Opinión

¿Lucran quienes producen arte?

Esos jóvenes viejos creen que la Universidad (…).

Les da rango social y el arribismo social, caramba, qué dramáticamente peligroso, les da un instrumento que les permite ganarse la vida en condiciones de ingresos superiores a la mayoría del resto de los conciudadanos.

SALVADOR ALLENDE GOSSENS, UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA (1970).

Hace poco conversé con Tichi Rioseco Del Corcho –reputada y respetada académica–, quien a pesar de sus apellidos y credenciales, cobra baratito por servicios de curadora y otros asuntos afines: $150.000 por 500 palabras. Algunos dirían: “¡Mucha carne para tan poca gata!”; otros golosos replicarían: “No sabes nada de arte contemporáneo, ella se está autoprecarizando: yo cobro mínimo 500 lucas”.

Más allá de juicios morales que no vienen al caso aún: ¿Hay un punto medio o fuera de esos polos opuestos, donde puedan congeniar los entendidos y también quienes (arbitrariamente) hemos sobrado en ese debate? ¿Por qué es necesario que el Estado sea el principal financista del arte chileno contemporáneo, cuando la mayoría de sus trabajadores –y algunos empresarios– nos comportamos como si estuviéramos fuera de sus límites?

Por definición moderna, arte y lucro son indisociables: aunque con letra chica. ¿Cómo capitaliza el arte, esos bienes entregados tanto por la naturaleza como por la cultura, incluyendo a seres humanos que producen oficios “menores”? Generando plusvalías: económicas y simbólicas en todo orden de cosas. Un artista profesional sabe que los cachureos que pilla en la feria valen callampa sin estar firmados; con su nombre: idealmente respaldado con una trayectoria académica sostenida y todavía en curso, pasajes al extranjero,  menciones en prensa y reconocimientos de sus pares y “superiores”.

El rubro y “los socitos”

Esos apenas 6 eslabones de toda la cadena de producción necesaria –y mucho más amplia– para la circulación del arte contemporáneo, incluso más allá del neoliberalismo, estando dentro de ese sistema, ya requieren una tracalada de profesionales y otros trabajadores de oficios que deberían ser equivalentes en su remuneración: implican tiempo y obra entregada; aunque nunca faltan los sacadores de vuelta que pasan por caja antes, y arrancan sin dejar toda su pega comprometida. ¡Cómo corresponde a cualquier trabajador sin ínfulas empresariales, por los anteojos del Presidente Allende!

Veo allí, cuando hay tanta queja gremial que a veces es razonable, y otras veces lo es tanto como peleas de bar porteño –se dejan caer desde el peluquero, hasta “el chiquiturri” y otros pelafustanes–, que el chancho está mal pelado. Si la cadena de producción es más amplia que esos  eslabones, y aunque con dificultad, el arte chileno se ha podido modernizar en el contexto hostil de la vía chilena al neoliberalismo (con cachapas y Cuba libre), debería haber trabajo y dinero suficientes para todas y todos los trabajadores que laburamos en el rubro.

Pero como es un oligopolio –somos pocos, y nos conocemos hasta el olor a mortadela lisa–, empujado con violencia directa y simbólica por un mercado completamente desregulado, ñéclitamente sostenido por una pésima Ley de Propiedad Intelectual, se presta para vivarachos que conforman Personas Jurídicas o Sociedades de Hecho, con fines de lucro; de aquí en adelante: “los socitos”. Los socitos confunden al Estado con su propiedad privada y son capaces de afanarse recursos hasta para corchetearse las guatas, queriendo pasar piola cuando todas y todos (pero para callado) los tenemos cachados.

¿Quién dijo que todo está perdido?

Aunque los socitos simulan andar cagados de plata para tomarse hasta el agua de los espejos del Palacio Presidencial –juran de guata que no los están mirando–, afortunadamente todavía quedan varios artistas, y algunos curadores, que siguen haciendo bien las cosas, a pesar de tener el fundo en bandeja para chorearse hasta murales patrimoniales de comunas donde el arte contemporáneo todavía ¡y menos mal!, no ha penetrado en el mal y winner sentido empresarial.

