Urge una seria intervención de Carabineros; pero una que perdure
¿Se puede reformar una institución de tantos vicios políticos e ideológicos tan solo al recibir la banda presidencial?
Debido a las manifestaciones del viernes pasado en lo que alguna vez todos llamamos Plaza Italia y las acciones de Carabineros, es que se ha puesto el foco en la responsabilidad de mando del Ejecutivo, del presidente Boric y particularmente del Ministerio del Interior.
Desde la derecha, como era de esperar, se ironizaba con la forma en que funcionaban los protocolos de Carabineros en una administración de izquierda; se llamaba a la gente a alegarle a su gobierno por lo que estaba sucediendo, mientras que algunos desde cierto progresismo, como también era de esperar, acusaban traición a quienes hoy comandan el país y en el pasado marchaban con ellos.
Si es que pretendemos ser justos, debemos decir que sí, que la responsabilidad de mando es siempre de Interior y del gobierno. En todo momento, ayer, hoy y mañana. No es algo que dependa del signo político que conduce a las policías. Pero también, para seguir tratando de aplicar cierta justicia a nuestros juicios, debemos agregar que la gran diferencia entre quienes nos gobernaron en el pasado reciente y en la actualidad, es que Sebastián Piñera ponía en el centro de su relato a Carabineros, casi como algo esencial y de exclusiva importancia para el funcionamiento del Estado. Eso, ahora, no pasa. Sin embargo, no por eso es menos relevante cómo funcionan hoy quienes están a cargo de la seguridad.
Pero vamos al tema de fondo: ¿se puede reformar una institución de tantos vicios políticos e ideológicos tan solo al recibir la banda presidencial? Lamento decir que no. Por mucho que creamos que es esencial para comenzar el proceso democrático hacerlo con una nueva policía que comprenda la democracia, lo concreto es que requiere llevarse a cabo de manera consistente y sin retrocesos en el camino, por lo que la labor tanto de la ministra del Interior como del mandatario en ejercicio consiste en ir construyendo redes y poder para lograr su cometido.
Intervenir en lugares donde el miedo transicional no entró, no es cosa fácil. El miedo del pasado se fue convirtiendo en la imposibilidad del presente. Pero también en la oportunidad única para hacerlo bien, con fuerza democrática, dejando un legado perdurable en el nuevo ciclo político que comienza.
Ahora, la pregunta es si se está trabajando en ese legado. Si es que realmente las altas autoridades chilenas están pensando en un horizonte cercano hacer algo al respecto no únicamente por la historia actual y pasada de los hombres de verde, sino por la futura. Es una pregunta que no pretende presionar a nadie, sino saber si es que las metas cambiaron una vez en el poder. Porque puede suceder, no por el facilismo ultrón que acusa cualquier variación en las ideas o perspectivas como un acto de maldad, sino que porque a veces, desde arriba, las imposibilidades o posibilidades se ven más nítidas.
Como dijimos más arriba, es lógico que no se puede cambiar apenas recibido el mando. El tema es más serio y de mayor importancia histórica de lo que se dice o se piensa; y más aún de lo que dicen o piensan quienes creen tomarle el peso a lo fundamental que es dicho cambio, pero ven la ciudadanía desde la mirada del cliente.
Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.



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