Opinión

¿Por qué echaron realmente a Isabel Amor?

¿Por qué se despidió a Isabel Amor del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), a pocos días de asumir su cargo como directora en la región de Los Ríos?

¿Por qué se despidió a Isabel Amor del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), a pocos días de asumir su cargo como directora en la región de Los Ríos? ¿Por ser hija de una persona condenada por encubrir violaciones a los Derechos Humanos o por suponer que serlo la hace a ella inmediatamente cómplice? Esa es la pregunta que ronda las redes sociales. Algunos tienen respuestas claras, rápidas, precisas como si se apretara un botón para obtener una conclusión al respecto. Otros, como yo, no lo tenemos claro.

Si es por lo de su padre, lo cierto es que es un grave error, porque, claramente, no elegimos de quiénes somos hijos ni a nuestras familias. A lo mejor, no es por encontrarla culpable a ella, sino quizás porque tontamente se quisieron evitar una investigación, un reportaje en profundidad que, tarde o temprano, llegaría a cuestionar los lazos directos de Amor. Pero no ha salido nada que nos pudiera dar una pista de que la decisión va por ahí. Hemos escuchado otro tipo de pretextos.

Según una breve entrevista a Teresa Retamal, presidenta de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos de Ñuble a El Mercurio, no habría sido por nada de eso, sino porque sería de derecha. ¿Eso es un delito? No. Sin embargo, se entiende que, en ciertos cargos del Estado, aunque algunos puristas lo nieguen poniéndose las manos en el pecho, es lógico que se quiera tener a gente con ideas similares y que comulgue con el proyecto político. Me rebelo a que se despolitice el aparato estatal bajo la falsa idea del “expertismo”.

Dicho esto, ¿cómo se sabe que ella es de derecha? ¿Por su familia? ¿En serio? Según esa lógica, gran parte de la nueva generación “progre” chilena no debería jamás formar parte de un proyecto de izquierda, conociendo sus ascendientes. Es más, ni siquiera los MAPU debieron ser parte de la Unidad Popular, ya que todos venían de la Democracia Cristiana y ese partido venía de la Falange, la que descendía del Partido Conservador chileno.

Ser de izquierda o progresista no es un asunto sanguíneo ni un título honorífico con que se delegue de generación en generación, menos en una sociedad como la nuestra, donde más de algún personero de las llamadas ideas de avanzada desciende directamente de alguna familia que tuvo fundos, territorios y, de pronto, decidió rebelarse en contra de la pesada herencia familiar.

Personalmente, conozco bastante de cerca esos casos, porque vengo de una familia pinochetista, que jamás le llamó dictadura a la dictadura y que intentó que yo siguiera sus pasos.

Tuve discusiones profundas con mis abuelos, a quienes quise con locura (y que, por si acaso, nunca estuvieron metidos en ninguna barbaridad). Les debatí hasta el día de su muerte lo sucedido y cuestioné cada una de sus premisas sobre “seguridad nacional”.

Pero volvamos a Isabel. Hay más razones que han salido a la luz, como quien da pataleos de ahogado ante este escándalo. Hay quienes señalan que el verdadero motivo es que Amor habría relativizado las razones por las que está condenado su padre. Si se trata de eso, ahí sí podríamos encontrar un argumento de peso. Aunque lo que se conoce es que ella habría dicho que “me dijo-su papá- que no había torturado a nadie, eso lo hacían personas que veían del extranjero”. ¿Qué relativización hay ahí si la figura es que el padre está preso, y con razón, es porque habría encubierto crímenes y no torturado? Ninguna.

Para terminar, lo último que dijo el Sernameg, luego del entendible alboroto en torno a esto es que se debería a que la profesional omitió información respecto a la condena de su progenitor.

Pero ¿por qué habría tenido que decirlo si ella no comparte lo hecho por él ni es responsable de ello? Es otra pregunta importante. Son muchas preguntas, a decir verdad. Yo, como lo dije en un comienzo, no tengo la respuesta.

La cuestión es que aparecen y aparecen razones por las que esta mujer habría sido despedida a días de asumir su cargo y todo se vuelve cada día más confuso, lo que da cuenta de las graves falencias políticas y comunicaciones de este gobierno para tomar y luego explicar decisiones. ¿O no saben por qué lo hacen? O quizás es aún peor: lo saben, pero se dan cuenta por redes sociales del error que cometieron. Y así, con tal inseguridad, no se puede gobernar bien.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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2 respuestas a “¿Por qué echaron realmente a Isabel Amor?”

  1. Todo está en el audio de la entrevista original al mercurio, y el periodista fue muy astuto para editarla su conveniencia (el «su» se aplica a Isabel y al periodista)

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