Opinión

¿Un Papa gay friendly?

El problema es que las “tres veces” de Francisco se contradijeron con las muchas veces o más bien las muchas prácticas condenatorias de la homosexualidad ancladas -por siglos- en la misma Iglesia Católica que comandaba el mismo Francisco, el llamado “Papa gay friendly”.

Desde el domingo 27 de abril de 2025 se puede visitar o turistear la tumba de Jorge Mario Bergoglio, más conocido como ‘Papa Francisco’. Digo más bien (re)conocido por su rol social, político e ideológico en la Iglesia Católica con sede en Roma. Yo no lo conocí, la verdad es que nunca conocí a un Papa, el más cercano fue Juan Pablo II en su visita a Chile. Formé parte de una entusiasta multitud de jóvenes que lo escuchó en el Estadio Nacional y -obvio- grité ¡¡¡NOOOO!!! cuando Juan Pablo II pidió renunciar al sexo. También me hice presente en la población La Bandera y escuché los valientes testimonios de obreros y dueñas de casa que le hablaron al Papa, aguerridos luchadores sociales que después del acto fueron perseguidos por la dictadura de Pinochet.

No soy, ni mucho menos pretendo ser amigo de ningún Papa. Estoy en las antípodas de clase del colega Juan Carlos Cruz, reconocida víctima de abusos sexuales eclesiásticos en Chile, que se ha paseado por los canales de la TV del mundo hablando maravillas de su amigo personal e íntimo Jorge Mario Bergoglio. ‘El amigo gay del Papa’, escribió en pantalla la TV en España cuando la presentadora Ana Rosa conversó con él sobre sus especiales encuentros con el mandamás de la Iglesia Católica y Juan Carlos Cruz les hizo la cruz. Se molestó y reclamó en vivo. Tal vez (mal) entendió lo de “amigo gay” como un estigma para el Papa o quizás no deseaba hablar abiertamente de su propia homosexualidad.

Pero el que sí habló de homosexuales y travestis -pública y sorprendentemente- fue el mismo Bergoglio. Y lo hizo ‘tres veces’, él mismo lo publicitó así en una entrevista. El problema es que las “tres veces” de Francisco se contradijeron con las muchas veces o más bien las muchas prácticas condenatorias de la homosexualidad ancladas -por siglos- en la misma Iglesia Católica que comandaba el mismo Francisco, el llamado “Papa gay friendly”.

Víctor Hugo Robles interpone recurso de protección en contra del arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz. Santiago de Chile, octubre de 2010

Las ambivalencias y contradicciones del Papa

Francisco generó muy bienvenida repercusión pública al ser electo como el primer Papa latinoamericano, argentino, aunque -incomprensiblemente- nunca visitó su Argentina querida, siendo la máxima autoridad del Estado Vaticano. Sus primeras señales lo mostraron como un líder progresista en lo social y político -no en lo moral- que venía a renovar a una Iglesia Católica decaía, cuestionada, agobiada y demandada por múltiples denuncias de abusos sexuales de sacerdotes contra menores. 

La renovación o el progresismo de Francisco se expresaron en su inédita acogida al mundo LGBTIQ+. En efecto, iniciado su pontificado en 2013, Francisco señaló que “si una persona homosexual busca a Dios no soy yo quien los juzgará” y más adelante llamó al respeto de todas las familias, incluyendo a las familias de la diversidad.

Finalmente, siendo tal vez lo más destacado, el Papa invitó a no excluir a las personas trans de la vida social. Sin embargo, mientras Francisco se mostraba abierto a los cambios respecto de la comunidad LGBTIQ+, la Santa Sede publicaba un documento advirtiendo sobre lo negativo del debate público de la “identidad de género” señalando que estas disputas “confunden y desestabilizan a la familia”, la familia heterosexual, por cierto.

En 2023, hace muy poquito, la Santa Sede afirmó que la familia homoparental no era equiparable a la del matrimonio católico, aclarando posteriormente que la homosexualidad no era un delito, pero sí un pecado. En definitiva, Juan Carlos Cruz, amigo personal e íntimo del Papa Francisco, sigue siendo un pecador y no podrá casarse por la Iglesia Católica con su pareja, si es que lo desea, por cierto, no importando que tan amigo haya sido del supuesto “Papa gay friendly”. 

¿Y las tres veces que el Papa habló?

¿Qué valor tienen entonces las palabras de Francisco? ¿Movió el eje del mal y del bien? ¿Promovió algún cambio de paradigma? ¿De qué sirvieron sus tres declaraciones? ¿Serán como las tres veces que Pedro negó a Jesús? Planteo estas legítimas preguntas porque en las despedidas fúnebres de su llamada ‘Santidad’ se conocieron historias de acogida del Papa Francisco a la comunidad LGBTIQ+, llegando algunos, incluso, a definirlo como muy amigo de la comunidad e impulsor de “profundos cambios” en la Iglesia Católica. ¿Un Papa amigo de los gays, lesbianas y travestis? Tal vez, no soy nadie para dudar del testimonio de emocionadas travestis que llegaron a Roma para agradecer el apoyo del Papa y despedirlos muy sentidamente. Mucho menos podría desconocer el trabajo de una humilde monjita francesa, amiga de Bergoglio, que acercó a las trans al Papa Francisco. En Chile, durante los años 90, una congregación de monjas católicas de Holanda, hermanas en rebeldía, financiaron la millonaria campaña de la despenalización de la sodomía consentida que desarrolló el Movimiento de Liberación Homosexual Movilh Histórico. 

Las sotanas manchadas de sangre 

Después de la muerte y despedida de Francisco, motivado por las agradecidas expresiones de la comunidad LGBTIQ+, me pregunto y repregunto por las negaciones de Pedro a Jesús, porque no puedo omitir, mucho menos olvidar el historial colonial y criminal de una Iglesia abusadora y desprestigiada en su ejercicio ético. Una Iglesia asesina e invasora que tiene sus sotanas manchadas de sangre de indígenas, mujeres, brujas, putas, herejes y homosexuales. Toda esta historia no cambia ni cambiará con la “buena onda” de Francisco. Ni cuando lo santifiquen. La Iglesia Católica no avanza, no cambia, ni cambiará, dicen que -incluso- retrocederá luego del cónclave de cardenales que se inicia el próximo 7 de mayo.

Porque mientras Jorge Mario Bergoglio comía y reía con las diversidades de Roma, la Iglesia Católica seguía condenando el pecado nefando y negando “derechos” de nuestra comunidad creyente como el matrimonio religioso o la procreación asistida, entre otros. Por eso hoy recuerdo mi loca apostasía judicializada de hace años, la renuncia al bautismo católico como un gesto político de desobediencia social y liberación religiosa. Una renuncia histórica e histérica que comparto ahora como urgente invitación a escuchar las voces silenciadas de las víctimas de abusos sexuales eclesiásticos agrupados en Chile en la Red de Sobrevivientes de la Iglesia, jóvenes víctimas de los que el mismísimo Jesús de Nazaret llamó «sepulcros blanqueados».

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Víctor Hugo Robles
Víctor Hugo Robles, “El Che de los Gays”, periodista y activista comunitario en VIH/SIDA, conductor de “Siempre Viva en Vivo”.

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