Opinión

Nuestra confianza en nosotros. La Unidad Popular y Herencia del Porvenir

La Unidad Popular es para Karmy una experiencia empapada de imaginación popular y “secundariamente”, un gobierno del realismo. Una ética de los pueblos (siempre en plural) comprende admitir la pluralidad de las luchas populares que se abrieron luego de la cuestión social.

El nuevo texto de Rodrigo Karmy anuda un conjunto de intervenciones (por momentos no-gramaticales) que buscan abrir una “política de los afectos” subrayando algunos fragmentos discursivos de Salvador Allende y anudando un registro intempestivo con la «excepcionalidad» de la Unidad Popular. Una textualidad que hurga en la fuerza imaginal de los significantes, para emplazar los consensos visuales del pacto oligárquico-transicional (1990-2010). La Unidad Popular ha devenido en una experiencia inédita, en un insondable universo visual. De momento, el proyecto mantiene distancia con la gubernamentalidad (“máquina portaliana”), y aunque no se niega al mandato de un “republicanismo mínimo”, ha optado por ser potencia, metaforicidad expansiva y, porque no, acontecimiento. Habría en la organología de Karmy, una tarea pendiente que consiste en escudriñar resquicios, fugas, fisuras o nodos por descifrar de la Unidad Popular.

En 1973, y aunque colgando de las cornisas, se abrió una experiencia donde las instituciones y las subjetividades políticas (“singulares”), contra el canón conservador, pudieron activar un nudo creativo entre metáforas de rupturas -cortocircuito- desafiliadas del ensayismo historiográfico, abriendo los lenguajes y horizonte de la Unidad Popular. Una experiencia de inventividad, tan irrefrenable para el autor, como igualmente inaferrable si invocamos el trabajo de Daniel Mansuy.

Cabe señalar que Karmy interroga radicalmente los acuerdos políticos del mainstream, las cogniciones del orden, arriesgando una tesis liminal sobre el carácter derogador de la revuelta (2019) y su rabia erotizada contra la rotación de los pactos oligárquicos y la impotencia cognitiva de los expertos frente a la angustia existencial del mundo popular. En efecto, el despertar de la república de los cuerpos fue una manera posible de enfrentar una subjetivación inercial de tipo portaliana en 1973. Por eso es que Karmy, insiste en la voz perdida de Allende -trenzada de metal- atravesando tiempos y olvidos mientras “La Moneda se desploma en llamas, parece resonar en la revuelta de Octubre bajo otra forma, otros rostros, otros problemas”.

Pese a la estocadas públicas que provee la reflexión de Karmy (2023), a las audacias hermenéuticas por donde transita su trabajo, cabe advertir que, cualquier imagen o calco que se precie de reducir su textualidad a mera negatividad, esencialismo, lirismo octubrista, fetiches de rebelión o filosofía política redentora, incurre en una pereza, no solo respecto del argot conceptual que aquí entra en circulación (Agamben, Foucault, Nancy, Marchant), sino en aquello que él mismo autor ha calificado como un «trabajo menor». Si todo régimen escritural se debe a la distancia, a la verdad de sus imágenes, al emplazamiento infatigable, es de la mayor urgencia que la prosa pública -la de Karmy- que imputa las plusvalías cognitivas de las ciencias sociales, y se mueve en la tensa filigrana con mal de hipérbole, sea interpelado radicalmente. Es bueno que así sea.

Las intervenciones del autor, su letra discrepante, frente al tiempo homogéneo de las “modernizaciones galácticas”, abrazan una genealogía que desarticula la estabilización identitaria de las disciplinas, en particular, la historiografía, en favor de un inframovimiento en el que la composición de otras fuerzas interrumpe el continuum histórico donde el Golpe de Estado representa la obsolescencia programada (donde aún habitamos).

Cuando el autor inscribe operaciones de entrada y salida respecto a la experiencia ético-político de la Unidad Popular, da cuenta de una potencia igualitaria que va más allá del aparato politológico afiliado a diversas redes de dominación. Las potencias populares de «Nuestra Confianza en Nosotros» -porque pendemos de esta palabra posibilitadora- son una forma de reorganizar el pesimismo que padecen las izquierdas y el partido portaliano, a  saber, el progresismo transicional capturado en un programa de privatizaciones. 

La Unidad Popular es para Karmy una experiencia empapada de imaginación popular y “secundariamente”, un gobierno del realismo. Una ética de los pueblos (siempre en plural) comprende admitir la pluralidad de las luchas populares que se abrieron luego de la cuestión social. Las memorias irredentas, sin domicilio, aquellas que irrumpen con la imaginación popular (1973 y 2019), interpelan la racionalidad abusiva de las instituciones, más allá de una ética de lo testimonial, o bien, los realismos de la “memoria numérica”.

En suma, Nuestra confianza en Nosotros, seríauna hebra posible, una insistencia, ante el actual silencio ensordecedor de las izquierdas. Un susurro para nombrar las distopías del presente. 


* Nuestra confianza en nosotros. La Unidad Popular y la Herencia del Porvenir. El Fantasma Portaliano II. Ediciones Universidad de la Frontera (2023). El prólogo del libro corresponde a Carmen Castillo y el epílogo a Sergio Villalobos-Ruminott. 

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

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