Todos bailando al son de Carter
Hoy todos bailan al son de la música de Carter, con dichos duros y estableciendo antagonismos entre buenos y malos que busquen poner a la ciudadanía de su parte. Pero el trabajo del Estado, el combate de delitos y, por sobre todo (porque parece que se nos olvidó), el fortalecimiento de policías pasa por hacer un catastro del aparato público, del funcionamiento de una institución que lleva demasiados años viciada sin que nadie haga algo al respecto.
27 de Marzo 2023 / SANTIAGO Rodolfo Carter, alcalde de La Florida. El fiscal nacional, Ángel Valencia, recibe en audiencia al alcalde de La Florida, Rodolfo Carter. VICTOR HUENANTE / AGENCIAUNO
El problema de la seguridad se ha tomado la contingencia, primero con el mediático derrumbe de casas del alcalde de La Florida, Rodolfo Carter, y luego con el asesinato de una carabinera en Quilpué. Debido a esto, el tono fuerte de autoridades de todo tipo se ha elevado con frases pomposas y otras que intentan serlo, pero que realmente bordean el ridículo.
Un ejemplo fue un discurso del Presidente Gabriel Boric, luego de ir a visitar a la familia de la carabinera asesinada. Como si se sintiera presionado de decir una frase tras otra, Boric decía que los delincuentes debían temer, que se los iba a perseguir con toda la fuerza de la ley, y que él y la ministra del Interior iban a acompañar algunos procedimientos policiales para demostrar, en los hechos, lo comprometidos que están con el tema.
Una vez que terminó de hablar y se retiró a su oficina, la ministra Tohá, ante la pregunta de un periodista sobre qué significaba lo que había dicho, respondió que si era necesario, harían lo que decía el Presidente que harían, poniendo en condicional la afirmación hecha hace minutos atrás.
¿Son estos arranques retóricos necesarios? Según connotados columnistas de la plaza, sí, hasta que, claro, se materializan. Muchas veces las recomendaciones dominicales de parte de ciertos “líderes de opinión” en la acción no son más que malos consejos escritos con una pluma ostentosa y grandilocuente. Pero en la política de verdad no terminan siendo más que inútiles actos desesperados por mostrar autoridad, como sucede con Boric.
¿Cuál es el problema? Que todos vienen recurriendo hace un tiempo a aquello que provoque efectos inmediatos en la gente. Y la persona hoy provoca esos efectos es el alcalde de La Florida, el que ha sido aplaudido por quienes se autodenominan los portadores de la “seriedad democrática”, por el sólo hecho de que, con su derrumbe de casas, ha dado certezas pasajeras a los vecinos de su comuna. ¿Pero alguien sabe cuál es el costo de esto? ¿Alguien entiende que el tema del narcotŕafico y la violencia en general requiere de algo más, aparte de repletar de simbolismos los matinales todas las mañanas? No queda tan claro.
Al contrario, hoy todos bailan al son de la música de Carter, con dichos duros y estableciendo antagonismos entre buenos y malos que busquen poner a la ciudadanía de su parte. Pero el trabajo del Estado, el combate de delitos y, por sobre todo (porque parece que se nos olvidó), el fortalecimiento de policías pasa por hacer un catastro del aparato público, del funcionamiento de una institución que lleva demasiados años viciada sin que nadie haga algo al respecto.
Es imposible darle real tranquilidad a la ciudadanía sin un acuerdo político que, valga la redundancia, acuerde decisiones en las que el uso legítimo de la fuerza policial sea uno de sus puntos principales, pero no el único. Carabineros sigue en un estado catastrófico. Sus lógicas institucionales deben ser revisadas por el bien de ellos mismos también; pero el clima ambiente parece impedir que esto suceda.
Fortalecer la seguridad requiere de un trabajo que aún no se ve por ninguna parte. Por más que el gobierno equipe a las policías, lo que hemos visto es que es evidente que con eso no basta. Estamos en un momento complejo, y aunque los mencionados columnistas repitan que es porque en el pasado la gente no condenó con fuerza la violencia, lo cierto es que tiene que ver más con un problema estructural que con lo que una u otra persona dijo el 18 de octubre en la calle. Pero parece que no se entiende.
¿Qué se hace en cambio? Se sigue a Carter como un ejemplo, cuando todos saben que hacerlo no es sólo irresponsable porque no puede hacer mucho más, sino porque relatos como los del edil, sin una institucionalidad fuerte que les haga perder peso, erosionan la convivencia democrática aún más.
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