Opinión

Radio sola, y no aburrida

Visibilizar esas micro-soledades que nos están ocurriendo todo el tiempo en paralelo, porque creo que es justamente ahí donde hay algo que nos une.

La consecuencia lógica del fascismo es una estetización de la vida cotidiana.

WALTER BENJAMIN.

Hace un par de días me reuní con el artista Felipe Pineda para hablar de su reciente exposición en 550, Radio sola. Conversando frente a una de las piezas de la muestra—una mesa que parece archipiélago, compuesta por varias mesas-islas que no se tocan y audífonos que cuelgan—recordé esos viajes insomnes en bus desde Santiago al sur de Chile cuando era niña en los 90 y se hacía de noche.

La película se acababa, la gente se dormía y me ponía unos audífonos (¿daban audífonos?); así entraba en ese juego al mismo tiempo placentero y terrible de sintonizar lo que fuera entre FM y AM por el tiempo que durara. Nunca era demasiado y siempre estaba lleno de ruido, me sentía envuelta por una extraña forma de compañía que solo podía existir estando sola. Sola y aburrida. Por la ventana, casi siempre empañada y entre las luces de la noche, un poco de paisaje.

Al escuchar a Felipe pensé que eso era lo que quizás le interesaba: un modo de ser de la soledad acompañada. Un tipo de comunicación que aparece entre soledades, de estar cerca pero no tocarse (del todo). Como las mesas o los auditores de radio, cuyos cuerpos son tocados por las mismas ondas invisibles por las que viaja el sonido, aunque estén a kilómetros de distancia.

Soledad con compañía

 “Yo veía que la radio era una forma de hacer una especie de ‘soledad compartida’—me dice— ya que quien transmite lanza un mensaje al aire por medio de una onda sin saber quién lo recibe y escucha. Lo mismo me pasaba cuando escuchaba un podcast, sentía que formaba parte de la conversación, aunque en realidad ésta había sido grabada meses atrás y los participantes jamás sabrían de mi existencia. En esa atemporalidad y aislamiento, yo intuía que había una dimensión de la comunicación que me llamaba la atención”.

Sentirse parte de algo, desde la distancia. Para Pineda, y la radio, la distancia pareciera ser algo fundamental; también el aire. Me cuenta que recurre al paisaje para representar esa distancia o separación: “Creo que el paisaje o los mapas geográficos eran la forma de graficar esa distancia entre las personas, y esa soledad o aislamiento físico entre dos puntos que justamente se pueden conectar por radio. De a poco el set de radio [de la muestra] fue tomando una dualidad entre ser efectivamente un set de radio, y al mismo tiempo la representación de un paisaje”.

El paisaje y los mapas también han ido históricamente de la mano con formas de conquista, colonización y dominio. Formas verticales y unilaterales de representación del mundo y sus espacios a través de las que se justifica su dominación, apropiación y exterminio. Lo mismo la radio: un medio que como todos los medios masivos y de reproducción técnica se prestarían, como advirtió Walter Benjamin, para el fascismo. La distancia fácilmente da lugar a la violencia. Como cuando un soldado ignorante y estúpido —también meticulosamente entrenado— aprieta un botón frente a una pantalla de un videojuego para lanzar un misil que masacra a cientos de civiles.

Pero a Pineda pareciera interesarle lo contrario. El tipo de distancia que, por medio del sonido y otro tipo de gestos, acerca. Aunque ese acercamiento sea banal, fugaz, o nunca llegue a saberse. Me dice que lejos de interesarle la soledad del genio, esa necesaria para grandes inspiraciones artísticas y hazañas filosóficas, le interesa un tipo de “soledad cotidiana, que no es buena ni mala, sino que está ahí cuando uno está comiendo solo, está en la ducha, camina por la calle o escucha música. Es una soledad vinculada a la intimidad”. En Radio sola, me cuenta, “yo quería que esa intimidad se pudiera compartir de alguna forma. Visibilizar esas micro-soledades que nos están ocurriendo todo el tiempo en paralelo, porque creo que es justamente ahí donde hay algo que nos une”.

Fotografía: Rafael Guendelman Hales

¿La soledad puede ser democrática?

¿Y YouTube, Spotify, Instagram y las plataformas digitales? ¿Qué pasa con la soledad, la intimidad o el aburrimiento en este caso? Algunos dirán que ya no hay aburrimiento compartido (aunque sí mucho aburrimiento) ni colectividad, porque el entretenimiento está personalizado a tal punto que ya casi nadie ve lo mismo al mismo tiempo. Que ya no hay aire, ni sonido, ni voz, ni encuentro sino pura y absoluta imagen. También aislamiento. Otros dirán que, al contrario, con el internet la radio pasó de ser un medio predominantemente unilateral y vertical a uno horizontal e interactivo. Una especie de intensificación de sus potenciales democratizadores.

