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El día llegó

Se escuchan en el aire los ritmos de celebraciones que se alejan hacia los puntos cardinales de Santiago. Avanzo por una Alameda, de momento ancha y sin tránsito, con miles de caminantes. Marchando, siempre marchando. Ahora, las expectativas son las de un descanso en una noche demasiado calurosa. ¿El mañana? Es lo que es no más. Sin expectativas, apenas la decisión de correr un par de cercos, sacar de una buena vez las rejas que rodean el poder. Cada quien a trabajar en eso. Desde La Moneda, desde la calle, donde le toque. Además, igual dejamos limpio el lugar. Un buen inicio digo yo.

La democracia chilena es una realidad rodeada de soldados en traje de gala. Es lo que pienso mientras avanzo hacia La Moneda, y me topo con bandas militares en el camino. Todo el día han resonado marchas como banda sonora del cambio de mando. En las transmisiones televisivas y en la realidad de la calle, la estricta métrica de esa música intenta encuadrar el ceremonial. A ver si poco a poco vamos cambiando el repertorio.


Las personas que, como yo, avanzan hacia La Moneda, conforman, una vez más, una marcha que se toma las calles. Ahora hay una épica especial en este caminar. ¿Celebración? ¿Deber ciudadano? ¿Afanes de protagonismo? Un poco de todo. También hay pensamiento mágico, pienso: Uno viene a ver qué tanto cambian las cosas de un momento al otro. Lo que la prensa corporativa repite a cada rato en estos días: las famosas “expectativas”, la “ilusión de la gente”, lugares comunes de primer semestre de periodismo.


Claro: mucha de esta misma gente, marchó por meses sin ningún tipo de ilusión, apenas con rabia y hartazgo. Y ahora, simplemente acuden (acudimos) a una ceremonia que, esperamos, sea una fiesta.


Varios días antes del 11 de marzo, los chats de la campaña de Gabriel Boric comenzaron a activarse. El silencio reinaba en esos espacios desde diciembre, pero al parecer, los compromisos de seguir en contacto que se expresaron luego del triunfo en 2021, se empezaban a cumplir.


Reuniones virtuales, convocatorias, elaboración de mensajes: todo un movimiento de contacto e información, que recordaba lo mejor de la exitosa carrera presidencial, que convocó a millones y que le dio al magallánico un triunfo arrollador sobre la ultraderecha de Kast y el piñerismo.


Pero claro: ahora es otro el desafío. Ser gobierno, para quienes son parte del poder. Y sentirse parte del gobierno, tratándose de quienes se alinearon tras Boric en las presidenciales como simples votantes.


El espíritu reinante, al menos desde esos días previos hasta ahora, es justamente ese: sentir que sí, ahora sí, este gobierno puede ser representativo de una mayoría. Una mayoría que no quiere ser silenciosa. Reactivar y mantener esos espacios de campaña, pareciera que, al menos en la intención inicial, deberían ser parte central de la historia que se empieza a escribir en este marzo caluroso.


El día llegó, y hay que dejar de lado el pensamiento mágico. Para acceder a la Plaza de la Constitución, hay que hacer una fila por calle Bandera. Fila a la cual nos unimos sin chistar, con poco apuro, conversando cada grupo de lo humano y lo divino. Alguien ventila sus problemas psiquiátricos, otra gente recuerda anteriores cambios de mando. Muchos compramos algún recuerdo en la venta callejera. Poleras, chapitas, banderas, la “foto oficial”.

Foto: Agencia Uno

Y claro: las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana. Las vallas papales siguen rodeando el perímetro de La Moneda. Pero esta vez, hay aberturas por donde la parsimoniosa fila de gente puede entrar hasta la Plaza de la Constitución para esperar el discurso de Boric. Hace años que no veía una multitud como esta llenando el lugar. Para quienes se preocupan de “las formas”, seguramente el tema de mañana será el estado del pasto. O el aseo del lugar. Si: son asuntos importantes, pero para tranquilidad de esa gente, una señora con un megáfono se paseaba recordando que debíamos dejar limpio el sitio. Alternaba su llamado con audios de discursos de Allende y canciones revolucionarias. Esperar que se respete el aseo y el ornato también es parte de las expectativas, supongo. Algo hay que hacer con ellas también.

Como si la muchedumbre quisiera equilibrar las cosas, en términos de sonido al menos, cada vez que es posible, se gritan consignas contra la policía y los militares. Recordatorios a voz en cuello del prontuario uniformado. Como performance, parece un trato justo. Uno se come callado sus marchas guerreras, y ellos se tienen que tragar la furia verbal de la gente. Eso también es parte estructural de nuestra democracia, quiero creer.


Vamos de a poco entonces. Las rejas siguen allí, pero si es necesario abrirlas, se abren, para que entre la gente. Un río de gente sin apuro. Pienso cuántas de estas marchaban antes. Cuántas hicieron campaña por Boric. Cuántas votaron por Jadue. Cuántas no votaban nunca. Ahora, en esta plaza, nos reúne apenas un evento: el discurso del presidente entrante, con sus salidas de libreto, con su habilidad para las selfies, con las dudas sembradas, las certezas también. En el discurso (que no comentaré en detalle), hubo un sincero intento por dejar en claro que esto era y será, desde ahora, un proceso colectivo. Cumplir las expectativas, (incluyendo las del presidente, las de sus opositores, las de los votantes, las de la prensa), es un asunto de todos. De todas y de todes, para decirlo bien y pronto.


Llega la noche, y en medio de aplausos, gritos y consignas, se cierra el ceremonial. Ya dejaron de sonar las marchas militares. Poco a poco, la gente se dispersa por las calles, que ahora parecen sus calles, nuestras calles. Se escuchan en el aire los ritmos de celebraciones que se alejan hacia los puntos cardinales de Santiago. Avanzo por una Alameda, de momento ancha y sin tránsito, con miles de caminantes. Marchando, siempre marchando. Ahora, las expectativas son las de un descanso en una noche demasiado calurosa. ¿El mañana? Es lo que es no más. Sin expectativas, apenas la decisión de correr un par de cercos, sacar de una buena vez las rejas que rodean el poder. Cada quien a trabajar en eso. Desde La Moneda, desde la calle, donde le toque. Además, igual dejamos limpio el lugar. Un buen inicio digo yo.

Pablo Padilla Rubio
Sobre la autora / el autor
Pablo Padilla Rubio
Escritor.
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