Opinión

El Reino de la Fuerza

Palestina es parte de la resistencia mundial de los pueblos a la oligarquía militar y financiera que ha decidido intensificar la nueva fase de acumulación global.

La cuestión palestina está catalizando un proceso de sublevación mundial contra el reino de la fuerza. Esa fuerza –que alguna vez Platón representara bajo el nombre de Trasímaco- está hoy día cristalizada en el Estado sionista de Israel y su constitutiva empresa de colonización de la Palestina histórica. Pero la resistencia palestina lucha contra el predominio de la fuerza sobre la justicia, contra la idea de que la “justicia es lo que conviene al más fuerte” (Trasímaco, 338a).

Mas, la novedad de esta resistencia, que ha sabido sobrevivir dramáticamente a las grandes derrotas de la nakba, es que hoy ésta es parte de la resistencia mundial de los pueblos a la oligarquía militar y financiera que ha decidido intensificar la nueva fase de acumulación global. Tierras, bosques, aguas, todo deviene apropiable, optimizable para el dispositivo de gobierno del mundo. Cuerpos, calles, ciudades, semillas, todo se vuelve propiedad de un conjunto de grandes corporaciones globales. La cuestión palestina se inscribe allí: en el proceso de acumulación global donde Israel deviene la punta de lanza de este violento proceso.

No se trata de un país entre otros, sino de un experimento oligárquico que hoy no responde a ninguna mediación jurídica, ni política, sino que se lanza sin escrúpulo –como un ángel bíblico que exterminara Sodoma y Gomorra- a exterminar a todo un pueblo. El derecho internacional cada vez más acusa una impotencia, sólo la facticidad de la fuerza reina. El derecho le dice a Israel que detenga el fuego, pero Israel puede seguir sin problemas. Por eso, entre la fuerza oligárquica y la impotencia jurídica, los pueblos han salido a las calles de lo que queda de mundo.

A esta luz, Palestina es el nombre de la sublevación contra la nueva fase de acumulación. La apropiación de la Franja de Gaza por parte de Israel, en rigor, es la fase necesaria para la apropiación total de la Palestina histórica. Apropiación de sus viviendas, de sus tierras, sus campos, sus olivos, sus pozos de agua, en realidad, Israel es la condensación del reino de la fuerza, la vanguardia del proceso desencadenado por la oligarquía mundial que hoy experimenta una contradicción sin resolución pacífica: por un lado, el capital debe expandirse más allá de la oligarquía euroatlántica, por otro, tal expansión amenaza con la posibilidad de perder el monopolio mundial sobre él.

La nueva fase de descolonización abierta por el auge del BRICS y las nuevas oligarquías capitalistas emergentes constituyen, a la vez, la garantía de la sobrevivencia del capital y la pérdida de su monopolio euroatlántico. Por eso, se trata de una descolonización propiamente capitalista y no una descolonización del capitalismo. En medio de este proceso se halla la cuestión palestina: Israel no puede detener su máquina de exterminio, porque ni Europa ni Estados Unidos pueden. Si lo hacen amenazan con perder la partida, por más que, desde el punto de vista de restituir hegemonía, tal partida ya esté perdida.

Por eso la acumulación se intensifica. Transgrede los mínimos derechos que han sobrevivido a la contrarrevolución neoliberal, y configura regímenes que hace mucho tiempo ya no son siquiera democracias liberales. Todo tiende a la dictadura civil o, si se quiere, “legal” por la que el proceso de acumulación global puede desplegarse sin contrapesos. La policía, la milicia y un conjunto de leyes represivas pueden encargarse de mantener a raya a los pueblos.

Se trata de la irrupción de la guerra civil planetaria en la que miles de pueblos luchan contra las nuevas y más intensas formas de acumulación local y global. En este sentido, así como Israel es la vanguardia del proceso de acumulación que orienta todos sus esfuerzos a apropiarse de la tierra y borrar de la existencia al pueblo palestino, la resistencia que irrumpió en Gaza condensa, a su vez, la totalidad de la resistencia de los pueblos. Por eso, miles y miles de personas a lo largo del mundo expresan su solidaridad con Palestina.

Porque el exterminio perpetrado por Israel, en rigor, es el punto extremo del proceso de acumulación global que todos los pueblos experimentan. No por nada la industria securitaria israelí se ha convertido en la más importante a nivel mundial, industria que cataliza los procesos de acumulación porque arma a los ejércitos y policías de los distintos Estados del planeta para favorecer la acumulación oligárquica.

En los tiempos en que la guerra civil planetaria arrasa a las poblaciones, la bandera palestina no sólo es imagen de una Palestina liberada de la colonización sionista sino también de los pueblos liberados del reino de la fuerza. Cuando las izquierdas terminaron por no representar más que un progresismo patéticamente depredador, han sido millones quienes han quedado en el naufragio legal y económico de las rudas geografías del capital. En esta tormenta sin fin es Palestina la que reúne la esperanza en la sublevación contra el actual reino de la fuerza.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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