Opinión

Piazzolla. Llueve sobre Santiago. (1975-2023): Resonancias de la catástrofe chilena

Es un texto que analiza «Llueve Sobre Santiago» en versión Piazzolla y Allende de Helvio Soto.

Il Pleut sur Santiago es una filmografía (1975) que invoca la identidad del exilio chileno. El documental vio la luz en Francia y Bulgaria, y su estreno fue en diciembre del mismo año. Es una producción de Helvio Soto que se inscribe en el tiempo ininterrumpido del exilio. Aquí el tiempo, es un tópico prevalente, perenne. El título del film acompasa un movimiento de visualidades y significados que articulan tiempo e historia. La lluvia interminable es el telón de fondo y su monótono repicar abraza el tempo de la inmanencia, que se propone como huella de la historia, nombrar nuestro encierro en la enseñanza de la tragicidad. La lluvia es similar a la destinación de lo que vendrá 50 años después. Una metáfora del tiempo que se vive qua perpetuación de la catástrofe, como resonancia pregnante que marca nuestra violencia irrefrenable. Santiago, convertida en la capital del horror, en un mar trágico, carece de todo porvenir en nombre de la acumulación primitiva de capital. La lengua desgarrada, fragmentada, herida tras el Golpe, acompañara a los sujetos desvinculados, y no cesará, pues será un domicilio obliterante. La Comunidad de los sin Comunidad. En suma, las frustraciones y las dificultades de estar en el mundo, de haber sido expulsados del presente. La lengua es sinónimo de destierros, porque solo será posible pulular en desposesiones y en desarraigos sin obra comunitaria. La memoria colectiva, implica un “efecto globalizatorio”, y el ícono global es un Golpe de Estado en el “tercer mundo”. Televisores locales y del primer mundo, imágenes del bombardeo a La Moneda cristalizan una argot de significados e imágenes que se diseminan por el cuerpo social desbordando el campo estético del cine/audiovisual local. La imagen de La Moneda bombardeada funge como propuesta metonímica que representa el 11 de septiembre (1973). El golpe, es metáfora expansiva, no sólo “bombardean”, “destruyen” “queman libros” “violan” y  “refundan” El Palacio de gobierno, sino que también se conjura una bruma que pondrá en jaque el destino de todo acuerdo democrático. 

En medio de tales éxodos, Astor Piazzolla alcanza un intenso paisaje sensorial[2]*.  En su organología encontramos un  total de nueve cortes:  Presagio, Salvador Allende, Uomo del sud, Salvador Allende, Combate en la Fábrica, La maison de Monique, 11 pleut sur Santiago y Jorge Adiós. Piazzolla supo retratar todo el gris del horror, el infinito exilio, y los vejámenes del oscurantismo. El músico logra capturar la pregnancia emocional del registro histórico -lo inefable/inenarrable/inimaginable, mediante una metáfora estético-visual, cuando las palabras no logran articular un relato de la experiencia. La dramaturgia y las “lengüetas libres” del Doble A, Bandoneón, desanudan la imposibilidad de representar lo irrepresentable -el horror-, merced al fuelle (1900) capaz de dar voz a la inmigración italiana y los desbandes de dialectos. Allí donde se soportan las escasas representaciones del Golpe. Las llamas descontroladas de Palacio como premonición del descontrol neoliberal. Todo será incinerado y no habrá lugar para la expiación.

