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Berline Coimin: “En Chile te hacen sentir que si eres migrante, mujer y negra no vales nada”

La presidenta de la Plataforma Nacional de Organizaciones Haitianas en Chile (PNOHCH) conversó con este medio sobre la discriminación que viven sus compatriotas, la precarización y la falta de medidas para apoyarlos en medio de la pandemia. Confirma que han sido una de las comunidades más golpeadas, pero que el gobierno ha sido incapaz de verlo. “Somos parte de la población más pobre del país y en todo esto nosotros somos los que sobran”.

Arribó a Chile desde Haití como novicia de una congregación religiosa en el año 2013. Acá llegó a trabajar a la parroquia Santa Cruz de Estación Central y, con el paso del tiempo, se quedó aprendiendo sobre las necesidades de su comunidad. Más que adaptarse a ese territorio, Berline se entregó.

Al igual que el resto de la población del país, el coronavirus tiene a Berline Coimin (40) cumpliendo cuarentena en su casa de la población Los Nogales en la misma comuna, pero por todo lo que ha sucedido con sus compatriotas, su estado es de alerta permanente. Habla de cómo la falta de trabajo, la xenofobia y el racismo tuvo como consecuencia que el virus golpeara de manera más profunda a las comunidades haitianas. Familias que viven principalmente en Recoleta, Quilicura y Estación Central.

Casi todas los semanas se comunica con otras organizaciones a través de la plataforma Zoom para trabajar en soluciones, mientras la pandemia avanza. Le preocupa la precarización de la comunidad, ya comienzan a escasear los recursos y muchos de sus compatriotas no podrán pagar las piezas en las que viven.

Berline es dura en su tono de voz, quizás por las malas noticias y porque el dolor que afecta a la comunidad ya son parte de la cotidianidad. Es el hacinamiento en una casa inhabitable. Es la noticia amarillista en medio del abandono.

Revela que muchos haitianos han quedado sin empleo. La mayoría trabajaba en restaurantes, ventas, o en otros servicios, todas las actividades que quedaron congeladas en medio de la crisis. En vista del escenario, han organizado la recolección de alimentos para canastas de mercadería, pero explica que ese auxilio ya no es suficiente para lo que viene.

-Hay casos en los que los arrendatarios les están diciendo a las familias que si no tienen para pagar tienen que dejar las piezas, como ha ocurrido otras veces. Hemos juntado algunos aportes para que paguen al menos un mes, pero eso no resuelve el problema a futuro-, explica Coimin.

A fines de abril, el contagio de treinta y tres personas haitianas en un cité en Quilicura alertó a las autoridades. Los medios de comunicación llegaron hasta las puertas del lugar en medio de una amplia cobertura que expuso de forma desmedida a sus habitantes, sin embargo, y según cuenta Berline, la situación no cambió para mejor. “Hubo más desconfianza en los chilenos porque nos ven como personas que contagian”, cuenta.

-A raíz de la cobertura que tuvo el caso en Quilicura, el Colegio de Periodistas instó a la prensa a cuidar la forma en que se trata el tema migrante, ¿qué papel crees que están jugando los medios hoy en día?

-Hay una mirada racista en todo esto porque los haitianos estaban en el país, no salieron a ninguna parte. Entonces, ¿quién trajo el virus? Fueron otras personas. Por otro lado, ¿por qué si hay un grupo de personas contagiadas debería estar en los medios de comunicación, haciendo todo ese espectáculo? Hay un estereotipo que se tiene en la cabeza y que contribuye a la discriminación, sea consciente o inconscientemente. Y se reproduce para vender noticias, para beneficiar el interés personal. Varios periodistas dejan lo humano, lo ético y hacen lo que sea para ganar popularidad.

-Se ha dicho que parte de esos conflictos tienen que ver con el llamado “choque cultural”, ¿crees que sea así?

-No creo que se trate de un choque cultural. Creo que es falta de ética y protocolos para enfrentar esta situación, y sé que en Chile hay gente muy capacitada para hacerlo. Poder entender el contexto y la historia de la comunidad haitiana es muy importante y no se está haciendo. Quizás, un haitiano podría no entender que es un contagiado asintomático, pero eso cualquier persona podría no entenderlo, sea cual sea su nacionalidad. Ahora, también es cierto que para nosotros la medicina natural es importante, pero no es un tema de choque cultural.

-Esta pandemia dejó al descubierto un problema que se arrastra hace mucho tiempo: el hacinamiento y arrendadores inescrupulosos. ¿Qué pasa con las condiciones habitacionales de las familias haitianas?

-Lo del hacinamiento es un problema social porque nadie quiere vivir así. Las personas que salen de su país lo hacen para vivir una vida mejor, pero lo que se vive aquí es algo así como salir de la pobreza para volver a entrar. No puedo decir que es diferente de Haití, quizás la diferencia es la inseguridad. Pienso que hay un sueño: la necesidad del ser humano de sobrevivir, de querer vivir mejor, pero al llegar aquí eso realmente no ocurre.

Por otro lado, las autoridades no tienen control de cómo debe ser una vivienda, el salario, la regularización del precio que uno debe pagar porque el sueldo mínimo son 300 y tanto mil pesos y una pieza cuesta 150 mil pesos a eso hay que sumarle la luz, el agua, el gas, el teléfono, la comida y el pasaje de la locomoción. Por eso, muchos de los inmigrantes han dejado el país. Se fueron a otros países y todavía hay muchos que tienen la intención de salir de Chile porque la vida no es fácil aquí.

