Opinión

Maite Orsini y la adolescencia tardía del Frente Amplio

El frenteamplismo tiene un problema que parece necesario resolver, y es su incomprensión de que el cargo que ejercen muchos de sus integrantes en el Congreso está lleno de flancos abiertos desde el día que lo asumen.

Terminó el Festival de Viña y la actualidad noticiosa se tomó los noticiarios en los medios. Pero es otro tipo de actualidad; una que se mezcla con una renacida farándula. 

Hace semanas los canales estaban, de a poco, poniendo en el centro de su contenido diario el problema de una ex conductora de matinales y su marido con un dudoso caso de relojes robados. Pero ya comenzando marzo este género empezó a renacer en pleno, tomando una relevancia pública importante al revelarse un conflicto entre la diputada Maite Orsini, el ex futbolista, Jorge “Mago” Valdivia, y su ex mujer. 

¿Por qué podría ser un tema de importancia nacional un problema entre tres personas o una relación entre dos? Porque hay involucrada una acción pública, un “telefonazo” de Orsini a Carabineros para aparentemente intervenir en una detención de Valdivia.

Desde ese momento, este caso comenzó a acaparar todas las planas y todo tipo de plataforma. De pronto, lo que parecía un romance oculto de un futbolista con una parlamentaria, fue agarrando otro tipo de cariz. Ya no era un asunto de moral privada.

Por lo mismo, cabe preguntarse por las élites y sus acciones. Al menos yo no creo que sea un problema que existan y tengan acceso a ciertas cuestiones que otros no, sobre todo cuando estas son electas. Es un requisito esencial para que funcione una democracia. Los representantes públicos deben acceder a ciertos privilegios por el hecho de representar a una ciudadanía. No por la clase a la que pertenecen, ni nada parecido. Pero para ello, esas élites deben tener también conciencia de su rol. Y eso requiere nutrirse de un sentido de responsabilidad y entender que esos privilegios no pueden ser sinónimo de gustitos, de acciones que no le toman el peso al cargo que se ejerce. 

¿Fue eso lo que ocurrió con lo que se denuncia que hizo la diputada de Revolución Democrática? Aún no hay claridad al respecto; sin embargo, nunca es tarde para surfear en cierto espíritu que alimenta el discurso de las nuevas generaciones, particularmente progresistas, que parecen no comprender que ser un grupo de poder no es algo malo de lo que se deba escapar tratando de darle cierta simpleza, ni menos relativizando las consecuencias de lo que se hace. 

¿No hay un poco de eso en tratar de usar influencias para resolver un tema personal? ¿No hay un poco de banalización del cargo al no tomar las precauciones correspondientes? Es un asunto que vale la pena preguntarse. 

Se podrá argumentar que es un asunto transversal y que afecta a toda la llamada “clase política”. Y claramente debe haber un comportamiento similar en otros lugares de la geografía política; no obstante, eso no puede evitar que juzguemos políticamente una especie de adolescencia tardía en ciertos integrantes del Frente Amplio, quienes piensan el ejercicio de lo público como un acto estudiantil. Como un gran viaje de estudios.

El frenteamplismo tiene un problema que parece necesario resolver, y es su incomprensión de que el cargo que ejercen muchos de sus integrantes en el Congreso está lleno de flancos abiertos desde el día que lo asumen. Un puesto de poder de representación popular se sostiene no sólo en los sueños de emancipación futura que dicen alimentarlo, sino también en el respeto presente de ciertas normativas implícitas.

¿Por qué esta columna no relativiza esta acción ni culpa a la derecha de lo que siempre ha hecho? Simple, porque al menos en los sectores conservadores se tiene conciencia de lo que se es y lo que se ejerce, sin pudor alguno. Acá, en estos lugares, en cambio, parece haber una relación ambigua con el poder. Hay un progresismo que lo ve como algo sucio, lejano, y esa misma mirada los lleva, como Orsini, a no tener prolijidad al momento de ejercerlo. Porque parece que aún no sabe que no es parte de una generación simpaticona de la “nueva izquierda”, sino parte del oficialismo y de quienes hoy gobiernan el país. 

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Francisco Méndez
Analista Político.

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