Una universidad con enfoque de género

En este momento histórico, la Universidad se enfrentará a una decisión igual de trascendental que los últimos momentos vividos como sociedad. En estas elecciones los académicos y académicas deberán decidir si la institución se sumará a los procesos de transformación social, poniendo a disposición la creación artística y la generación de conocimiento con mirada crítica y de excelencia ante los cada vez más complejos problemas públicos.

Los datos del Global Gender Gap Report-2021 del Foro Económico Mundial, dan cuenta sobre la mantención de la brecha de género, la cual se ha intensificado tras dos años de pandemia. Esta situación podría explicarse por dos tendencias opuestas: en primer lugar, es más lento el aumento de mujeres profesionales en el mercado laboral, lo que hace que la igualdad salarial se demore en ser lograda. Por otro lado, hay un menor número de mujeres en cargos directivos; esto se puede ver en el 27% de mujeres gerentes en el pasado 2021.

En Chile, y según las cifras entregadas por el Centro de Estudios de Conflicto Social- COES, el panorama es muy parecido al interior de la academia chilena: sólo 5 de 55 universidades tienen rectoras. La presencia de mujeres en la carrera académica va disminuyendo en la medida que aumenta la jerarquía, mientras en el nivel ayudante, el 44% son mujeres, en la categoría de profesora titular sólo 22% son mujeres y representan el 34% de las investigadoras e investigadores a nivel del país.

Estos datos pasan a ser preocupantes en un sector que, aunque fundado en la racionalidad del conocimiento, mantiene sesgos que perjudican el desarrollo y presencia de las mujeres, en todos los campos del saber. Cuando asume un gobierno que se declara feminista y con todos los desafíos para la educación superior que esto implica para las instituciones públicas, plantear una política educativa y de conocimiento con perspectiva de género pasa a ser de una impostergable urgencia. Tal como ha sido la trayectoria y funcionamiento de una reforma educacional nacida de las movilizaciones sociales que instalaron a los principales liderazgos que hoy detentan el poder ejecutivo del país.

Ad portas de la campaña a la Rectoría de la Universidad de Chile, en la cual por primera vez en la historia de la universidad se instalan dos candidatas, discutir sobre los lineamientos institucionales y de gestión que incluya las realidades de las mujeres y disidencias en la academia, se constituye en un eje central del debate rectoral. Aunque ambas candidaturas comparten el ser mujeres investigadoras de reconocida trayectoria en su campo de conocimiento, existen importantes diferencias en la visión que tienen sobre la gestión del conocimiento y la constitución de la excelencia académica con perspectiva de género para la Universidad para el Chile del Siglo XXI.

La candidatura de la Dra. Rosa Devés, bioquímica y doctora en Bioquímica de la Universidad de Ontario y actual Vicerrectora Académica de la Universidad, quien ha participado desde el 2006 en la gestión universitaria en el periodo de los últimos dos rectores, se caracteriza por la experiencia y conocimiento institucional. Estabilidad y continuidad podrían ser sus principales cualidades para la detención del cargo rectoral.

Por otro lado, Kemy Oyarzún Vaccaro, Licenciada en Lengua y Literatura, Doctora en Filosofía de la Universidad de Berkeley y actual coordinadora del Magister en Estudios de Género y Cultura de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, pionera en los estudios de género en nuestro país, posee una amplia trayectoria participando en distintas instancias de representación institucional de la universidad como el Senado Universitario y la Asociación de Académicos de la Universidad de Chile. La Dra. Oyarzún se presenta a la competencia Rectoral desde la excelencia académica a partir del interés por asumir los desafíos que enfrenta una institución de tradición como la Universidad de Chile y la necesidad de recuperar su carácter público en un Chile en pleno proceso de cambio constitucional.

En este momento histórico, la Universidad se enfrentará a una decisión igual de trascendental que los últimos momentos vividos como sociedad. En estas elecciones los académicos y académicas deberán decidir si la institución se sumará a los procesos de transformación social, poniendo a disposición la creación artística y la generación de conocimiento con mirada crítica y de excelencia ante los cada vez más complejos problemas públicos.

Para esta nueva etapa se hace necesario reconocer el trabajo académico, especialmente de los más jóvenes, a través de la búsqueda y creación de políticas institucionales que reagrupen, coordinen e integren coherentemente una institución que disciplinaria y administrativamente se encuentra fragmentada, para profundizar la democracia interna y la transparencia institucional. Para esto, los métodos llevados a cabo en los últimos periodos rectorales han sido insuficientes, puesto que se ha demostrado que el conocimiento burocrático, por el contrario a lo que se esperaría de un proceso organizacional estandarizado con sentido formal para el mejor funcionamiento de la organización, sólo ha servido para mantener las diferencias entre Facultades y entre las generaciones de académicos y académicas que en la actualidad conviven en la Universidad.

Es necesario que la discusión sobre el estatus quo institucional se instale para buscar la equidad en todos sus niveles dentro del cuerpo académico y se revalorice el trabajo investigativo y del conocimiento al servicio de un país en pleno desarrollo de un nuevo pacto social y cambio constitucional.

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