La Red lo entendió todo
En una época donde lo que se dice ser está lejos lo de lo que realmente se es, el canal encabezado por el periodista Víctor Gutiérrez entendió que lo que explotó en octubre del 2019 fue algo que el relato transicional que lo creó ya no podría contener.
Escandalizarse muchas veces con lo que siempre nos hemos escandalizado parece una nueva forma de mirar la realidad. Algunos quieren que los vean gritando y decir la frase más condenatoria, la más dura, la más ruidosa para que no los tilden de tibios, de amarillos o de no haber visto lo que vendría. Esos apelativos se han transformado en un insulto casi grosero para quienes exhiben una uniformidad de pensamiento que dice ser diverso.
Cuando alguien osa en instalar una pregunta sobre las certezas, de inmediato es mirado curiosamente por un grupo de gente que no quiere pensar sola y que teme estar cometiendo un delito verbal al no repetir lo que se está repitiendo en la sensación ambiente. Según dicen, ese sería el nuevo Chile, aquel en el que ni el sarcasmo ni la pequeña broma soterrada tienen cabida en un coro de personas que se perciben como justicieras y portadoras de una buena nueva.
Los más críticos desde la derecha dirán que lo mencionado es propio de la izquierda. Para ellos toda esta corrección y esta obsesión por visibilizar las particularidades que nos diferencian sería patrimonio de un sector revolucionario que viene a cambiarlo todo. Pero lo cierto es que no es tan así. El nuevo progresismo es producto de un mercado que desdibujó la línea entre el ciudadano y el consumidor.
Actualmente no hay una ciudadanía que se mire realmente como un cuerpo único y colectivo. Por el contrario, la discusión pareciera ser comandada por gente a la que le resulta más interesante que su identidad pase sobre la del resto, casi como un gesto de identificación personal que aplasta lo común. Y es, sin lugar a dudas, el resultado de lógicas en que la individualidad está por sobre el individuo como sujeto de acción y miembro de una sociedad.
Esto lo ha sabido leer como nadie La Red. En una época donde lo que se dice ser está lejos lo de lo que realmente se es, el canal encabezado por el periodista Víctor Gutiérrez entendió que lo que explotó en octubre del 2019 fue algo que el relato transicional que lo creó ya no podría contener. La despolitización del pasado hizo que los conflictos de cada identidad reventaran con furia y con ganas de que hubiera alguien que les diera la razón, que las acogiera luego de años en que la idea del “todos somos culpables de todo el pasado” no les dejaba espacio para ser víctimas.
Gutiérrez y La Red comprendieron que entre los que se sentían marginados por ese discurso político no estaban solo quienes se definían como de izquierda. También había una derecha gritona que, aunque defienda lo sucedido en los últimos treinta años, cree que el oficialismo derechista, con el que no piensan muy diferente en lo fundamental, ha cedido en cuestiones fundamentales para ellos y los abandonó. Y esta emisora, aunque su programación diaria les parezca casi marxista, fue la única que los cobijó poniendo a Checho Hirane en televisión.
Pero eso no es todo: al transmitir una programación donde La Batalla de Chile va después del programa del humorista lo que hace es demostrar que sabe que, sin importar cuáles sean las ideas que se digan profesar, lo que se quiere en pantalla hoy es a los que digan “las verdades”. Los que dicen lo que “nadie quiere decir”, aunque muchos otros lo digan, son los que en estos días crean confianza entre los televidentes. Los que generan adoración por el tono en que las dicen más que por su contenido.
Cualquier cosa que huela al temeroso balbuceo transicional es vista con sospecha y desprecio. No solo por lo que se dice, sino por cómo se dice, por cómo suenan en las bocas de unos ciertas aseveraciones o advertencias. Porque ya no hay tiempo para advertir, para ser cauteloso, ni para vestir de prudencia nada. Todo, en cambio, debe ser una fiesta en que la música sean los quejidos, la indignación ancestral o de hace un par de días. No importa el tiempo que se alberga cierta molestia. Ahí está La Red para escenificarla.
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