Opinión

Proceso constitucional 2.0: Una elección anulada

En este escenario, el “proceso constituyente”, anulado y reducido en la forma de un “proceso de redacción”, redactará la misma constitución de siempre, aquella que no ha dejado de prevalecer desde 1833 bajo los tres grandes pactos oligárquicos: el de 1833, el de 1925 y el de 1980. En otros términos, la “nueva Constitución” será una vieja Constitución remozada mínimamente que legalizará la histórica concepción autoritaria (portaliana) de la política.

  

“Si, por el término griego para pueblo, démos, llamamos adémia a la ausencia de un pueblo, entonces el Estado hobbesiano, como todo Estado, vive en una condición de constante adémia.”

                                                        Giorgio Agamben

Quizás, en la actual coyuntura no haya voto más interesante que el nulo. Frecuentemente acusado de ser un voto “inútil” es precisamente esa característica la que dicho voto puede hoy visibilizar: que votes lo que votes en las próximas elecciones del 7 de Mayo próximo el proceso “constituyente” –así le llaman- ya fue definido por la oligarquía. Así, cualquier voto que se emita simplemente se anulará, tal como anularon la decisión ciudadana del plebiscito de entrada y sobre interpretaron la decisión ciudadana del plebiscito de salida: La del plebiscito de entrada porque desconocieron la decisión popular de una Convención Constitucional 100% electa y la del plebiscito de salida, porque sobre interpretaron el voto de Rechazo a la propuesta constitucional argumentando que lo que la “gente quería” era un nuevo consenso que se concretó en el “Acuerdo por Chile” del 12 de diciembre de 2022 y que bajo el eufemístico nombre de “proceso constituyente” orienta sus esfuerzos a consumar un reducido “proceso redactor” en una Comisión Ortúzar ampliada.

El golpe civil y parlamentario consumado el 4 de septiembre de 2022 ya anuló la democracia y, precisamente por eso, el voto nulo, aquél que, desde el punto de vista liberal es visto como el que no sirve para nada, expresa cómicamente la situación adémica en la que nos encontramos. La elección de convencionales, articulada por la matriz senatorial y orientada a elegir a la misma casta política de siempre, ya está predefinida y, en este sentido, anulada. Es una elección sin elección, una elección anulada.  

Imaginemos por un momento un cuadro utópico: que en las próximas elecciones efectivamente ganen solo los constituyentes progresistas (cuestión que no puede suceder por la estructura electoral en juego). Si eso es así ¿qué podrán hacer? No mucho, casi nada. Estarán anulados de antemano gracias al conjunto de cerrojos acordados previamente bajo monitoreo del Senado, verdadero poder fáctico de la oligarquía. En la realidad, ocurrirá lo contrario: la atmósfera epocal nos dice que triunfarán las fuerzas conservadoras. El progresismo poco y nada de voto obtendrá, pues la sombra del proceso anterior le sigue “penando”.

En este escenario, el “proceso constituyente”, anulado y reducido en la forma de un “proceso de redacción”, redactará la misma constitución de siempre, aquella que no ha dejado de prevalecer desde 1833 bajo los tres grandes pactos oligárquicos: el de 1833, el de 1925 y el de 1980. En otros términos, la “nueva Constitución” será una vieja Constitución remozada mínimamente que legalizará la histórica concepción autoritaria (portaliana) de la política.

De hecho, la misma Convención se adelanta con el conjunto de cerrojos internos y la presencia de expertos: la tecnocracia es la cara liberal del autoritarismo portaliano. Dado que este proceso está totalmente anulado, el voto nulo expresa cómicamente, el esqueleto mismo del proceso: votar el inútil voto nulo es hoy mostrar que todo voto que se ejerza está condenado de suyo a ser un voto inútil, dejar expuesto al proceso en su obscenidad, enrostrándole lo que éste es: un proceso anulado y anulador, es decir, un proceso sin proceso, un proceso político nulo.

Y frente al proceso nulo, nada mejor y peor que un voto nulo. Así, en un escenario en que los que no quisiéramos votar en esta nula elección estamos condenado al voto por ser “obligatorio”, lo más inútil se transforma hoy en la vanguardia de todos los votos porque, frente a cualquier resultado de la elección de constituyentes, el poder de decisión ciudadano quedará anulado. De esta forma, dado que no podemos sustraernos del proceso, el único voto posible –ni el más digno, ni el más “útil”, ni el más rebelde- es el voto nulo.

¿Por qué el proceso anterior acordado en el 15 de Noviembre de 2019 fue, finalmente, boicoteado? Porque aún dejaba espacios por disputar que no dejaban a la oligarquía indemne. ¿Por qué este nuevo proceso de corte autoritario, no será boicoteado? Justamente porque ofrece a la oligarquía todas las garantías. ¿Garantías de qué? De que la usurpación de 1973 se intensificará mucho más.

Por eso voto nulo. No porque sea “útil”, ni porque ello porte el cariz del militante desencantado o diluído, sino justamente por ser el único voto realmente posible, el mismo voto “inútil”: cualquier resultado que ofrezcan las elecciones del próximo 7 de mayo, estará previamente anulado y cualquier voto, por radical que pueda ser al marcar a un convencional de “izquierda” (si lo hay), será “inútil”.

En esto consiste esta enorme parodia. En que, nuevamente nos enfrentamos a una elección sin elección, a una elección anulada. Quizás, por eso, anular sea el modo más simple de visibilizar el fraude en ciernes: siempre habrá una República de Saló tras los hechos aparentemente más decorosos. En ella, el démos (pueblo) que había interrumpido nuestras tristes vidas en la revuelta popular de Octubre de 2019, devino enteramente adémia (Portales denominaba “masa en reposo”) que habrá reducido el proceso llamado “constituyente” a un simple procedimiento de “redacción” que la propia oligarquía no querrá que la publicidad publicite mucho, aunque, cuando entregue el nuevo texto redactado, terminará abrazada a sí misma bajo una lluvia de alabanzas gestionadas por ella misma: self service.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Rodrigo Karmy
Doctor en Filosofía. Académico de la Universidad de Chile.

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Una respuesta a “Proceso constitucional 2.0: Una elección anulada”

  1. Voluntad de avasallamiento, como si la vida no se hubiese expuesto en una pantalla durante la pandemia Covid-19, es decir, como si no hubiese sido expuesta la precariedad, materialmente-simbólicamente producida; a la que nos condena una fuga de muerte mal-llamada “neoliberalismo”. Como si no hubiese sido mestizaje lo que se expresara en octubre del 2019, sus infinitas heridas y llagas, como si no hubiese ahí habido historia.
    ¿Y esta clausura mediática… estamos condenados a ella? No nos olvidemos de los instrumentos de vientos; ¡soñamos un pueblo pensante, no avasallado!

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