Opinión

Siempre es 11

Es 11 de septiembre otra vez. Quizás siempre es 11 de septiembre. Pasamos frente a La Moneda y suenan detonaciones, que ahora no son de la Fuerza Aérea de Chile, sino que llegan desde esta muchedumbre que arroja gritos, insultos, consignas y fuegos artificiales. Es 11 de septiembre otra vez. Siempre lo es.


Desde mi perspectiva, este 11 de septiembre la Alameda de las Delicias luce ancha y repleta de gente. Hay furia aquí. Hay nostalgia y deseos de algo así como “un futuro”. Si bien hay mucha gente anciana con aspecto de veteranos de alguna guerra, la mayoría son jóvenes que marchan por justicia e igualdad.

Los lienzos piden libertad a lxs presxs de La Revuelta. Los lienzos piden dignidad. Los lienzos reclaman lo básico y elemental. Los lienzos piden lo que se sigue negando desde hace demasiado tiempo.

Es 11 de septiembre otra vez. Quizás siempre es 11 de septiembre. Pasamos frente a La Moneda y suenan detonaciones, que ahora no son de la Fuerza Aérea de Chile, sino que llegan desde esta muchedumbre que arroja gritos, insultos, consignas y fuegos artificiales. Es 11 de septiembre otra vez. Siempre lo es.

La policía hace lo que sabe hacer: gasear, intoxicar el momento, blindarse tras sus caros juguetes estatales. Es un ritual y no lo es. Es una guerra social, es un desahogo, es memoria, es una nota más en medio de noticieros que se centran en la caída de las Torres Gemelas hace 20 años.

Esta juventud que se moviliza con entusiasmo, se merece más que perdigones. Se merece mucho más que dos minutos criminalizantes en los noticieros. Se merece mucho más que una calle San Antonio convertida en ratonera policial. Esta juventud merece mucho más que tener como destino un cementerio, donde ir a llorar a muertos de hace cuatro, cinco décadas.

Pero es lo único que obtiene: perdigones, ratoneras, cementerios. Entonces, señores de las instituciones, después no se me venga a quejar. Siguen sin entenderlo.

Quienes fuimos jóvenes ayer, no recibimos mejor tratamiento. Y acá estamos, porfiados, marchando con esta terca juventud de ahora. Intentamos reprenderlos cuando botan algún letrero del tránsito, cuando destrozan carteles corporativos. Intentamos, pero la marcha debe seguir.

Entre las proclamas anarquistas, las viejas penas de los ex presos políticos y los reclamos de pacientes sin su tratamiento, late una humanidad que empuja su porfiado carro de esperanzas. Llueven gases, llueven aguas toxicas, llueven críticas, llueven fake news, llueven incertezas. La muchedumbre avanza, y ahora hay bailes por todas las calles, bandas y diabladas, tinkus y saxofonistas encapuchados.

Lo que hay más adelante, es lo que es no más. Lo dicho: un cementerio, donde descansan algunos de los nuestros. Lo que hay más adelante son fuerzas policiales. Lo que hay más adelante es una alegre juventud, que baila en las calles, que seguirá bailando, entre los perdigones.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Pablo Padilla Rubio
Sobre la autora / el autor
Pablo Padilla Rubio
Escritor.
Ver sus publicaciones →

También te puede interesar

1 comentario

  1. Qué hermoso escribe Pablo Padilla, me emocionan cada una de sus palabras y su relato.Gracias a La Voz de los que Sobran por compartir con nosotros éste relato.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.