Verdades incómodas

Es imperioso superar el lugar de la izquierda tal cual lo conocemos. No se trata de renunciar a la transformación social y el protagonismo popular; todo lo contrario, trabajar y convocar a partir del lenguaje, discursos, prácticas, reflexiones y preocupaciones que le son naturales y entendibles a millones que hoy padecen la injustica y los abusos. Convocar desde un nuevo lugar, junto a los convencidos, a los no convencidos. Esta debiese ser la principal tarea de los nuevos movimientos y articulaciones que deberemos generar en el futuro próximo. Siempre a cinco centímetros del suelo, siempre desde el lugar del pueblo.
Apruebo
Agencia Uno

En momento de derrotas, las verdades suelen ser más incómodas. Si nada cambia, si todo sigue igual, no tendremos proceso constituyente -apenas un ajuste menor dominado por los partidos que provocaron la crisis-, y alguien del tipo José Antonio Kast será el próximo que llegue a La Moneda.

A pesar del resultado del plebiscito, estamos en un momento de reorganización del país. En nuestra historia hemos pasado por épocas similares. En el siglo XIX, luego de una serie de Constituciones y guerras civiles, se dictó la Constitución de 1833. A inicios de siglo XX, luego de una profunda crisis nacional, se aprobó la Constitución de 1925.

Siempre las épocas de reorganización están vinculadas a crisis. Son momentos donde amplios sectores de la sociedad compartimos que las cosas andan mal; las verdades y certezas sobre las cuales se generó la cohesión social ya no lo son más en una buena medida; el orden social existente no nos genera el mismo sentido que antes; y donde el futuro no está claro.

Pese a quien le pese, el 18 de octubre de 2019 permitió que el actual momento de reorganización se iniciara. Uno de los consensos que construimos fue que el orden abusivo y desigual, que se presentó con toda claridad ante nuestros ojos, estaba vinculado a la manera que se venían haciendo las cosas hace al menos cuatro décadas. Podías esforzarte y trabajar de sol a sol, pero sin la tarjeta de crédito de la casa comercial de turno o más publicitada, no llegas a fin de mes. 

Estallido social / Agencia Uno

Lo complejo de los momentos de reorganización está dado por encontrar la solución a la crisis que los produce, es decir, aquello que está llamado a superar lo que ya no nos hace sentido. En tiempos de autoritarismo, donde la democracia y libertades desaparecen, la solución siempre va acompañada de la fuerza de las armas, que históricamente han estado bajo el control de los poderosos. Ejemplos en nuestra historia hay muchos. Lo desafiante es hacerlo para la atenta mirada y el ejercicio soberano del pueblo.

La solución, el proyecto de sociedad que contenía la propuesta de nueva Constitución, no convenció a la mayoría, porque no hizo mella en el sentido común dominante y, claro, como podía hacerlo si la propuesta apelaba al Estado para que garantizara salud y educación, pero la salud y educación estatal están en muy mal estado hace tiempo, cuestión que naturalmente fue inducida para beneficiar el negocio de un puñado; como podía hacerlo, si en Chile no hay hábitos de lectura y lo que leemos no lo entendemos por la crisis educativa que existe y porque se eliminó intencionadamente la Educación Cívica para mantenernos ignorantes; como podía hacerlo, si por años nos dijeron que había que desconfiar de los pueblos originarios; como podía hacerlo, si nos enseñaron a salvarnos solos sin considerar al colectivo.

Queríamos combatir las mentiras que se decían a diario, pero los productores de sentido hoy son las redes sociales por sobre la familia que no tiene tiempo para conversar, ya que se vive para trabajar; la escuela pública que ya no cumple ese rol; y la comunidad que ha sido siempre invisibilizada por la política tradicional.

Pese a todo, el texto votado el 4 de septiembre logró identificar a casi 5 millones. Si lo miramos con perspectiva histórica, más allá de la contingencia inmediata, es lo más lejos que hemos llegado aquellos y aquellas que anhelamos un nuevo proyecto país. Pero, aun así, todavía no alcanza.

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No pudimos ir más allá por muchas razones. Quizás la más importante fue que nuestro lenguaje, discurso, prácticas, reflexiones y preocupaciones, se quedaron dentro del campo de los convencidos. Nunca fuimos por los que no están, en estricto rigor, por los que nunca han estado, y ahí hay un desacierto estratégico. Un proceso social del calibre que vivimos no puede sostenerse solo con los convencidos. La derrota sirve para verificar esta verdad incómoda con toda claridad y, agregaría, brutalidad. Esta es una gran debilidad que debemos abordar con sentido de urgencia y fuera de cualquier comodidad. 

Dicho de otra forma: es imperioso superar el lugar de la izquierda tal cual lo conocemos. No se trata de renunciar a la transformación social y el protagonismo popular; todo lo contrario, trabajar y convocar a partir del lenguaje, discursos, prácticas, reflexiones y preocupaciones que le son naturales y entendibles a millones que hoy padecen la injustica y los abusos. Convocar desde un nuevo lugar, junto a los convencidos, a los no convencidos. Esta debiese ser la principal tarea de los nuevos movimientos y articulaciones que deberemos generar en el futuro próximo. Siempre a cinco centímetros del suelo, siempre desde el lugar del pueblo.

Desde luego, no pudimos ir más allá por la dimensión comunicacional de la política. Comunicar es un ejercicio fundamental para llegar a la multitud. Los dueños de Chile entendieron esto con claridad luego de la derrota que sufrieron el 15 y 16 de mayo de 2021. Mientras aún celebrábamos, tomaron la decisión de ocupar toda su capacidad para llegar a cada casa a través del celular, los medios tradicionales y los matinales. No repletaron las calles con actos multitudinarios y, aun así, ganaron. Este es uno de los aprendizajes más importantes para todo lo que viene: las comunicaciones son la extensión de la política, por otros medios. Y las comunicaciones están lejos de ser acumulación de likes.

Las élites no deberían estar tan felices, seguras y satisfechas con el resultado electoral, porque de seguro será breve. Desde mi perspectiva, no tienen proyecto de nueva sociedad, ya que son parte del pasado, no tienen soluciones a la crisis porque la generaron y son parte de ella, y no tienen propuestas para resolver los dolores del pueblo, porque hacerlo supondría atentar contra sus propios intereses. Además, la revuelta sigue ahí. Sus heridas aún sangran, no han sanado, otra cosa es que no lo quieran ver. Los únicos responsables de que no haya solución, son ustedes, no nosotros, ocuparon todo su poder para que siguiera todo igual y fueron muy exitosos. Su posición sobre la continuación del proceso constituyente de los últimos días no hace más que confirmar esto. Porque su éxito es a costa del dolor de millones. De seguro esa verdad les será incómoda.

Al amplio campo de aquellos y aquellas que no somos parte del Gobierno y sus dos coaliciones, y que queremos un proceso constituyente democrático, paritario, con independientes, escaños reservados de pueblos originarios y participación popular, no nos queda otra que encontrarnos. Si lo hacemos, seremos muchos y muchas más; y podremos convertir tanto dolor, malestar, indignación y rabia no en miedo y violencia, sino que en bienestar, felicidad, esperanza, encuentro y justicia para, por y con el pueblo.

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