Venezuela y la decadencia moral de sus defensores
Esto, como toda columna, lo digo a título personal. No hay un departamento de Estado de Estados Unidos pagándome (aunque, a veces, al ver las cuentas a fin de mes, no me parecería tan malo), ni nada por el estilo.
¿Es suficiente que el régimen de Maduro diga oponerse a Estados Unidos para caer rendido ante su relato? ¿Basta con que se diga de izquierda para que un sector calle o relativice lo que pasa en Venezuela? ¿Hay que quedarse tranquilo con que digan que son parte de un “bien” para que, quienes dicen ser parte de una lucha “antiimperialista” asientan cuan lacayos a todo lo que diga este sujeto y su aparato? Me parece que no. Y, también, me parece evidente que es lo que ha pasado, dando como resultado un espectáculo triste, pero, más importante aún, sumamente decadente.
Esto, como toda columna, lo digo a título personal. No hay un departamento de Estado de Estados Unidos pagándome (aunque, a veces, al ver las cuentas a fin de mes, no me parecería tan malo), ni nada por el estilo.
Las preguntas al comienzo parten más que nada de la sana duda frente a un sinfín de lugares comunes y dichos de “buena crianza” de un sector que pareciera que dejó de pensar para, de pronto, en su lugar, comenzar a repetir frases vistosas, que en algún momento de la historia del continente tuvieron asidero, pero que hoy no parecen más que grandes escudos para protegerse de la realidad.
Lo que está pasando en Venezuela no sólo es un atentado a la idea de democracia. Es también un atentado en contra del futuro de la izquierda en este siglo. No debería haber ningún medio de derecha que nos impidiera ver que sí, que es así. Y que aquella “revolución” en la que algunos se acurrucan para sentirse “libres”, no es más que otro de los tantos fracasos políticos de un sector obstinado, autoritario y sumamente embobado con sus propias historias de heroísmo.
¿Acaso hay que ser de derecha para condenar esta barbaridad? ¿El hecho de que los opositores al gobierno sean una coalición que reúne a la derecha y a la centroizquierda venezolana es razón suficiente para hacerse el idiota con que hay un resultado que no se respetó? ¿En serio? ¿No basta con ver a la gente que vive en Chile y que quiere volver a su país? ¿O ser de izquierda es sólo un asunto de calcomanías, de poleras, de sectarismo, de memoria selectiva, pero no un asunto moral?
¿Y ser demócrata, qué es? ¿Sigue siendo una herramienta? ¿Seguimos creyendo, en serio, que la “democracia burguesa” es una forma de lucha y no un fin en sí mismo? ¿Acaso la historia no le ha enseñado a un grupo de gente que, aunque suene poco épico, la democracia liberal es lo que hay para lograr márgenes mínimos de sobrevivencia humana? ¿O se olvidaron de que las panaceas, aunque les duela, no existen en política y que la sociedad sin clases no existirá porque los conflictos sociales del capitalismo y del ser humano no son desarticulables, sino que son mitigables?
Suena triste, lo sé, para aquellos que se emocionan con todo. Pero no existen argumentos teleológicos que puedan sostener tanta basura como la que hemos visto en estos días. No existe relato escatológico posible que pueda obviar lo que pasa en las calles de Venezuela y, tan importante como eso, en la conciencia moral de la izquierda. Ojalá se piense al respecto. De lo contrario, no habrá debate intelectual que salve este descalabro.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



Hacerte el gracioso no atenúa tu fanfarronada. Hay muchísimos como tú que le hacen la pega a los dueños del país y del mundo gratuitamente, lo hacen por amor arte, al arte de tratar de parecer intelectualmente imparcial y «demócrata» a toda prueba. «Decadencia moral» ¡Por favor! No se te ocurrió nada mejor.
Te dejo la siguiente cita de un intelectual de talla mayor, que no teme decir que sus razonamientos provienen de su «imparcialidad»:
«Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo.
Mis juicios se nutren de mis sentimientos, de mis pasiones…
Estoy lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario.
(José Carlos Mariátegui,
Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana)
No hay nada de imparcialidad ni intento de ello en lo escrito. Hay pasión en contra de los tontos.