Opinión

Mitchelle Esperanza

Mitchelle Esperanza siempre fue directa, tal vez demasiado para la élite LGBTIQ+ que veía en ella peligro, desorden, desobediencia. A mí me provocó e impactó políticamente. Si no fuera por ella seguro nunca habría nacido “El Che de los Gays”. Ella fue un travesti despertar, un impulso marica creativo, un rayo fulminante que desvió mi inquieta y juvenil homosexualidad. Lo agradezco loca e infinitamente.

“Pasarán los días, pasarán los años.
Nuevas ilusiones, otras despedidas.
Pero a ti olvidarte nunca”.

Nuestro último encuentro fue en su casa en Playa Ancha con su tía Mónica y antes en el Ollón de las Putas donde arribamos con las comprometidas compañeras de Fundación Margen de mujeres trabajadoras sexuales de Chile que valoraban y complicitaban con su generosa entrega política, social y comunitaria.

Escuchando “Olvidarte Nunca” de Los Golpes en “Siempre Viva en Vivo”, único programa de la diversidad sexual y el VIH/SIDA, transmitido por Radio Universidad de Chile, recordando los 10 años de la trágica muerte de Daniel Zamudio Vera, rendimos justo tributo a nuestra querida e histórica Mitchelle Esperanza Clementi Berríos, activista de la disidencia sexual que luchó por la dignidad de la comunidad travesti más vulnerada, la más olvidada, la más invisible. Las travestis sin alfombras de terciopelos, ni premios Óscares. Las travestis locales del margen del margen del margen, las travestis sin burocracias políticas, ni cargos parlamentarios, ni concejalías porteñas, las travestis escandalosas e incómodas para todo poder.

Después de un mes resistiendo múltiples enfermedades en medio de cuidados y preocupaciones de familiares y amigas, cuando las instituciones públicas le cerraban las puertas y el alcalde compinche del engañoso presidente feminista Gabriel Boric nunca encontraba un hueco en su apretada agenda municipal para recibirla y conversar sobre el trabajo sexual precarizado en Valparaíso, Mitchelle Esperanza perdió la esperanza y decidió volar a los cielos. Su herencia será el recuerdo de su lucha permanente, su presencia molesta e inquietante para muchos, demasiados, incluyendo a las organizaciones de la diversidad sexual limitada que la despreciaron muchas veces.

Mitchelle Esperanza Clementi Berríos es histórica porque hizo historia. La conocí en los 90 en un congreso internacional sobre el VIH/SIDA en el ex Edificio Diego Portales, hoy Centro Cultural Gabriela Mistral. Ahí brilló por su atrevimiento y belleza. Su discurso de dolor y rabia eran expresiones de los muchos golpes que había recibido en vida. Ella reclamaba justa reparación a la comunidad travesti. Esa legítima demanda que nunca entendió el Movilh, mucho menos el Movimiento por la Diversidad Sexual MUMS que en septiembre del año 2000 la expulsó a patadas de un ciclo de cine en el Centro Arte Alameda.

Unos años antes, mayo de 1996, amenazaron expulsarla con la fuerza pública de la sede del Movilh Histórico cuando delirantes  e intrépidas protagonizamos una loca toma a la sede del Movilh del simbólico e imaginario Frente Travesti Anarquista de Liberación Nacional. Los bigotudos compañeros no podían creerlo. Justo-justo el día de las elecciones de un candidato gay a las municipales por Santiago, las locas del ala radical levantábamos justa protesta contra el machismo y la homofobia al interior del Movimiento de Liberación Homosexual. En esos mismos años, escoba en mano, barrimos las calles en contra de la discriminación en una inolvidable marcha por los muertos del SIDA en Chile.   

Y así, junto a la reconocida y callejeada “Mitchelle esponja”, como la llamaban las travestis más viejas del puerto,  realizamos una serie de protestas, actos y/o “acciones”, como les decía cariñosamente la Mitchelle reivindicando el valor insurrecto de la acción directa.

Mitchelle Esperanza siempre fue directa, tal vez demasiado para la élite LGBTIQ+ que veía en ella peligro, desorden, desobediencia. A mí me provocó e impactó políticamente. Si no fuera por ella seguro nunca habría nacido “El Che de los Gays”. Ella fue un travesti despertar, un impulso marica creativo, un rayo fulminante que desvió mi inquieta y juvenil homosexualidad. Lo agradezco loca e infinitamente.

Mitchelle vivió entre Santiago y Valparaíso, siendo el puerto principal su territorio más cierto y seguro. En los últimos años, diagnóstico de VIH/SIDA asumido, comenzó a movilizar diversas iniciativas político – culturales en medio de los cerros porteños, siendo la olla común, cono-sida como “El Ollón de las Putas”, la más querida. No fue sencillo mantener siempre vivo su deseo de ofrecer un plato de comida digno a las trabajadoras sexuales pobres de su ciudad. Y lo hizo contra viento y marea, incluso contra expulsiones e intentos de cierre de su esforzada olla.

Ella se desvivía por la olla y sus amigas, el poco dinero propio y el que lograba recolectar en donaciones, todo lo invertía en el Ollón de las Putas. Estuvo muy enferma, hospitalizada, maltratada y discriminada en el Hospital Van Buren. Nunca aceptó el desprecio y luego pedía el alta para regresar al Ollón.  “Yo no estoy para médicos ni experimentos farmacológicos”, decía. La reté pero no hubo caso. Porfiada como nadie. Ni la vacuna contra el corona-virus aceptó. Porque como decía Lemebel, Mitchelle nunca fue reina de ninguna primavera. 

Y finalmente pasó lo que muchos temíamos. Mitchelle no dio más, no soportó más, no confió más, no se levantó nunca más. Mitchelle murió el domingo 27 de marzo a las 18:30 horas en una fría sala del mismo hospital que la desechó en Valparaíso, el mismo territorio donde armó su última loca batalla, su comedor solidario para las compañeras travestis pobres que hoy la despiden con cariño y gratitud. Es que nadie cocinará como ella. Nadie anunciará “la comida está lista” como lo hacía Mitchelle. Ya no habrá más Ollón de las Putas al modo Mitchelle Esperanza. Sabroso y peligroso. Dulce y amargo. Triste y lujurioso. Único e irrepetible.

Besos siempre libertarios querida compañera de mil batallas. Te extrañaremos mucho, cariño, aunque estoy cierta que desde el cielo rojo, el mismo cielo de nuestra Gladys Marín, junto a la Pedro Lemebel, La Andrés Pavez y La Andrés Pérez, unida a tantas otras locas siemprevivas, iluminarás desde ahora nuestro loco y rebelde transitar.

¡Hasta siempre querida e incendiaria Michelle Esperanza!

El Cortijo de Conchalí, 28 marzo 2022

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Víctor Hugo Robles
Sobre la autora / el autor
Víctor Hugo Robles
Víctor Hugo Robles, “El Che de los Gays”, periodista y activista comunitario en VIH/SIDA, conductor de “Siempre Viva en Vivo”.
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