Opinión

Policía: hacia una redefinición

La policía se multiplica cuando los viejos trajes de la política pierden su costura. Así, el populismo progresista en estos meses ha dejado al descubierto su crisis interna. Si una “demanda social” se piensa tendencialmente como una demanda configurada para reintegrarse a la economía y a la civilización de la producción, esto implica que la “autonomía de lo social” ha tocado fondo. Frente a ello, hemos visto el gesto desesperado por parte de la hegemonía cuando se empeña en sostener la “unidad” a coste de garantizar, en primera instancia, una “policía más profesional, más equipada, y ”.

Es sabido que la comprensión de la policía demanda una suerte de cartografía que sitúe la propiedad, los bienes, y los cuerpos que producen. La objetivación del mundo tiene su prehistoria: poner límites a un territorio en un primer momento, más tarde la administración de los puertos, todo ello seguido de la división del trabajo en las fábricas hasta llegar a las infraestructuras cibernéticas que ahora presiden en los hogares. Es necesaria una genealogía de cómo el mundo devino superficie. A primera vista, la cibernética se presenta como un espacio neutro, impersonal y distante; pero siempre a condición de que la vida se someta al dominio del valor. La policía nunca estuvo tan cerca del deseo, tan instalada en la ficcionalización ni tan arraigada en la textura que desborda lo vital. En efecto, su eficacia radica en perseguir el desborde. Al decir de un conocido comisario del siglo diecinueve: el policía se interesa, por encima de todo, de todas las cosas que no le incumben.

Se nos manda incesantemente a trabajar a distancia. Una operación que se inscribe justamente en salpicar lo más delicado: adueñarse del afuera de la vida. Por eso el presente pide a gritos una nueva compresión del poder, de su localización. Esto implica ampliar el alcance del dispositivo policía, una descripción otra de su geometría. Por una razón fundamental: evitar la caída en un humanismo sonámbulo ante el dominio cibernético. El pedagogo que defiende la distancia social desde las bondades de la ideología y las buenas intenciones (a eso le llaman ahora “cuidado”) es un agente abonado a  la infraestructura; no en vano, es el gran sueño de Eric Schmidt, el último guardián de Silicón Valley y promotor de la metropolitización mundial. Ellos saben que el presente es su gran oportunidad.

La policía se multiplica cuando los viejos trajes de la política pierden su costura. Así, el populismo progresista en estos meses ha dejado al descubierto su crisis interna. Si una “demanda social” se piensa tendencialmente como una demanda configurada para reintegrarse a la economía y a la civilización de la producción, esto implica que la “autonomía de lo social” ha tocado fondo. Frente a ello, hemos visto el gesto desesperado por parte de la hegemonía cuando se empeña en sostener la “unidad” a coste de garantizar, en primera instancia, una “policía más profesional, más equipada, y ”.

Si en un tiempo, ya lejano, se podía entrever un aleph que constelaba las experiencias de una vida; hoy la plataforma Zoom ejerce la reducción integral del mundo y el alcance de sus miradas. Hemos escuchado incluso a un burócrata a decir: “Atención: para optimizar mejor la calidad del grupo [crowd], vamos a silenciar sus micrófonos”. El silencio mismo ha sido robado del dispositivo de la lengua. Curadores, pedagogos, administradores, couches, psicólogos, lingüistas: la policía está siempre en el trámite de la especialización. Pero el encierro ha mostrado con extrema claridad cómo la “mala substancialidad”, la propia del especialista, es refractaria de su auténtica esencia: la policial.