La propuesta de Felipe Pineda pareciera encontrarse en un punto intermedio. Rescata, por un lado, la interactividad y se aprovecha de plataformas como Spotify o YouTube sin ningún tipo de reparo moral: como cualquiera de nosotros.

Lo que se escucha en Radio sola través de los audífonos es una sucesión de cartas “escritas para personas solas”, narradas por sus propios autores contra un fondo de ruido radial: un paisaje sonoro de interferencias, construido por el artista. También se puede escuchar una colección de “playlists musicales para escuchar solos” a la que se accede a través de un código QR.

Las cartas y las playlists no fueron hechas por el artista, sino que fueron el resultado de llamados abiertos a participar a través de sus propias redes: Para mí era muy importante que estas piezas sonoras fueran generadas por terceros para terceros, porque de esa forma la radio era una plataforma de intercambio entre distintas personas y yo solamente diseñaba la posibilidad de ese intercambio”.

Entonces, Radio sola es también una forma en que el artista se comunica con su audiencia de un modo que se escapa del momento expositivo in situ y en las paredes del cubo blanco, abriendo posibilidades de interacción y anonimato a través de las corrientes afectivas del sonido, la música y la voz. El sonido y la radio, después de todo, se caracterizan por su capacidad de fugarse de los espacios donde son emitidos: atraviesan los muros y los cuerpos de un modo que la imagen no podría.

Nada personal: comunicación más allá del capitalismo

“Cuando Fernanda Aránguiz me invitó a exponer en 550, inicialmente pensé en crear una muestra que pudiera salir de la sala de exposición, permitiendo que quienes no pudieran asistir tuvieran acceso a la exposición de alguna manera. De esta forma pensé en hacer una plataforma de escucha, y por lo tanto una falsa radio, que se alojara en Spotify, para que quien quisiera pudiera escuchar las piezas sonoras que se armaron para la muestra. (…) Mi idea era que las personas pudieran tener acceso a la muestra sin necesidad de sus imágenes”.

Pineda considera que la radio sobrevive. Me cuenta que, para él, formas de la radio persisten por ejemplo en las actuales lógicas del streaming y los live. Mucho se ha teorizado, de hecho, en torno al ‘en vivo’ de la transmisión radial, esa especie de presencia en la distancia que permite la tecnología y que tiene un rol fundamental en el surgimiento de la televisión (que a pesar de lo que usualmente se piensa, en sus inicios fue en vivo).

Hay una potencia del ‘en vivo’ que atraviesa la radio, la tele, y las redes sociales. Pero a diferencia de estas últimas, en las que irrumpe la imagen, dejando al sonido en segundo plano, hay algo de la radio y su carencia de imágenes y primacía del sonido que podría indicarnos algo, tal vez un camino o una posibilidad relevante tanto para el arte como para la política. Eso es, por lo menos, algo que Felipe Pineda intuye:

Fotografía: Rafael Guendelman Hales

“Realmente no tengo respuesta de por qué la radio ha logrado sobrevivir a tantos cambios y nuevas posibilidades de comunicación que tienen muchos más estímulos. Pienso que la diferencia puede radicar en que justamente es una forma de comunicación que reconoce el valor de la voz y el relato por sobre la imagen, y le da valor a esa dimensión de la comunicación, lo cual me parece importantísimo. Y ahí entra una dimensión política también, en una actualidad dominada por las imágenes. Creo que la voz y los discursos abarcan otras dimensiones de la comunicación y resuenan de otra forma en las personas”.

Si hay algo que Radio sola hace bien, es proponer un modelo de comunicación multisensorial que recurre a la resonancia, y no tanto a las representaciones visuales o identitarias, como forma de interacción, relación, y encuentro. Creo que aquí se abre un espacio—un aire—para pensar la comunicación más allá (o entre medio) de las lógicas de hipervisibilidad, publicidad y consumo de las redes.  

Enlace para Radio Sola en Spotify:

https://open.spotify.com/user/31li76k2e5a6r3zv6wef5sy7va2e?si=136773d8ab0445ff

Enlace de Radio Sola (cartas):

https://music.youtube.com/channel/UCHNFw_V9m-yH6FjdyZwhHcQ

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Catalina Segú
Artista y crítica cultural.

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