-Antes de esta pandemia estos problemas ya se habían hecho visibles y hoy pareciera que se agudizaron, ¿Están recibiendo apoyo de las autoridades en este contexto? ¿Se han acercado a ustedes?

-Nadie. Hay mucho abandono. Pienso que el gobierno debería ser capaz de entregarnos información, pero ni siquiera participamos en los beneficios que están entregando. Y todos nosotros colaboramos a pagar esos beneficios. Cada uno de nosotros que trabaja y paga sus impuestos. ¿Y por qué cuando hay una ayuda social somos discriminados? A nosotros no nos incluyen en eso y somos parte de la población más pobre del país. El gobierno ofrece cincuenta mil pesos a las familias chilenas, pero ¿qué se puede hacer con esa plata? En todo esto somos los que sobran y al gobierno no le interesa ayudarnos. El coronavirus está terminando con casi todos nuestros sueños en Chile.

-Producto de la pandemia mucha gente está quedando sin trabajo y así se puede percibir en las redes, en los negocios informales ¿cómo repercute el desempleo en la comunidad haitiana?

-Ahora, hay mucha gente sin trabajo y eso, además de la falta de dinero, va a hacer que muchos haitianos sean apuntados como “irregulares” o como ellos dicen, “ilegales”. Va a pasar un año, más de un año sin trabajo y cuando soliciten el certificado de vigencia de trabajo no vamos a poder conseguirlo. Entonces, ¿qué nos van a decir? Además, todos los días está subiendo el dólar y si yo ganó 300 mil pesos y quiero enviar 50 dólares a mi familia, son 50 mil pesos. Y eso es mucha plata. Imagínate los que tienen hijos, familia. Yo vivo sola, no me complica mucho, no estoy viviendo mejor, pero puedo sobrevivir.

Para la presidenta de la Plataforma Nacional de Organizaciones Haitianas, la “falta de conexión de las autoridades con los más pobres” se traduce en un sentimiento de rabia y cree “que Chile es un país muy afectado emocionalmente”. “Todo es rápido, te exigen mucho, los exprimen al máximo, el trabajo y el estrés. Y la vida cara, por otro lado. Toda esa rabia que tiene la gente se acumula e imagínate si los medios de comunicación le vienen con imágenes de haitianos contagiados. Más rabia siente”, explica.

Uno de los casos que más golpeó a la comunidad fue el caso de Joane Florvil. La joven haitiana murió el 30 de septiembre del 2017. Un mes antes de su fallecimiento fue detenida arbitrariamente por Carabineros. Florvil le había pedido a la guardia de la Oficina de Protección de Derechos (OPD), que cuidara a su hija mientras ella resolvía un asunto sobre el robo que había sufrido su pareja, Wilfrid Fidele. Al no poder expresarse bien en español, denunciaron la situación como un abandono de la niña y se la llevaron detenida. Desde ese momento hay varias hipótesis que se barajan sobre lo que pasó después, lo cierto es que la joven estaba golpeada y 30 días después sufrió un derrame cerebral y falleció. A Coimin todavía le duele su muerte.

Foto Agencia Uno

– Hace algunas semanas la Corte Suprema sentenció a la Municipalidad de Lo Prado por discriminación en el caso de Joane Florvil, ¿qué opinión tiene de este veredicto?

-Eso no es justicia y da mucha pena. ¿Por qué la vida de una persona vale menos? Joane dejó a una niña, a su marido. ¡250 mil pesos! es una falta de respeto. Aquí en Chile te hacen sentir que, si eres migrante, mujer y negra no vales nada. ¿No hablas español? No vales nada de nada. Entonces, cualquier sentencia hoy día no sirve mucho: Joane está muerta. Es una falta de respeto a la vida de los haitianos. Aquí se juega mucho con la vida ajena. Ahora no podemos hacer mucho porque estamos adentro, pero si fuera otro momento yo estaría en la calle al igual que otras mujeres.

– Existen injusticias o decisiones arbitrarias que parecieran no cambiar. ¿Qué información tiene sobre personas de la comunidad haitiana que han terminado en la calle por decisión de sus arrendatarios?

-Hay haitianos que están en la calle por varias situaciones: algunos porque el dueño todo el día viene para cobrar y no saben qué hacer. Discuten con el dueño y los echan a la calle. Hay otra familia haitiana que ahora otro migrante ecuatoriano le está haciendo la vida imposible, lo amenaza con su arma y salió a la calle a buscar otro arriendo, pero no encuentra. Además, él sufre de esquizofrenia.

-Sobre ese mismo tema, hace algunas semanas se hicieron públicos dos casos en los que arrendatarios utilizaron armas de fuego para exigirles el pago a familias migrantes, ¿cómo es la situación con los arrendatarios?

-Hay haitianos asesinados por los dueños de las piezas. Esa es una realidad. Pasa que a veces pagan y otro dueño viene a cobrar diciendo que no han pagado. Y te matan. En marzo mataron a otro haitiano por ese mismo asunto. No hay un control sobre estas situaciones. Muchas veces he ido a ayudar cuando me llaman. Generalmente, los desalojan diciendo que no han pagado, pero a veces pasa que arrendaron a otras personas y así, el verdadero dueño no aparece y entonces con carabineros los echan a la calle con hijos y todo.

Sobre la autora / el autor
Tomás García Álvarez
Periodista.

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