Mujer y emancipación
No deja de ser importante que la Ministra de la Mujer, Antonia Orellana y la Ministra del Interior Carolina Tohá, posible candidata presidencial, sean las figuras más interrogadas y atacadas por la misoginia encubierta que habita a la derecha y que incluye a las mujeres que la conforman.
Foto: Agencia Uno
De manera intensa este tiempo ha estado atravesado por una guerra política-cultural contra el gobierno interrogando el feminismo. Sin duda la suma incesante de acusaciones busca debilitar, disminuir, repensar y hasta ridiculizar instancias que apunten a generar emancipaciones en el transcurso de la vida de las mujeres. Y no deja de ser importante que la Ministra de la Mujer, Antonia Orellana y la Ministra del Interior Carolina Tohá, posible candidata presidencial, sean las figuras más interrogadas y atacadas por la misoginia encubierta que habita a la derecha y que incluye a las mujeres que la conforman. Pero también hay que agregar la actuación híper destructiva para el Frente Amplio, de la diputada Maite Orsini.
Pensando desde el feminismo y más allá de esta contingencia, me parece que existe una zona que no ha sido lo suficientemente pensada políticamente como es la emancipación más resonante de las mujeres fundada en la desmaternización que atraviesa a una parte del mundo.
En Chile el porcentaje de los nacimientos es 1,2, el más bajo desde que se tenga medición. Desde esa perspectiva es completamente claro que las mujeres han disminuido de manera radical la maternidad e incluso masivamente han decidido no tener hijos. Este momento, sin duda, es crucial pues la relación mujer y maternidad ha sido central para ejercer de manera asimétrica los poderes: Lo masculino como productor y lo femenino como (simple) reproductor en todos los aspectos sociales. Más aún, a partir de la capacidad materna se produjo linealmente la gran maternización social de las mujeres, más allá de la existencia o no existencia de hijos.
La mujer y su cuerpo se estableció como un deber simbólico, extenso, una disposición al servicio, un recurso, desencadenando un dispositivo perfecto para ejercer dominación.
Una de las razones que se esgrimen para pensar este escenario, es que los hijos “salen caros” y es verdad si se piensa en la realidad neoliberal chilena y su estela asombrosa de desigualdad, fundada en el crédito, la deuda y los impactantes intereses. Pero la declinación natal también ocurre en países que cuentan con sólidos apoyos estatales para los hijos. De esa manera hay que pensar mucho más finamente este momento como un signo y un síntoma desmaterno que hay que entenderlo como liberación ante un mandato. Y desde mi perspectiva, este signo y este síntoma, lo relaciono con una emancipación de las mujeres que se ha producido de manera progresiva a lo largo de décadas y que los sistemas sociales no han querido leer salvo como preocupación por lo que ocasionaría en el futuro, siguiendo la fórmula neoliberal, un déficit de “capital humano”.
Desde luego este declive materno ha generado fuertes acusaciones desde el mundo conservador, pero, más allá de las estrategias discursivas para volver a instalar la familia nuclear unida en matrimonio (ya depuesto como institución) y los hijos como centro y aspiración, ese mandato se tropieza con una realidad incuestionable, tal como lo presagió el dramaturgo Henrik Ibsen, una parte importante de las mujeres salieron ya de la “Casa de Muñecas”, se fueron a una casa distinta. O como dijo Virginia Wolf, están desplazándose (en masa) hacia una “habitación propia”.
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Muy aportadora columna…qué ganas de tener más edad para ver el devenir de este proceso en marcha.