Estudiantil logró que se incrementara el gasto público en educación. Su presencia en los escenarios de la política durante la dictadura y su particular arrojo en las calles han sido históricamente un catalizador del malestar social.
Las manifestaciones que los pingüinos han realizado el día después de la derrota de la nueva Constitución, que debía sustituir a la ilegítima Constitución neoliberal de 1980, es el indicio, la señal, de que los enormes problemas de indignación y rabia siguen estando en lo más profundo de la sociedad. Evidencian que la sociedad está precarizada, golpeada por el confinamiento de la pandemia y reducida a los espectáculos de una clase política que está resolviendo el daño estructural de los cincuenta años de violencia neoliberal.
La manifestación reprimida por las Fuerzas Especiales coincide con el video del ex Presidente de la República y militante del PPD, Ricardo Lagos. En el video se ve al viejo militante de la izquierda que luchó contra la dictadura de Pinochet evocando al “León de Tarapacá”, en referencia a Arturo Alessandri Palma. La evocación histórica del ex mandatario no es antojadiza: “Mientras elegimos a los nuevos constituyentes, yo imitaría al León de Tarapacá”. Pero, “¿qué hizo el ‘León de Tarapacá’?”, pregunta una periodista, a lo que Lagos responde sin vacilar: “Mientras elegían la Asamblea Constituyente, nombró a un grupo de 20 o 25 expertos, de sabios, y dijo ‘Tengan un borrador preparado cuando llegue la Asamblea Constituyente’”. Este ha sido el tenor de la clase política desde que surgió la posibilidad de cambiar la historia de violencia estructural con la que los programas neoliberales azotan el país desde 1973.
El “León”, un animal feroz que nada tiene en común con la sensibilidad y la historia política de los pingüinos de la Violeta Parra, fue uno de los artífices de la Constitución de 1925. Como se sabe, la Constitución del 25 otorga más poder a un régimen presidencial y termina con el régimen parlamentario. Lagos, quien junto con los amarillos por Chile ha sido una de las voces fuertes de oposición a la nueva Constitución, es parte de la vieja clase política en la que el gobierno de Gabriel Boric y su nuevo gabinete, si quiere sobrevivir, no puede ni debe espejearse. El Lagos del dedo acusador a los crímenes de Pinochet desapareció hace mucho y su figura hoy no es la que merece el respeto de los jóvenes estudiantes, a quienes suele criminalizarse por canalizar la indignación de un país que revela ser indigno en el modo en que sus políticos transparentan las inmoralidades de la “cocina política”.
Lagos, quien percibió la revuelta cívica como “caos y anarquía” debido a la cual brindó apoyo a Piñera para salir del atolladero que ponía en crisis al Estado, quizá olvida que al León, además de recordársele por el cambio constitucional y por haber terminado con la “anarquía social y el caudillismo”, se le recuerda también por la matanza de los estudiantes nacionalsocialistas del Seguro Obrero y el debilitamiento de la candidatura de Carlos Ibáñez del Campo. Carlos Droguett narró la crueldad de este episodio de sangre en la novela Los asesinados del Seguro Obrero (1940).
La matanza parece haber repercutido favorablemente en las elecciones del candidato del Frente Popular, Pedro Aguirre Cerda. A este último le debemos la promoción al Premio Novel de Gabriela Mistral y, sobre todo, la promoción de la educación pública, gratuita y laica. Para el gobierno de Aguirre Cerda hay un imperativo moral y político que constituye la esencia de un Estado de derechos; esto es, la educación debe ser gratuita y obligatoria. Lagos podría haberse acordado de Aguirre Cerda en el momento del descaro con el que cita al León de Tarapacá como lugar de legitimidad de una “trampilla”, es decir, legitimar Constituciones a espaldas de la ciudanía. La evocación al León y a su “astucia” no solo da la espalda a las demandas de los estudiantes que han vuelto a salir a las calles, también le da la espalda a los afectos de esa ciudadanía que se movilizó a través de un devenir iniciado por lxs pingüinxs cuando el gobierno de Piñera decretó la subida del boleto del Metro.
A solo unos días de la derrotada del cambio constitucional, es un buen signo que la animalidad política del pingüinx haya vuelto a manifestarse. Revela la urgencia de cambios profundos en la vida plural de los mundos que componen este territorio que tan frágilmente llámanos, en lengua indígena, Chile. Hoy, como ayer Tchili, procedencia olvidada de la lengua (quechua) que significa confines, pero también frío y nieve, se ha cerrado a esos mundos que existían, y siguen existiendo, desde mucho antes de que la razón blanca y colonizadora de nuestra República los despojara de su hábitat y los colonizara a punta de destierro, exclusión y violencia.
Es tiempo de olvidar las herencias de ese animal —el león, injustamente apropiado por lógicas de la crueldad y convertido en estatua de ciudades imperiales— y volver a pensar con el entusiasmo el tiempo y la animalidad política de la palabra de los pingüinos. Ese entusiasmo tiene una experiencia enorme en las lógicas de uso democrático que proviene de las experiencias colectivas; aquellas que movilizan los afectos y determinan el arte de las propuestas de la vida cívica desde las asambleas. Hay que rechazar la lógica animal y cruel del viejo y desgastado León. Es tiempo de comenzar a pensar, como ya lo ha hecho, entre otrxs, Tomás Moulian, en una verdadera y legítima Asamblea Constituyente.
Quizá esta sea ya una causa perdida. Pero es lo único que puede salvar al gobierno de Gabriel Boric y su nuevo gabinete de un acelerado declive; renunciar a emular la vieja política de la “cocina” e impulsar con el entusiasmo de los pingüinos significa volver a politizar los colectivos de asambleas, clubes deportivos, juntas de vecinos, unidades barriales, movimientos sociales que se dieron justo en el momento antes de sumergirnos en los confinamientos de la pandemia. Emular el entusiasmo del pingüinx y volver al origen de la exigencia que desplegó el clamor de la revuelta de 2019, puede volver a ser una exigencia de una inédita novedad política. Esa exigencia no es otra que la de una Asamblea Constituyente. En ella deberían expresarse las lenguas de la pluralidad de mundos que co-existen. En ella, y solo en ella, debería descansar el principio de la legitimidad soberana de los mundos que componen Chile.
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