Es el caso de la producción medial y visual de sitio específico, firmada por Nicolás Miranda: artista Licenciado de la desaparecida pero no extinta Universidad ARCIS, quien el año pasado causó revuelo mundial al hincharle las pelotas del Rey de España en su propio terruño peninsular. Miranda, como buen artista profesional que no es amigo de lo ajeno, ha conformado Sociedades de Hecho donde quedan prohibidos los socitos (gente muy ignorante). Miranda sabe cuanto cuesta lo suyo y también lo de sus colaboradores: paga a contraentrega y con adelantos si la trabajadora o trabajador lo solicitan.

La metodología de trabajo de Miranda ha sido fruto de su experiencia: como a todos, lo han basureado, y tratado de basurear: en ese rubro y en otros.  Sin embargo, el artista es un porfiado empedernido que todavía cree en su futuro y el de sus pares. Por lo mismo: abarata costos de inversión en materiales perdurables, para destinarlos a pagar gastos operacionales de sus colaboradores. Al final, y solo si hay ganancias, este buen muchacho pasa por caja; como si no fuera poco: además invita a comer y curarse como corresponde.

Cuenta la leyenda, previo al Estallido Social, en un bar cuyo nombre no puede revelarse –imaginemos que es una cantina polinésica–, que el artista quiso agasajar a su compadre Guillermo Machuca. Iba todo bien, hasta que apareció “el Carloncho”: propietario y barista del boliche atendido por su propio dueño; de la misma forma que Don Piñi quiso gobernar hasta que le salió el tiro por la culata.

Lo mismo ocurrió cuando el Carloncho se quiso pasar de listo, ¡más encima a la tercera, después de sacarle la madre, el padre y hasta el perro que le ladre al artista!. Ipso facto, el patroncito se ganó un buen disparo de ají crema en el ojo derecho: dicho órgano no le servía para entender el arte chileno contemporáneo como debe ser. Como Miranda es punk, pero piadoso, se reservó el derecho a quitarle la vista temporal del otro globo ocular: ese si sirve para contemplar arte (el otro es para Vivienda y Decoración, en otro medio de difusión).

Le pagó lo comido y lo bebido en efectivo, no volvió más al inefable lugar. Lo conversado y lo bailado no se lo quita nadie.

Él y ellas vienen a ofrecer sus corazones

No hay para que recordar las tallas pesadas que le tiramos al Presidente, después de decir en debate televisado por Cadena Nacional: “Está avisado”; aludiendo a un finado, entonces vivaracho. Eso ya fue. Afortunadamente, Boric está haciendo las cosas bien, y a través de lo que mejor sabe hacer: el uso de la Palabra, como nuestro entrañable mártir mencionado en el epígrafe.

No hay herederos “naturales” aquí: eso es para los socitos, que Allende también despreciaba, aunque con más ahínco que Boric. Lo que es evidente, es la voluntad de palabra y por escrito del Presidente de la República, al traspasarle sus ideas bienintencionadas a las Ministras del Trabajo y las Culturas, que han dejado claro que a los socitos no les queda tanta comilona como quisieran. Eso, a través del impulso de proyectos legislativos urgentes: sueldo mínimo de $500.000 a 40 horas; además de la primera Ley de Artes Visuales del país.

La segunda iniciativa, que no tendría necesariamente que denominarse “Ley Balmes” –al pintor, también finado, le habría incomodado– fue anunciada públicamente en la Ceremonia de Premiación de Artes de la Visualidad, por la Ministra Carolina Arredondo Marzán en persona. Junto a su compromiso de palabra y por escrito, el evento tuvo balance positivo: los galardones de la convocatoria que reabre los Premios Antonio Quintana, Rodrigo Rojas De Negri y Carmen Waugh, les fueron otorgados a Julia Toro, Nicole Kramm y Luis Alarcón López.

Las últimas dos menciones concedieron entrevistas en exclusiva, y antes de la ceremonia, en el matinal de nuestro medio de difusión: LA VOZ DE LOS QUE SOBRAN (LVQS). Particularmente emotivas fueron las palabras de Nicole Kramm Caifal, joven y bien enterada fotógrafa oriunda de la comuna de La Pintana, cuando en conversación con Daniel Stingo, Alejandra Valle y Hassan Akram, se refirió a unos frívolos que beben espumante mientras contemplan imágenes de la miseria que no conocen.

¿Quién dijo que todo está perdido, si a los socitos se les está acabando la fiesta? ¡Que se dejen de joder con el Museo que NO ES SUYO, mejor será!

Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente la visión de LVQS.

Sobre la autora / el autor
Antonio Urrutia Luxoro
Escritor y crítico cultural.

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