La pandemia sanitaria y la pandemia política

Foto: Agencia Uno

Los confinamientos sucesivos, más adelante prolongados, rompieron las comunidades organizadas. La reclusión de adolescentes y jóvenes, anuló sus presencias públicas y promovió la soledad mediante acompañamientos virtuales. Los estudiantes siempre vanguardias de todos los tiempos, pasaron a la retaguardia. La televisión abierta, antes en una caída severa, retomó su rol mediante la obligatoriedad puertas adentro.


                         

Me parece asombroso que los analistas políticos o los comentaristas o los especialistas no hayan considerado el COVID como una de las causas primordiales del escenario social, demasiado complejo, por el que atravesamos.

Este próximo domingo experimentamos la remota y yo pienso nula posibilidad de que el gobierno completamente deteriorado de Sebastián Piñera, pueda reelegirse esta vez encabezado por un “ultra-ultra”.

Pero hay que pensar en este candidato, entre otras materias, autoritario, adherente de Pinochet (férreo defensor del 20% del rechazo Constitucional), fóbico con las mujeres. Según él, el comunismo es más tolerable que el feminismo, tenaz ofensor de las minorías sexuales, neoliberal extremo, destructor de Estado mediante despidos multitudinarios de empleados públicos y la desaparición de Ministerios. Represor a través de la intervención activa de las Fuerzas Armadas. Antiecológico, promotor de prisiones salvo para empresarios coludidos. Falso profeta de la paz social. Maníaco de un “orden” indeterminado. Insisto en algunas de las características que lo habitan y habitan a sus seguidores, más allá de su interesada impostura en cada una de sus creencias.

El neoliberalismo chileno, experimenta una crisis y quizás un ocaso visible, lo que es perceptible aun para el voraz empresariado que no ceja en su decisión acumulativa. Fue la crisis del modelo económico la que “estalló” y, en medio de constantes atropellos de derechos humanos, apenas unos meses después “estalló” la enfermedad.

En dos años el escenario social se dio una vuelta considerable. Desde el 80% del rechazo a Pinochet, hasta perder la mayoría en las Cámaras y a elegir al candidato más “ultra” del que tenemos noticias. ¿Qué pasó? Desde mi perspectiva: lo que pasó entre un estado político efervescente, signado por el ímpetu emancipatorio, fue el Covid.

Las muertes y la violencia médica-Mañalich produjeron una eclosión sanitaria. Llegamos a ser el cuarto país con más muertos en el mundo. Se desencadenó así el miedo a la muerte como condición primordial. Se dejó caer un agudo  disciplinamiento. Los confinamientos sucesivos, más adelante prolongados, rompieron las comunidades organizadas. La reclusión de adolescentes y jóvenes, anuló sus presencias públicas y promovió la soledad mediante acompañamientos virtuales. Los estudiantes siempre vanguardias de todos los tiempos, pasaron a la retaguardia. La televisión abierta, antes en una caída severa, retomó su rol mediante la obligatoriedad puertas adentro. Allí, se produjo, entre el aislamiento y las imágenes, la conversión del estallido en mera delincuencia. El miedo se duplicó en una población ya muy afectada.

El colapso político de la derecha, consagrado a la acumulación de riqueza y agendas con matices liberales, se fracturó. Esa derecha, muy afectada se parapetó tras su candidato “ultra” y se sometió a una regresión UDI-pinochetista, plena de valores arcaicos fundado en la “patria”, en la familia heterosexual y en el paternalismo limosnero  y religioso de la hacienda colonial.

No se trata de negar la hegemonía que históricamente mantiene la derecha. Menos de obviar los prolongados errores de la centroizquierda neoliberal que generaron su propia autodestrucción. Hay que reconocer el desconocimiento y la falta de inmersión del Frente Amplio, en la calle popular de los diferentes territorios. Esa calle popular que Izkia Siches se ha volcado con sabiduría a reparar mediante el reconocimiento. Pero, insisto, desde mis perspectiva, hay que considerar la ecuación pandemia-confinamiento-miedo-muerte como un elemento fundamental en una ciudadanía ya muy afectada por duelos y manipulaciones múltiples, para entender con más claridad esta situación.

No pienso que sean “Chilezuela” o “comunismo” los ejes que mueven los votantes del candidato “ultra”. Estos argumentos son demasiado grotescos. Más bien pienso en procesos de disciplinamientos y aislamiento a partir de la enfermedad, en la colonización de los imaginarios de las mujeres y disidencias sexuales invadidos por fuerzas que le son adversas. Pienso en la existencia del machismo popular.

Pero ahora mismo pienso en la parte multitudinaria de la ciudadanía que no votó. Especialmente en los jóvenes. Y pienso que van a salir, este domingo, a ejercer el sufragio por Boric como signo de un nuevo rechazo a este candidato “ultra”. Un personaje que junto con su pasión por la riqueza, habita en un mundo feroz,  con su mente alterada, plena de valores  inexistentes. Negacionista.

Afirmó: “Si Pinochet estuviera vivo votaría por mí”

Lo aseguró porque la antigua sombra de Pinochet es su máximo referente.

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