La extinción de todo horizonte compartido como aquello que el filósofo chileno, Willy Thayer, llama la “sociedad del golpe”. Sociedad fundada desde y para el Golpe. Piazzolla y la máquina de padecimientos petrificados en metal, apela al trauma acústico que cultiva una sensitividad que mantiene en retención las “estéticas de la sangre”. Sangre que marca la época de la desaparición, los halcones y nuestros heraldos. Astor Pantaleón nos brinda un universo de sonoridades, una fuerza imaginal, hasta imputar la letra modernizante de los “Chicagos Boys”. El sentimiento de pérdida permanece en vilo luego de 50 años de lenguas modernizantes y oligarquías mercantiles. El Bandoneón -en toda su sensorialidad- interactúa con diversos éxodos forzados, donde la desterritorialización del capital muestra a nuestras élites ávidas, extasiadas de “capital foráneo”. El exilio aparece como una “condena” inaferrable, e imposición absoluta que deriva de unas condiciones de extrema urgencia generadas por la persecución política. Una “pulsión” de salvación de quienes se fueron del país en aquellas circunstancias. El exilio altera una cierta memoria inmediata del acontecimiento, pero intensifica los rasgos de una experiencia en “duración”. Aleja del espacio conocido, al imponer un mundo extraviado, que lleva a la valoración sensible de aquel espacio que se ha dejado, que ahora es visto y vivenciado de manera radicalmente nueva e innombrable.

La película de Helvio Soto, y su afán de memorias combativas, alude a la riqueza de acontecimientos -a los deseos de reconstrucción- de la izquierda chilena en el exilio y, especialmente, a la magnitud de una catástrofe, donde se ha derramado la experiencia. Los lazos que aún podrían quedar entre lo político, lo social, aunque fueron aplastados por un hito sanguinario. Piazzolla retiene el tiempo triste que encierra la destrucción de una época donde la ciudad y sus habitantes han visto como el ritmar desaparece para siempre. Piazzolla puede traducir la experiencia del horror que no tiene lenguaje, invocando el Doble A y la tristeza del violín –Antonio Agri.

Un collage de la supervivencia, que solo puede nombrar una sonoridad sin diccionarios. Todo en una doble configuración, ya que ausencia e inmigración forzada se presentan como una circunvalación de los exiliados chilenos. Tratar de regresar a la tierra de origen, carece de sentido. Una vez expulsados de la patria, se padece el extrañamiento —apátrida—  como lo sufrirá una legión de padecimientos donde se ha perdido la lengua. El exilio extraviado, demencial, desquiciado, fuera de sí, queda atrapado por la esclavitud de lo cotidiano. Un mundo-inmundo, una vivencia consumiendo vida.

Un silencio retumbante en un análisis  tímbrico,  tiñe  la  operación  fundacional del golpismo crónico. Y si la herida supura, y no para de sangrar, cómo explicar el drástico presente del tempo triste que experimenta Chile-. Algo necesario, pero no suficiente para dar cuenta de  la  drástica  transmutación que cifra una devastación sanguinaria. Devastación que no para de llegar. 

Por fin, el tratamiento de las memorias devela la facticidad rampante de lo innombrable en la cotidianidad de los chilenos. El órgano institucional del pinochetismo fue administrado en tiempos de transición pactada (1990-2010). Y aún permanece como un capítulo inconcluso del Chile Neoliberal y los cineastas, infatigablemente, pudieron globalizar la memoria histórica y develar la violencia del capital. En suma, tras 50 años, existe un nudo ciego entre Golpe y actualidad

La lluvia no cesa. Santiago es una noche que no tiene ayer.

Link de la película.

(103) Astor Piazzolla, «Llueve sobre Santiago» – YouTube Salvador Allende por Piazzolla (112) Astor Piazzolla «Salvador Allende» – YouTube


[1]* Los autores consignan el cruce temático con el proyecto Fondecyt N.° 1220324. Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo-ANID

[2]* Algunos de los temas fueron editados en 1976 por el sello Trova, en el LP Muralla China. Más recientemente se han  incluido  temas  de esta  banda sonora en ediciones  misceláneas  de  música  de cine (Tanguedia (1992) -Saludos 1 CD; Soundtrack  Enciclopedia (1997) – Victor 1 CD.

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Mauro Salazar y Carlos del Valle
Doctorado en Comunicación UFRO-UACh. Universidad de la Frontera.

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