Vacaciones de invierno para sostener la vida… ¿a costa de quiénes?
¿Asumirán las empresas, instituciones, servicios y otros espacios laborales compartir los costos del cuidado de la vida? ¿Quiénes realmente tendrán la opción de reemplazar jornadas presenciales por teletrabajo? ¿Quiénes tendrán derecho a “tomarse algunos días de vacaciones” para acompañar a los y las niñas, si buena parte de la población femenina – y no solo femenina- trabaja en condiciones laborales inestables, precarias, sin contrato, a honorarios y sin derecho a vacaciones, días administrativos, ni “bonus day”, etc.?
Un anuncio conjunto entre los Ministerios de Salud y de Educación, nos informa el adelanto y extensión de las vacaciones de invierno para todos los colegios, liceos e instituciones de nivel preescolar. Ante el actual contexto sanitario y colapso de camas UCI pediátricas, parece la medida más pertinente y responsable. En el anuncio de las autoridades se nos invita a comprender las medidas y la importancia de seguir “cuidándonos entre todos”, entendiendo que estos ajustes en el calendario escolar pueden afectar la rutina y logística de muchas familias.
El sostener y poner la vida en el centro, sobre todo cuando se trata de los y las más pequeñas de nuestra sociedad, sin duda debiera ser una tarea de “todos”; el tema es que no lo es.
Podríamos llenar de cifras esta reflexión y citar los datos duros existentes, para fundamentar este hecho central: cuando se trata “del trabajo de cuidados”, es la población femenina de nuestro país, ya sean madres, abuelas y otras mujeres las que ejercen los roles de cuidado. La pandemia puso este tema en el centro de las preocupaciones y evidenció el cómo “el cuidar la vida y el cuidarnos”, adoptando medidas de confinamiento, suspensión de clases y aislamiento físico en los hogares, tuvo enorme impacto negativo en las tasa de ocupación laboral, afectación de la salud mental y aumento de violencia de género en la población femenina.
No es cierto que cuando decidimos poner la vida al centro, asumimos todos y todas de igual forma los costos que estas decisiones generan. Cuándo se trata de cuidar de vida y se toman estas medidas, sin involucrar acciones desde los ministerios del trabajo y de la mujer, los costos de estas decisiones siguen recayendo solo en “algunas” y la crisis colectiva nuevamente se resuelve de forma privada y sin perspectiva integral de política de cuidado y de género.
Cabe preguntarse ¿Cuáles serán las medidas que tomarán las empresas para cuidar la vida? ¿Van a flexibilizar las jornadas de padres y madres para acompañar a los y las niñas que extenderán sus vacaciones? Luego de 3 años de pandemia, con la dificultad y el cansancio de seguir sosteniendo rutinas laborales en contextos domésticos con pequeños/as al cuidado ¿Asumirán las empresas, instituciones, servicios y otros espacios laborales compartir los costos del cuidado de la vida? ¿Quiénes realmente tendrán la opción de reemplazar jornadas presenciales por teletrabajo? ¿Quiénes tendrán derecho a “tomarse algunos días de vacaciones” para acompañar a los y las niñas, si buena parte de la población femenina – y no solo femenina- trabaja en condiciones laborales inestables, precarias, sin contrato, a honorarios y sin derecho a vacaciones, días administrativos, ni “bonus day”, etc.?
¿Aportarán las empresas y servicios de la industria de cultura, entretención y otras liberando el acceso a experiencias educativas y lúdicas para acompañar de una forma saludable la extensión de las vacaciones escolares o será, como tantas veces, un panorama solo para aquellos/as que tienen dinero para tener “unas vacaciones entretenidas”?
Implementar medidas para cuidar la vida requiere de una perspectiva de género interseccional para crear medidas y políticas que nos permitan comenzar a construir espacios laborales, educacionales, domésticos, institucionales y -en definitiva- una sociedad que pone la vida y el cuidado de todas, todos y todes en el centro. En esa ausencia surgirán, nuevamente, soluciones creativas desde las propias redes familiares, vecinales y territoriales entre mujeres, de las organizaciones territoriales y sociales que levantarán actividades educativas y recreativas para “apañarse”. Serán nuevamente esa solidaridad, esa ética del cuidado por otros/as y en definitiva, ese “amor incondicional”, los que nos permitirá sostener y preservar la vida, pero sería importante recordar, que tal como nos recuerdan cada cierto tiempo las feministas: “Eso que tú llamas amor es trabajo no remunerado”.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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