lunes, julio 15, 2024

Se viene un nuevo año: Chile neoliberal 2023

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La elección de un o una Fiscal Nacional puede ser leída como el síntoma que atraviesa una forma de castigo escolar a cada una de las propuestas del Gobierno. Pienso que las sucesivas negativas podrían subsanarse si una vez que se  defina la “quina” o la “terna”, o cualquier otro mecanismo, fuera la derecha tradicional aliada a la ultra derecha y a la nueva derecha, como son los “amarillos”  y los “demócratas”, quienes escogieran quién debería encabezar la Fiscalía y después se lo propusieran a las dos coaliciones que conforman el gobierno. Con sus mayorías, pues, estaría resuelto. Así se podría avanzar en esa materia. Lo que señalo es paródico, en cierto modo un chiste, pero desde otra perspectiva no lo es. 

Transcurren, bajo la premisa del “diálogo”, formas permanentes de poder y dominación que operan para garantizar las mejores condiciones para el empresariado y los inversionistas, construir la figura de Carabineros como héroes, reducir el estallido social a mera delincuencia (incluidos los presos del estallido), reducir a las comunidades mapuches sureñas a invasores de territorios y ladrones de madera. Y lo que ya consiguieron instalar en los imaginarios sociales es que la pasada propuesta constitucional fue un documento realizado por una turba ignorante y -hay que decirlo- especialmente “rasca”.

En cambio, hoy la Constitución se piensa “pura”, “límpida”, porque es designada por las élites del Senado y los partidos, y está cautelada como una antigua “fortaleza”, protegida por múltiples mecanismos, uno tras otro. Y en ese sentido habría que preguntarse qué es lo que se cautela con tanto ímpetu, qué exactamente fue lo “negociado” que requería de expertos, constituyentes, bordes, consejeros y más; cuál era el des-borde posible que se cuida de una manera realmente absurda. 

Atravesamos por una situación política de una precariedad alarmante. La llamada “derrota” justifica cada una de las decisiones políticas contradictorias que se han tomado y que podrían agudizarse, porque esa “derrota” permite los actos vandálicos de la derecha sobre la ciudadanía. Una ciudadanía sometida a discursos incesantes que insisten en que la situación social se debe en gran parte al delito y al narco, y de manera permanente se deshecha hablar del gran drama que atraviesa el país, como es la desigualdad (que genera un futuro social inamovible) y que propicia una creciente adhesión al delito.

Como laboratorio neoliberal habitamos una sociedad objetualizada. La intervención incesante y múltiple del mercado mediante el uso de todos los dispositivos mediáticos para promover el consumo, es cada vez más intensa. Los intereses de la (obligatoria) deuda sostienen la opulencia del grupo dominante que inocula sobre la población un deseo invasivo y en cierto modo irrefrenable por los objetos de su preferencia. La tarjeta de crédito se ensaña. Los bancos se hacen cada vez más poderosos, los consumidores más expuestos a abusos. 

Agencia Uno

Pero quiero detenerme en el deseo. 

El deseo se dispersa mediante impactantes maquinarias que se instalan en los imaginarios. Sin embargo, aunque su introyección es colectiva (el deseo es el deseo), la posibilidad de posesión del objeto está demarcada. Su concreción es clasista y racista. Ya sabemos que el deseo por ciertos objetos -marcas y tecnología- solo puede ser satisfecho por una parte de la población. En ese sentido, es posible observar que los jóvenes pobres son juzgados si desean lo que el sistema les induce a desear. Una minoría joven, sometida a una vida abiertamente injusta, con frecuencia transita por una zona de alto riesgo, ya sea por droga, delito. Hoy con la proliferación del sicariato, van a la muerte joven o a las cárceles. Y la gran aplastante mayoría de los jóvenes del país, directo a trabajos mal pagados. 

Con la instalación del neoliberalismo habitamos una cultura única marcada por el consumo. En ese sentido, las multitudinarias falsificaciones de las marcas y su auge están relacionados con ese deseo que circula y oprime los cuerpos, pero a la vez permite una democratización del deseo que las grandes industrias dedicadas a la copia han entendido muy bien. La Polar también. 

En fin. Se avecina un nuevo año. Veamos.

Diamela Eltit
Diamela Eltit
Escritora, Premio Nacional de Literatura 2018.

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