Las anécdotas poseen la efervescencia que nos permiten ir a la realidad, pues dejan ver con más claridad las mutaciones en curso. Eso nos acerca la comprensión de su coherencia. No es poco lo que está en juego en la nueva metamorfosis policial. El Partido de Silicon Valley es la fuerza que atenta contra el amor, los rumores, las verdades, y los encuentros. ¿Qué sería de la adolescencia sin todo esto? ¿Cómo abandonamos la forma humana sin encontrarnos? Los pibes, las pibas, lo que pasa y lo que no, lo que se compone o disuelve. Ser guachin, nena, apertura al mundo, raje, posibilidad infinita de mutación, enfrentamiento cuerpo a cuerpo, todo es fruto de un encuentro. ¿Dónde encontrar hoy los amigos y amigas para huir de este tiempo? ¿Cómo hacerse pillo sin la posibilidad de encontrar amigos para vagabundear? Sin tren, bondi, calle, plaza todo se vuelve cerrado, cercano, poco. ¿Cómo segundearnos cuando el control asfixia? ¿Y cómo escapar de todo esto si casi ya no se sabe donde están los aliados y aliadas de tanto policía que nos rodea?

Es importante no claudicar ante lo esencial: la nueva configuración cibernética y sus pedagogos movilizan una fuerza monstruosa contra el deseo. Mientras que la figura de “influencer” ocupa el polo de la persuasión; la policía controla el polo que optimiza los valores de nuestros contagios. Es banal hablar de un “uniforme”, puesto que estamos ante la uniformidad creciente de las poblaciones. Policía hoy es el dispositivo capilar que gestiona el recorrido de los deseos en objetivos e intenciones. Policía es quien reprime nuestro recorte de las formas de vida. Por eso la nueva dominación policial es de índole cinética: contener los extravíos, suprimir los encuentros, extraer las formas, desaparecer todo lo que vagabundea y lo que no hace caso. De ahí que la juventud sea siempre el objetivo. Lo vio con claridad Carlo Michelstaeader hace ya más de un siglo: los jóvenes son el combustible para la construcción de una vía recta para erigir la Humanidad. Así, comprobamos que la policía es el adhesivo que instituye el reino de lo adulto bajo una rúbrica delirante de la eficacia de la representación.

Pero es importante no claudicar ante lo esencial: el gesto contrapolicial consiste en tomar las formas de las que disponemos para fragmentar la línea, dejando libre lo inhumano en la textura de lo que todo aquello que encontramos en la vida. Es ahí donde comienza la posibilidad de una aventura que no sabemos cómo va a terminar. Si hay algo que es reverso de la política y lo policial es el segundeo. No hay mayor gesto antipolicial que segundear. Bancar, estar ahí, escuchar, acompañar con el cuerpo lo que las palabras ni dicen, abrazar como lo hacen las amigas, romper el aislamiento, correr muertos de risa. Nadie segundea desde arriba de un patrullero, ni por Zoom; nadie lo hace para controlar, enseñar, señalar. Se segundea para encontrar nuestras potencias, para que todo alcance lo máximo que quiera alcanzar, para que lo que se desvía, se desvíe de manera gozosa. El segundeo es un vínculo tan fuerte como estar en las que hay que estar. No siempre, no en cualquier momento, no para jugar roles prefijados y aburridos. Estar, es estar en las bravas, en las que nos necesitamos.

¿Hay algo más importante que segundear? ¿Hay algo más importante que bancar lo que nos hace potentes y nos alegra? ¿Hay algo más importante que urdir estrategias de supervivencia frente a lo vigilante? ¿Hay algo más importante que ponerlo todo para querer a los queremos? ¿Hay algo más importante que no ser policía? Segundear es una actitud sin vigilantes porque rechaza esa manija insaciable de juzgar. Ya no hay deudas impagables, ni postergaciones, ni aparentes absoluciones, ni desvíos; tampoco juicio ortiba, ni ayuda desde el patrullero. Ya no hay nada a cambio, solo amistad. Así se diluyen las jerarquías.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Gerardo Muñoz y Diego Valeriano
Profesor Adjunto, Modern Languages and Literatures, Lehigh University. Obtuvo el Doctorado por Princeton University en Spanish & Portuguese Languages and Literatures y fue B.A – M.A en Political Theory and Spanish Literature en University of Florida, 2006-2012.

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Apoya al periodismo independiente! Sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran.
Únete aquí

¡Apoya al periodismo independiente!

Súmate, sé parte de la comunidad de La voz de los que sobran. Así podremos seguir con los reportajes, crónicas y programas, que buscan mostrar la otra cara de la realidad, esa que no encontrarás en los medios de comunicación hegemónicos.