Opinión

Todos somos cómplices de Avello

Avello, a diferencia de todos los que creían tener el patrimonio de la “rebeldía” de los noventa, venía del sur y no de las faldas de la elite política nacional, ni quería “decir las cosas como son” o “cuestionar a los poderosos”, sino algo bastante más peligroso: hacer humor. Un nuevo/viejo humor.

                          

En las primeras horas del 2024 algo así como una “polémica” puso al comediante Felipe Avello en el centro del debate de redes sociales. Un video que pretendía ser un documental, y que tenía como objetivo contarnos la vida de un particular personaje de comienzo de los 2000, llamado Luis Pinto, delató un hecho en el que Avello habría grabado un material del personaje en cuestión desnudo para luego exhibirlo de manera cómica en un evento en vivo.

Esto entre los entendidos de lo que se debe o no hacer, causó espanto. Pero, al contrario de lo que pasa con otros personajes del espectáculo nacional, se ha hablado más de lo que se ha hecho en contra de Avello. Muchos han dicho, desde la “corrección”, que llegó el momento de “funar al infunable” Avello, pero nadie lo hace realmente. Y es que parece que todos somos medio cómplices de su humor.

¿Por qué pasará? Tal vez porque Felipe Avello es más significativo en la cultura popular reciente de Chile que una simple moda festivalera. Todo lo que hizo o no hizo en programas a las 12 del día o en podcast mal grabados es parte de la construcción de su leyenda.

Sus gritos, sus ironías y la transgresión de la monotonía farandulera de comienzos de este siglo era un balde de agua fría para quienes estaban más acostumbrados a la irreverencia de los hijos del fallido Canal Rock And Pop, esos que luego se paseaban por grandes canales convirtiéndose cada vez más en una caricatura de lo que creyeron que fueron.

Él, a diferencia de todos los que creían tener el patrimonio de la “rebeldía” de los noventa, venía del sur y no de las faldas de la elite política nacional, ni quería “decir las cosas como son” o “cuestionar a los poderosos”, sino algo bastante más peligroso: hacer humor. Un nuevo/viejo humor.

Es cuestión de ver sus primeras apariciones en TV. Su objetivo era reírse de la seriedad canónica de los periodistas, incluso de aquellos que decían reírse de todo. No parecía haber en él más que el intento de mostrar cosas que en ese tiempo no se veían. Entrevistó a candidatos presidenciales, los ridiculizó; pero también lo hizo con personajes de baja calaña de esa nutrida fauna farandulera en la que surgió. Y es que no había nadie sagrado. Ni siquiera él. Mucho menos él.

Ese es un juego complejo en el que hay que estar dispuesto a entrar. Yo lo conocí por esos años al invitarlo a un podcast que hacía con unos amigos. Ahí entendí al personaje. Estaba en la dimensión de la comedia todo el día. Cualquier cosa era utilizable para generar un momento divertido. Esos días me enseñaron que no yo no tenía su capacidad para llevar el humor a otro nivel. Y que para derrochar genialidad había que sacrificar muchas cuestiones que yo no estaba dispuesto.

Avello sí lo estuvo y, en cierta medida, quienes nos reímos con sus primeras apariciones en SQP, las disruptivas y las no tanto, estábamos con él, detrás, sin mostrarnos tanto. Por eso hoy nos mantenemos callados y relativizamos lo que otros debieron sacrificar para generar una risa, una carcajada o una demostración de desconcierto.

Todos sabíamos que en la forma en que Felipe trabajaba con personajes como Pinto, como la Tía o tantos otros, había una cuota importante de sarcasmo. Sabíamos que había algo incorrecto en esos videos, por eso reíamos y reímos. Y lo hicimos a plena luz del día porque tampoco se hicieron a escondidas. Al contrario, la gracia era que irrumpieran en la esfera pública.

¿No sabía eso Luis? ¿No sabía Avello que esto causaría eso en Luis? No se sabe. Esa es la gracia de Avello, lo impredecible que es. Lo vemos hoy con su nuevo humor “blanco” y esa especie de limpieza de imagen que ha emprendido, como si fuera un ex convicto en un programa de reinserción social. ¿No será esa también otra gran broma? No tengo ninguna duda.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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